Solo una fan #7 Un poco de estrés, nada más #2
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#7 Un poco de estrés, nada más #2

Procuro sonreír. Los acosadores son un mal recurrente en el mundo de la élite del deporte, y no quiero parecer una niña que no sabe ocuparse de sus problemas o de su trabajo, a pesar de que en realidad no tenga ni idea de qué hacer con ellos.

De pronto, he olvidado todo lo que me dijo Norman sobre protocolo ante acosadores.

—Déjame acompañarte hasta tu departamento —me pide, mostrándome su mano.

Su sonrisa vuelve a ser la de siempre, marcándole unos pequeños hoyuelos en sus mejillas, si bien sus cejas todavía muestran preocupación.

Estoy a punto de aceptar su propuesta cuando una sombra se cierne sobre nosotros. Al elevar la mirada, me encuentro con el gesto enojado de Tyler, pero esta vez no es conmigo con quien parece querer pagarlo.

—¿No tienes entrenamiento? —pregunta con dureza a su compañero.

En menos de un segundo, este retira la mano que me estaba ofreciendo y da un paso atrás, como si estuviera asustado. Por el gesto de Tyler, no me sorprende que lo esté.

—Sí, yo… —Me mira, y aprovecho el momento para sacudir con disimulo mi cabeza. No necesito que Tyler sepa que estaba muerta de miedo un segundo antes. Solo quiero salir de allí—. Estaba saludando a Nora.

—Vuelve a entrenar, novato. Ya me encargo yo —le dice, y casi parece que vaya a darle una patada en el culo.

Kylen se da la vuelta después de lanzarme una mirada de disculpa y se aleja.

—No necesito que nadie se encargue de mí —le suelto a Tyler cabreada cuando me giro hacia él.

Tan rápido como llegó, su gesto de odio desaparece, sustituido por su sonrisa de revista. Levanta su mano y me muestra un mando.

—Me refería a mover el coche de sitio. ¿O es que esperabas que me encargase de ti de otra forma? —me pregunta agachándose frente a mi cara.

Únicamente cuando se separa, riéndose por la nariz, me doy cuenta de que he estado conteniendo el aire. De hecho, me siento un poco mareada mientras lo veo andar por el pasillo, en dirección al aparcamiento, sin preocuparse de si lo sigo o no.

—¿Lista para la noche de…? —la voz de Susan se apaga en cuanto aparece tras la puerta de mi dormitorio—. Ostras, nena, ¿qué te ha pasado?

Yo suspiro, pero no me tapo. La pomada que me acabo de echar sobre el enorme moratón que cubre todo mi costado aún está húmeda, y prefiero disfrutar un poco de ese frescor sin tener que pringar mi camiseta.

Mi amiga se sienta a mi lado y se agacha para inspeccionar mi herida. Todavía lleva en la mano la bolsa enorme de chuches que habíamos planeado comernos esta noche, aunque, al paso que lleva, no sé si quedará algo para cuando empecemos la película.

—Tyler Kelscot es lo que me ha pasado…

—¡No jodas! —casi grita, alargando las vocales excesivamente. Por lo general, mi amiga evita decir palabrotas, así que me llama aún más la atención cuando se le escapa alguna—. ¿Entonces le va en modo salvaje?

Tiene los ojos tan abiertos que parece que se le van a salir de las órbitas, y yo tardo demasiado en entender lo que está pasando por su cabeza.

—Pero ¡¿qué estás diciendo?! —le grito de vuelta, levantándome escandalizada. No pienso hablar de ese tema, o de Tyler, mientras estoy en ropa interior en mi cama. A pesar de que no tenga nada que ver con lo que la mente calenturienta de mi amiga está imaginando.

—¡Por favor, cuéntame todo! —me suplica persiguiéndome por la habitación y juntando las dos manos frente a ella, haciendo visible su súplica—. Prometo que no te pediré nada más en mi vida. Pero necesito detalles.

—Susan, por favor.

—¿Le vas a negar a tu mejor amiga el conocimiento verdadero?

—¿El conocimiento verdadero? ¿Tú te estás oyendo? —No sé si reírme o darle un golpe en la cabeza para que entre en razón.

