#9 No es asunto tuyo
NO ES ASUNTO TUYO
El sonido de mi móvil al vibrar sobre la mesa se funde con el del microondas que calienta mi café.
Sería hasta relajante, como un ruido blanco, si no fuera por el estrés que llevo encima.
Aparte de todas las tareas diarias que mi trabajo conlleva, tengo que seguir con la investigación del sobre anónimo de Tyler, pues aún no sabemos quién lo dejó en el vestuario.
Sostengo el teléfono y abro el mensaje por inercia.
Ni siquiera me doy cuenta de que el remitente es un número oculto.
Una vez abierto, salta una imagen en mi pantalla.
Se ve a Tyler con una gorra, y estoy bastante segura de que la ropa es la que llevaba ayer, porque me fijé más de lo que debía en cómo la camiseta gris con el logo de los Stallions en blanco y rojo se ajustaba a su cuerpo.
Pero me olvido de su ropa y me concentro en lo preocupante de la foto: se la han sacado saliendo del hospital. Amplío su cara, y no me parece ver ningún gesto de dolor o molestia en él. Estudio después el resto del cuerpo. No hay vendas ni nada parecido. ¿Qué hace allí?
Tampoco entiendo por qué alguien me manda esa foto, aunque mis manos temblando empiezan a hacerse una idea.
El mensaje que recibo un segundo después termina de confirmar mis sospechas.
Número oculto:
¿Qué crees que oculta?
El microondas pitando hace que dé un salto en mi sitio.
Dejo el teléfono sobre la mesa y me dirijo a la encimera, haciendo caso omiso a la falta de aire que se hace patente en mi pecho.
Saco mi taza de café y casi me lo tiro encima al ser incapaz de controlar el temblor de mi cuerpo.
Apuesto a que a Tyler le encantaría verme con la camiseta manchada de café otra vez.
—¡Nora! ¿Lo has visto ya? —Andrew, mi compañero de marketing y comunicación, aparece en la cafetería y, por cómo resopla, se ha debido dar una carrera hasta aquí.
—¿Me lo has mandado tú? —pregunto nerviosa mientras dejo el café en la mesa. Estoy segura de que voy a terminar tirándomelo encima.
—¿El qué? —me mira extrañado por un segundo, pero pasa por alto mi pregunta para darme su noticia—. Han pillado a Kelscot saliendo del hospital. Lo han sacado en Game On .
Andrew se acerca hasta mí y me enseña la noticia en su teléfono.
Eso es todo lo que necesito para terminar de tirar el café cuando estaba a punto de cogerlo.
Me olvido del desastre que acabo de provocar y busco mi móvil.
No tengo ninguna llamada de Patrick Crawford, mi contacto en ese periódico, lo que no me tranquiliza.
Suele llamarme antes de publicar sobre los Stallions y, en esta ocasión, no lo ha hecho.
—Ah, ya lo sabías —me dice mi compañero al ver la imagen de Tyler en mi pantalla.
Sin siquiera mirarlo, le quito su teléfono de las manos y empiezo a leer la noticia.
Tyler Kelscot ha visitado el Hospital Saint Jude.
Todo es muy hermético y nadie quiere desvelar el motivo de su visita.
No han encontrado ningún paciente con sus apellidos, por lo que me asalta la misma pregunta que al reportero: ¿estará ocultando alguna lesión?
Es normal que todos piensen eso, especialmente si el hospital está siendo tan reservado con la información como el periódico asegura.
Me quedo petrificada cuando veo el siguiente párrafo, en el que se menciona la misma pomada que me estoy echando yo en mi moratón gigante.
Según el periódico, se la lleva dando desde hace semanas, aunque ya sé cómo suele exagerar Patrick sus noticias de actualidad.
Acostumbra a aderezar todo con un poco de elucubración.
Y estoy segura de que están hablando del tubo que he visto hoy en mi mesa, al llegar esta mañana. No sé quién lo ha dejado allí, pero algo me dice que es al que se refiere la exclusiva.
No termino de leer la noticia, pues mis nervios me impiden seguir. Le devuelvo el móvil a Andrew y recupero el mío.
Encuentro el contacto que busco y marco. Tarda menos de un segundo en descolgar.
—Patrick Crawford, ¿de qué va esto? —salto molesta antes de saludarlo.
He debido dejar bien claro que no estoy para formalidades cuando él tampoco me saluda, y empieza a defenderse.
—¡Lo siento! ¡Tenía que sacar la exclusiva antes que nadie!
—¿Quién te ha mandado las fotos? —pregunto de mal humor. No tengo tiempo ni ganas de andarme con rodeos.
—Un anónimo. No sé quién es.
—¿Y decides publicar antes de confirmar conmigo? —Estoy a punto de soltar sapos y culebras por la boca, a pesar de que mi tono demuestra una calma que no siento—. ¿Y de dónde has sacado lo de la pomada?
—¿Es una información errónea? ¿Puedes confirmarme que no se la han suministrado? Porque me han dicho que está en su registro.
—¿Te han dicho? ¿Quién? ¿Con quién estás hablando? —No dejo de soltar preguntas, aunque sé que nunca delataría su fuente.
—Venga, era para confirmar lo de la pomada. Sabes que siempre hablo contigo.
—Bueno, pues parece que esta vez se te ha olvidado —le espeto, dejándole ver mi enfado.
