Solo una fan #9 No es asunto tuyo #2
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#9 No es asunto tuyo #2

—¿Has visto las noticias de hoy? —pregunto resollando. ¿Por qué no para de andar?

—Paso de las noticias.

—¿Puedes parar un momento? —Consigo frenarlo alargando el brazo y tirando el suyo. Noto su piel caliente bajo mi tacto, y unos músculos tan duros como los imaginaba al verlos en los entrenamientos.

—Si llego tarde, me como dominadas. Así que no, no puedo parar.

—¡¿Qué hacías ayer en el hospital?! —Mi pregunta, formulada a un volumen demasiado alto, lo retiene.

—¿Qué?

—¡Está en las noticias! Fotos tuyas saliendo del Saint Jude —consigo decir en cuanto recupero el aliento.

—Eso no es asunto tuyo.

Su sonrisa ha desaparecido, y no sé qué pensar al respecto, salvo que, lo que fuera que hacía en el hospital, no es una broma para él.

—Lo es cuando están hablando de ti y del equipo. ¿Tienes alguna lesión? —Lanzo la pregunta más importante.

—Lo dice la experta en esconder lesiones...

Hago oídos sordos a su acusación, porque no tengo tiempo para ello.

—¿Entonces qué hacías allí? —intento de nuevo.

—Ya te he dicho que no es asunto tuyo —me repite—. Hasta luego, jefa —Me hace el saludo militar y vuelve a caminar.

—Por favor, para. —Lo sujeto del brazo una vez más, pero no aparto mi mano cuando consigo hacer que frene. Es McKillen, alcanzándonos, quien me hace retirarla rápidamente.

—¡Eh, Nora-Bora! ¿Todo bien?

—¡Hola! —digo sorprendida. —Sí, todo bien.

El quarterback pone el brazo sobre los hombros de Tyler.

—Si te da problemas me llamas. Hay quien está deseando darle una patada en el culo y solo necesita una buena razón.

Me río brevemente a pesar de mis nervios. O puede que precisamente por ellos.

—Lo tendré en mente —le aseguro.

Mi respuesta consigue hacer que McKillen siga su camino, y suspiro aliviada al ver que Tyler no ha aprovechado la ocasión para escabullirse.

—¿No puedes decirme lo que hacías allí? —pregunto con una voz más calmada.

—Oh, claro que podría, pero no pienso hacerlo, Nora-Bora . —Tyler regresa a su juego de molestarme tanto como puede, y yo a desear hacer desaparecer esa sonrisa tan perfecta que me muestra.

—¿Puedes al menos decirme si tienes alguna lesión? Tengo que sacar un comunicado y no quiero mentir a los aficionados si puedo evitarlo.

—¿Y qué más da si dices una mentira? Es lo que hacen todos los medios.

—Bueno, nosotros no somos «todos los medios», y prefiero ser leal a nuestros seguidores. El comunicado es para ellos, no para los periódicos. Hay gente que se va a preocupar por ti, o por el equipo, y mientras tenga que escribirlo yo, me gustaría que fuera lo más sincero posible.

Los ojos de Tyler se han ido entrecerrando a medida que hablaba, y sus cejas uniéndose, por lo que no estoy muy segura de si lo estoy convenciendo, o todo lo contrario.

—No tengo ninguna lesión —confirma después de un momento.

Me quedo bloqueada durante un momento, porque por fin he conseguido algo de él sin necesidad de dar voces ni amenazarlo. Casi me dan ganas de saltar.

—¡Eso me vale! ¡Gracias! —digo, incapaz de esconder mi repentino buen humor antes de darme la vuelta y perderme por el pasillo.

La mañana ha sido frenética. Me consuela que por lo menos no soy la única sufriendo, y que el entrenador Taylor habrá estado apretando al máximo a Tyler.

Tras publicar el comunicado y responder a todas las llamadas de los medios junto a mis compañeros, la cosa se ha calmado y puedo seguir con la segunda parte del plan para restaurar la confianza en Tyler.

Me he acercado con Chris, el videógrafo del equipo, al campo de entrenamiento.

Vamos a publicar un vídeo en el que se vea a todos entrenando.