—Traeré la cena cada jueves de chicas, lo que tú prefieras, y también…

—¡Susan! —la corto rápidamente—. No me he acostado con él, ¿vale? Dios, no sé ni cómo funciona tu perturbado cerebro.

Cuando la miro, veo sus hombros bajando de altura. Es como si su pijama de rayas se hubiera deshinchado. Está claro que la he decepcionado.

—¿Entonces, no…? —deja la frase sin terminar.

—De verdad que yo flipo contigo. ¿No te llevo diciendo semanas que no lo aguanto?

—Ya, pero una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Y estos ojos lo han visto —se los señala con los dedos índice y corazón estirados.

Yo pongo los míos en blanco, dispuesta a que me recuerde, como casi cada día, el encontronazo que tuve con Tyler en mi departamento.

Un encontronazo que a ella le pareció romántico, y que a mí me pareció un suplicio.

Sin embargo, Susan a veces parece desesperada por encontrarme pareja, así que es algo a lo que, por desgracia, estoy acostumbrada.

Yo, en cambio, prefiero centrarme en mi trabajo. Me da menos quebraderos de cabeza.

—Me lo hizo en uno de sus entrenamientos. El moratón —puntualizo antes de que empiece a imaginarse tonterías—. Intentó apartarme de la carrera de Kylen Blaze, pero se pasó de frenada y me arrolló por el camino.

—¡¿Qué?! —grita tapándose la boca.

Le cuento el suceso al completo, obviando la parte en la que me quedé abrazada a él, incluso cuando todo ya había pasado.

A medida que avanzo con la historia, veo que se le dibuja una pequeña sonrisa en la cara. Una sonrisa por la que sé que no debo preguntar.

—Y, por si fuera poco, alguien nos hizo una foto en ese mismo momento. Bueno, alguien no. Uno de sus acosadores. Se la dejó en su casillero —le explico, notando cómo el cosquilleo vuelve a asentarse sobre mi estómago, pidiendo entrar en él.

—¡Necesito ver esa foto! —dice Susan entusiasmada. Necesita revisar las reacciones normales ante un acosador.

—No me la quiere dar —respondo molesta.

La manera en la que mi amiga me mira me da bastantes pistas sobre lo que va a decir, y cuando habla, descubro que no me equivoco.

—¿Así que Tyler Kelscot tiene una foto abrazándote y quiere guardarla?

Tiene una sonrisa tan contenida, que casi consigue contagiarme, pero lo evito con firmeza.

—No, abrazándome no. Aplastándome. —Me señalo la gran mancha morada que me cubre el costado.

—Detalles —se ríe ella aireando la mano delante de su cara.

—De verdad que no sé por qué Tyler sigue tratando de fastidiarme. Si supiera lo buena amiga que eres, seguro que pensaba que ya tengo bastante contigo.

—¡Cómo te pasas! —Me da un manotazo amistoso en el brazo a la vez que una pequeña carcajada se le escapa.

Me ofrece la bolsa de chuches en gesto de paz y yo la inspecciono seleccionando mis favoritas.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? —Por su tono, intuyo que la conversación se ha vuelto más seria.

—Supongo que le pediré la foto de nuevo y hablaré con Norman.

—Si la hicieron en el campo de entrenamiento, tuvo que ser alguien de allí, ¿no? —pregunta mientras saca uno de los regalices de la bolsa.

Yo busco otro y lo sujeto entre mis dientes, pensando en lo que ha dicho. No se me había pasado por la cabeza hasta este momento, pero tiene razón. Esa foto se tuvo que hacer desde dentro del Complejo Stallions.

—El acosador está en los Stallions —anuncio finalmente.

—¿Sabes qué es lo que quiere?

—Acabar con la carrera de Tyler, supongo. Echarlo del equipo. Pero no sé cómo una foto conmigo puede ayudarlo.

—Bueno, no va desencaminado.

—¿Qué quieres decir? —pregunto confusa—. ¿Cómo…?

