Solo una fan #8 ¿Has ido al hospital?
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#8 ¿Has ido al hospital?

¿HAS IDO AL HOSPITAL?

Salgo del departamento de seguridad, y no sé ni cómo he llegado a abrir la puerta, con las manos cerradas en puños como las tengo.

Después de convencer a Norman para que me enseñara la grabación de las cámaras, hemos encontrado al cabrón que puso la foto en mi casillero.

Me habría importado una mierda la foto y quién la hubiera puesto, si no fuera por el agobio que tenía ella con todo el asunto. Y, al final, ha conseguido que termine hablando con el de seguridad.

Me muevo por los pasillos con una ira desmedida. Reconozco que no necesito demasiado para estar cabreado con él, pero si pretende chantajear a alguien con fotos, no va a hacerlo conmigo.

Entro al vestuario dando un portazo, haciendo que todo el mundo se calle al instante.

Únicamente se escucha la música de Zanovich, que siempre la tiene bien alta para motivarnos a todos.

En este momento, mi motivación está en romper una mandíbula.

Ignoro a todos cuando veo que el novato no está allí y me doy la vuelta, sabiendo exactamente a dónde dirigirme.

Nora lleva toda la mañana llamando a los jugadores para hacer entrevistas. A todos, menos a mí. Cosa que no me sorprende, aunque tampoco me gusta.

Según me acerco a la sala, puedo verla a través de la pared de cristal. Hoy su moño se mantiene intacto, como si se lo acabara de hacer. Y frente a ella está Kylen Blaze, con su estúpida sonrisa, como si fuera la noche de Navidad y ella su regalo.

La arquitectura de este edificio podría haberme estropeado la entrada dramática con sus paredes de cristal, pero están ensimismados el uno en el otro y no se han percatado de la cólera con la que me acerco.

Me lanzo contra las puertas y dejo salir toda mi rabia. Por una vez, he dado con uno de mis acosadores, y va a escucharme como lo han hecho los demás.

—¡Fuiste tú, cabrón! —Mi voz retumba en la sala mientras sigo dando grandes zancadas hacia él.

—¿Qué? —pregunta el muy cretino, con cara de susto. Ya ha dado varios pasos atrás, lo que hace que tenga aún más ganas de cazarlo.

—Tyler, ¡¿qué haces?! —grita Nora a mi lado, al tiempo que agarro a Blaze de su chaqueta vaquera. Estoy demasiado centrado en acabar con él como para responderle. Además, es bastante obvio lo que estoy haciendo.

—¡Tú pusiste el sobre en mi sitio! ¿Qué pretendes? —Lo zarandeo frente a mí.

—Joder, ¡¿qué haces?! —me grita mientras intenta librarse de mi agarre. Pero llevo siendo el tight end favorito de la NFL unos cuantos años, y eso no lo consigo con músculos de mierda como los suyos.

Si el novato quiere jugármela, voy a dejarle claro como acaba el juego conmigo.

Noto las manos de Nora sobre mi tripa sin fuerza suficiente para frenarme. Aun así, prefiero no arrollarla por segunda vez en una semana, por lo que detengo mi avance.

—¡Tyler, para! —me pide ella, más alto.

—¡El novato puso la foto! —me excuso.

—¡No sé de qué foto me hablas! —grita él, todavía tratando de liberarse sin resultado. Veo el miedo en sus ojos, y por fin le he borrado su estúpida sonrisa.

Cierro mis dedos con más fuerza sobre su pecho, acercándolo a mí.

—Te va a salir caro chantajearme, cabrón —mascullo entre dientes.

Estoy tan furioso que podría derretir su ropa ahora mismo únicamente con la mirada. Así que empujo suavemente a Nora fuera de mi camino, porque no quiero que reciba el golpe que pienso propinarle a Kylen.

—Tyler, ¡para ya! —grita ella de nuevo.

No tengo tiempo de contestar, pues unos brazos me cogen por la espalda, separándome del novato.

Finalmente, suelto su chaqueta y me dejo llevar por quien sea que me está arrastrando.

Cuando me giro, descubro al jefe de seguridad detrás de mí.

Levanta las manos en señal de rendición, como si me pidiera perdón por no dejarme reventarle la cara a Blaze.

En realidad, ha hecho lo que debía, solo que estoy demasiado enfadado como para decir nada.

Cuando vuelvo la vista al escenario rojo donde todo ha ocurrido, encuentro a Nora hablando con el novato. El fuego que tengo en mi interior parece avivarse, porque no debería estar a su lado, sino al mío.

Aún estoy resoplando, dando vueltas sobre mí mismo como un desquiciado, cuando casi choco con ella. Ha aparecido frente a mí, con su habitual cara de enfado.

—Él no ha sido, Tyler.

—No me digas, ¿te ha convencido con su sonrisa? ¡Lo hemos visto en las cámaras! —Señalo a Norman, que sigue cerca de mí, alerta por si se me vuelva a ir la olla.

Nora cierra la boca, apretando sus labios y, seguramente, mordiéndose la lengua de manera literal. Antes de que pueda responder, lo hace el jefe de seguridad.

—Ella tiene razón. Al irse tan molesto, seguí revisando los vídeos. El señor Blaze encontró el sobre en el pasillo. Únicamente lo recogió y lo puso en su sitio —nos explica a ambos.

—El sobre tenía tu nombre —me recuerda Nora, dejándome sin argumentos. Se cruza de brazos, cubriendo con una de sus manos su costado y esperando mi reacción.

Yo me alejo cabreado mientras pienso en lo que están diciendo.