A Tyler también, aunque sin darle el protagonismo único que ahora todos los medios le están proporcionando.

Quiero demostrar que no hay nada especial en él, y que todo ha sido un malentendido.

Así que grabamos a unos cuantos durante sus ejercicios.

Por supuesto, hemos escogido ángulos donde Tyler sale en el fondo de la imagen, por detrás de otro jugador, porque sé que los aficionados van a buscar hasta la más minúscula pista que pueda denunciar un engaño por nuestra parte.

Esta vez he decidido guardar mi teléfono en el bolsillo y concentrarme en las jugadas que están haciendo.

Con un moratón cubriendo la mitad de mi cuerpo tengo suficiente.

Me sujeto el costado mientras lo pienso.

Ha pasado del morado al amarillo, y ya no me duele constantemente; únicamente cuando me levanto y me siento, por lo que conducir o irme a dormir es un suplicio para mí.

Espero que quede poco para que se recupere por completo.

—¿Por qué no me dijiste nada? Del golpe.

Me doy la vuelta sorprendida al escuchar una voz a mis espaldas, y me encuentro con Tyler frente a mí. Tiene el pelo húmedo, aunque en esta ocasión no ha sido cosa mía. Hace mucho calor en el campo y he visto cómo todos aprovechan para mojarse en los cortos descansos entre jugadas.

—Porque no es asunto tuyo —le doy la respuesta que me dedicó él por la mañana. Lo he dicho más seca de lo que debería, pero su camiseta empapada y pegada a su cuerpo me dificulta la concentración. No sé si se ha percatado de mis ojos bailando sobre su ropa, a pesar de mis intentos por evitarlo.

—Creo que haberlo hecho yo lo convierte en asunto mío —me dice con dureza—. ¿Es porque sigues pensando que soy un cabrón?

—Yo no pienso… —comienzo a discutirle hasta que me interrumpe.

—Pensaba que no te gustaba mentir, jefa. ¿O a mí sí?

Sus ojos tienen los míos aprisionados y no sé cómo salir de ahí. Finalmente doy un paso atrás para darme la oportunidad de respirar. O de, al menos, dar una bocanada de aire.

Cuando vuelvo a mirarlo, sus ojos recorren mi cuerpo, desde mi cara hasta mi costado, del que separo rápidamente mi mano. Por cómo se endurece su gesto, casi parece que le afectase de verdad verme malherida, aunque sé que es imposible.

—¿Estás usando la pomada? Te dejé un tubo en tu mesa.

Me quedo por un segundo paralizada. Sabía que él o Nate lo habían hecho, pero Tyler tiene una forma de decirlo que me genera un cosquilleo en el pecho.

Como si realmente se preocupara por mí, cosa que sé que es estúpida.

Porque estamos, literalmente, discutiendo en este momento, entre otros motivos.

—Sí, ya lo he visto, y voy a devolverlo en cuanto saque un momento —le digo.

—¿Por qué? Deberías cuidarte eso.

— Eso , no es nada. Y, además, ya estoy usando la que tengo en casa. La que tú me has dejado, en cambio, me ha traído bastantes problemas.

El silencio de Tyler, junto con su cara de circunstancia, me hace entender que no está pillando por dónde voy.

—Nate lo apuntó en tu registro y se ha filtrado. Junto con las fotos del hospital…

Sacudo la cabeza levemente mientras espero a que ate los cabos.

—Ya veo… —dice con la mirada en el césped frente a nosotros, perdiéndose en unos pensamientos que nunca conoceré.

—No te preocupes —intento quitarle importancia—. Hoy subiremos imágenes del entrenamiento para que se vea que no tienes ningún problema, y tu secreto del hospital seguirá a salvo.

En ese momento se olvida del campo y vuelve sus ojos hacia mí, al tiempo que su sonrisa aparece, iluminando su rostro. De pronto he olvidado lo que he dicho, o el motivo por el que se siente feliz.

—No te lo voy a contar —me dice, de un incuestionable buen humor. Cosa que me descoloca todavía más. Pero ya me he dado por vencida con él. No lo entiendo en absoluto. Así que suspiro resignada.

—Sí, eso ya me ha quedado claro.