—Pueden acusarlo de acoso, para empezar. O abuso de poder contigo. Pueden acabar con su imagen, y de ahí con su carrera. Ningún equipo quiere verse salpicado por cosas así. Siempre cortan por lo sano. Ante una mínima sospecha…

—Pero si no… —No puede ser. Es un idiota, pero nunca ha hecho nada semejante conmigo. Solo le divierte sacarme de quicio.

—Las fotos se pueden malinterpretar —Susan frena mis pensamientos—. Créeme, he leído muchas revistas en la piscina.

Me quedo por un momento reflexionando sobre este punto de vista y lo que supondría para Tyler, o incluso para mí. Mi trabajo consiste en favorecer la imagen de los jugadores, no en torpedearla.

—Entonces debería alejarme de él —murmuro, más para mí misma que para nadie.

—Deberías investigar —me corrige mi amiga. Y me espero tan poco esa sugerencia, que dejo de pensar mientras la miro con la confusión pintada en el rostro.

De todas las ideas locas que se le suelen ocurrir, con esa me parece que alcanza un nuevo récord.

—Susan, no soy detective.

—No, pero tienes todos los medios para descubrir quién es el acosador —trata de convencerme—.

Conoces a todos en la empresa y siempre estás en la sombra, ¿no?

Es lo que sueles decirme. Ver sin ser vista.

Tienes acceso a todo. Y, además, el acosador no sabe que has visto la foto. Deberías hacerlo —me insiste.

—¿Y qué pretendes que haga? ¿Hacer un interrogatorio a cada jugador?

Me tiemblan las manos al repasar las preguntas en mi carpeta. Susan me ha ayudado a preparar las entrevistas. Al final consiguió persuadirme para hacer una investigación, aunque no sé ni por qué me sorprendo. Siempre termina convenciéndome de todo, por loco que sea.

Primero, tengo que hacer una serie de preguntas para determinar si alguien del entorno de Tyler tiene una personalidad psicótica.

Mi amiga cambió nuestro plan de peli y chuches por un montón de vídeos de psicología donde explicaban los distintos perfiles de la personalidad y cuales podrían estar escondiendo a un posible acosador.

Al final de la noche, terminé pensando que todos eran posibles candidatos a psicópata del año. Y, después de varias entrevistas, mi lista de posibles locos sigue igual. Mis nervios, en cambio, están peor.

Kylen Blaze es el siguiente en sentarse en la silla.

Chris, que se dedica a capturar y montar los vídeos que subimos a las redes sociales, está grabando todo.

Y el equipo ha preparado un fondo tan bonito, que efectivamente podremos hacer una miniserie de entrevistas para las redes, y nadie se enterará de que en realidad los estaba interrogando.

Bueno, eso sería si dejaran de temblarme las manos o la voz. Me da pavor que me descubran haciendo esta tontería. O, peor aún, que dé resultado y uno de ellos sea realmente el acosador.

—Pensaba que el nervioso tendría que ser yo —me dice Kylen con su habitual sonrisa mientras Chris le coloca el micrófono sobre la chaqueta vaquera.

Cuando vuelvo la mirada hasta Kylen, se ha acercado a mí. Alzo la cabeza, pues está claro que en este entorno es lo que me toca hacer día tras día si quiero ver la cara de los jugadores.

—¿Estás mejor? Ayer parecías…

—Sí, todo bien —respondo rápidamente. Preferiría olvidar el tema cuanto antes.

Él se ríe suavemente, dando a entender que no hay quien se lo crea.

—Déjame tu mano —me pide, alargando la suya.

Yo lo miro extrañada.

—Solo quiero verla —vuelve a pedirme, pero sus ojos no abandonan los míos hasta que mi mano está sobre la suya.

Cuando bajo la mirada, la veo temblando. Entonces sus dedos se deslizan sobre los míos, limitando su movimiento y cubriéndolos en su totalidad. Yo respiro hondo, esperando que su calma traspase mi piel.

Vuelvo a mirarlo, y está a punto de decirme algo cuando la puerta del estudio se abre con un gran estruendo al chocar contra la pared.

Detrás de ella aparece Tyler, más cabreado que de costumbre, dirigiéndose a nosotros con grandes zancadas. Su mandíbula está tan tensa que parece que se vaya a romper.

—¡Fuiste tú, cabrón! —grita, señalando a Kylen.