—¿Quién lo dejó en el pasillo entonces? —pregunto.

—Ha pasado mucha gente, pero seguiré revisando —me dice Norman—. ¿Por qué es tan importante ese sobre?

—Es una foto que nos sacaron —responde Nora—. Creemos que podría habérsela dejado un acosador.

—¿Una foto de vosotros dos? ¿Juntos? ¿Cuándo?

Ella se cruza de brazos, y veo cómo sus dedos sujetan su costado de nuevo. No sé si es algún tic nervioso, dado que el tema de los acosadores le ha preocupado mucho desde el principio.

—Tuvimos un accidente en el entrenamiento del martes y acabamos los dos en el suelo. Alguien nos hizo una foto que parece lo que claramente no es.

Cuando termina de hablar, su cara está tan roja como el escenario a su espalda.

—Nora… —Uno de sus compañeros se acerca y se la lleva. Ambos hablan un momento y, después, ella se despide tanto de él como de Blaze. La sesión se ha pospuesto.

El jugador aparta la vista cuando se encuentra con la mía. Debería disculparme con él, pero he vuelto a quedar como el cabrón que Nora piensa que soy, y no estoy de humor para hacerlo ahora mismo. Ya lo haré otro día.

—¿Vas a darle la foto? —me pregunta Nora, volviendo a iniciar la conversación donde la dejamos.

—Creo que no. Queda genial en mi nevera —le digo con mi mejor sonrisa, la que no funciona con ella. Lo sé muy bien, porque se gira hacia Norman fingiendo que no existo.

—¿Puedo denunciar a alguien por tener una imagen mía sin mi consentimiento?

El jefe de seguridad la mira, luego a mí y de vuelta a ella.

—No soy asesor judicial, pero me temo que si no la publica, se lucra con ella, y no es nada íntimo… No hay nada que puedas hacer.

Antes de que acabe de hablar, mi victoria brilla en mi cara, a medida que la de Nora se tensa.

—Siempre puedes pasarte a verla —le ofrezco para molestarla, conociendo su respuesta.

—Ya. Voy a pasar, gracias —me dice mordazmente.

—Tú misma.

Hasta que el jefe de seguridad carraspea a nuestro lado, no me doy cuenta de que hemos estado aguantándonos la mirada. Está claro que no hay quien la achante, si bien eso no quiere decir que vaya a dejar de intentarlo.

—Bueno… —escucho a Norman incómodo—. Yo seguiré mirando las grabaciones. Si veo algo, os digo.

—Gracias, Norman —responde ella con una sonrisa. La que ha estado ocultando desde que llegué a la sala.

Vuelve a sujetarse el lateral de su torso mientras observa al jefe de seguridad alejarse.

—Ven conmigo —digo. Y echo a andar.

Me detengo unos pasos más adelante, al ver que no me sigue.

—Nora —la llamo.

—¿A dónde? —me pregunta molesta, sin moverse. Está claro que no le gusta que le den órdenes.

—Lo sabrás cuando lleguemos. —Empiezo a conocerla lo suficiente como para saber que si le digo a dónde la llevo, no va a venir conmigo.

Resopla detrás de mí y me sigue.

—¿Vas a decirme qué te pasa? —le pregunto después de un rato y varios pasillos recorridos.

—¿A mí? Eres tú el que me está arrastrando por el edificio sin darme explicaciones.

—Joder, lo orgullosa que eres… —mascullo antes de detenerme frente a nuestro destino.

—¿Perdona? —De pronto está tan enfadada que tengo ganas de reírme. Eso seguro que la irritaría aún más. Sin embargo, no hay testigos, así que no lo creo necesario.

—Entra —digo en su lugar, y abro la puerta a mi lado.

Ella no se mueve.

—O pasas o te llevo en brazos y te meto yo —la interrumpo.

—Ni te atrevas. —Casi veo el humo saliendo de su moño, de lo furiosa que se muestra.

Me agacho entonces hasta llegar a su altura.

—Levanto tíos de ciento veinte kilos como si nada. No sería un problema —la amenazo.

En cuanto me acerco a ella, noto su respiración cortándose. Pero solo durante un segundo. Luego, pasa por delante de mí y cruza la puerta.

—¡¿Qué quieres ahora?! —me dice a plena voz.

—Vaya humor, jefa —respondo, convirtiéndome en la famosa estrella adorada del equipo. Sé que se ha dado cuenta de mi cambio de tono, porque se gira a mirar a su alrededor.

—¿Nora? —Desde detrás de un biombo de telas blancas aparece el médico del equipo, Nate. Se limpia las gafas con la bata que lleva puesta y se las coloca sobre la nariz.

—¡Sí! —contesta ella rápidamente, tratando de recuperar el personaje de amabilidad que me tiene vetado.

—Le pasa algo en el costado —respondo por ella.

Nora se vuelve sorprendida hacia mí, como si no la hubiera visto abrazarse el lateral de su cuerpo tras el altercado de hoy. No recuerdo haberla empujado tan fuerte como para hacerle daño, aunque la forma en que se cubría me ha dejado dudando.

—No es nada, ¿vale? —me dice después de un momento.

Nate se sienta en un taburete con ruedas que tiene al lado de una camilla.

—Déjame echar un vistazo —le pide.

—Nate, no es nada, de verdad —trata de quitar hierro al asunto mientras se aleja hasta que se encuentra conmigo en la puerta. Permanezco apoyado en ella, con los brazos cruzados, como si fuera el lugar más cómodo del mundo.

—De aquí no sales hasta que te vea —le digo con mi talante más encantador.