—Ya te he dicho que tenía que hacerlo rápidamente. Luego si eso corregimos la info…
—... pero la historia hay que contarla, sí —termino la frase que me dice en cada una de sus llamadas. Esta noticia me va a traer más trabajo del que merezco.
Antes de despedirme de Patrick, le hago prometer que va a avisarme si planea sacar más mierda de mi equipo. Me gustaría añadir que especialmente de Tyler, pero prefiero no poner el foco sobre él.
Lo que me preocupa es que recibí la foto minutos antes de que se publicara la noticia, así que me queda pensar que el anónimo del periódico es también el acosador de Tyler. Es decir, además de hacer fotos, las manda a los medios.
Según cuelgo, Matthew cruza las puertas de la cafetería. No me hace falta que diga nada para saber que está contrariado. Únicamente sus ojos, mirándome como lo hacen, me bastan.
—¿Has visto la noticia de esta mañana? —Habla tan alto que parece gritarme.
—Sí, justo hablaba con el periódico—le informo, sabiendo que sirve de poco. La bronca está a punto de llegar.
—Nora, tienes que adelantarte a estas cosas. ¿No tienes contactos con los medios? El comunicado debería estar ya —me apremia, cosa totalmente innecesaria. Mi agobio me tiene trabajando más rápido de lo normal.
—Lo sé, estoy en ello —es todo lo que puedo decir.
El teléfono de mi jefe suena en su mano, liberándome de lo que sería un largo sermón. Por suerte, se despide con la otra mientras se lleva el móvil a la oreja.
Por un momento, permanezco quieta en el centro de la cafetería.
No hay nadie más allí, pues Andrew se marchó en cuanto empecé a hablar con Patrick, así que me permito un minuto de calma.
Una calma falsa que anuncia tormenta, porque esta noticia va a convertirse en mi infierno personal durante las próximas horas.
Luego, nadie se acordará, pero este mal trago tendré que pasarlo.
Vuelvo a mirar la pantalla del móvil y busco a Tyler entre mis contactos.
Como era de esperar, no contesta. Al menos, esta vez no me ha colgado.
Regreso a mi puesto de trabajo y me pongo a escribir el comunicado en mi ordenador, aunque sé que no podré publicarlo hasta que hable con él.
Sin embargo, no dejo de hacerme las mismas preguntas que el reportaje. ¿Por qué fue al hospital? ¿Y por qué no me ha dicho nada? ¿Y cómo lo sabía el anónimo?
No sé si con este acosador será suficiente con bloquear sus mensajes, porque ha demostrado actuar activamente para torpedear la carrera de Tyler, y, en el camino, a los Stallions. Lo peor es que, en el fuego cruzado, me ha caído más trabajo del que esperaba.
Termino de redactar la declaración en apenas unos minutos. Estoy más que acostumbrada a hacerlas, aunque si no hubiera estado tan distraída con las preguntas incesantes en mi cabeza, habría acabado mucho antes.
Echo un vistazo a mi móvil. Tyler no me ha devuelto la llamada, y, la verdad, no las tengo todas conmigo de que vaya a hacerlo. Así que me levanto para dejar el comunicado reposar. Estoy muy nerviosa y no me veo capaz de esperar sentada. Necesito hablar con él y que me diga qué está pasando.
Salgo al aparcamiento justo en el momento en el que su nada discreto coche aparece. Algunos jugadores pasan por mi lado y me saludan mientras Tyler tira su vehículo delante de mí.
Apaga el motor y sale. Cuando me ve, su sonrisa se curva en su cara, y por un momento entiendo por qué a la gente le gusta tanto.
Obviamente no soy ciega a lo atractivo que es, pero es que, además, parece que acaba de salir de la cama, y a la vez de un sueño.
Su camiseta blanca se ajusta tan bien a su pecho como la gris de ayer.
Se echa su bolsa a la espalda y se coloca la misma gorra que lleva en las fotos que han estado atormentándome en la última hora; ahora, con la visera hacia atrás.
Le falta un golden retriever al lado para ser la imagen de algún anuncio de vida saludable.
—¿Me estabas esperando? —pregunta, desvaneciendo las ideas absurdas que empezaba a crear en mi cabeza. Por suerte, vuelvo en mí con la suficiente velocidad.
—¿Piensas dejar ahí el coche?
Él se gira a mirarlo, aparcado de forma que bloquea el mío, tal y como hizo días atrás.
—Sí, me gusta este sitio —me dedica la sonrisa enorme que no soporto.
—No es un sitio. Estás tapando mi coche —le digo.
—Si necesitas sacarlo me avisas. —Me guiña un ojo y sigue caminando hacia el edificio.
Sin embargo, voy a tener tanto trabajo hoy, que no creo que salga antes que él; por lo que luchar para hacerle mover el coche ahora sería una pérdida de tiempo, y tengo problemas más importantes que el idiota de turno molestándome por diversión.
Cuando me vuelvo hacia él, veo que casi está alcanzando el Complejo.
—¡Tyler! ¡Espera!
Consigo ponerme a su lado, pero él no frena ni aminora el paso, y con sus largas piernas, debo dar pequeñas carreras para mantenerme a su altura.
—Tengo entrenamiento —me informa del motivo por el que me tiene corriendo detrás de él.