#7 Un poco de estrés, nada más
UN POCO DE ESTRÉS, NADA MÁS
Siento que el corazón se me va a salir por la boca cuando veo mi foto en las manos de Tyler.
Y no una foto cualquiera, sino una en la que está él también, sobre mí.
El cuadro es tan cerrado que parece que está ocurriendo algo entre nosotros, aunque un momento antes hubiera estado a punto de aplastarme con un placaje.
Lo que más nerviosa me pone es que se me ve absolutamente ensimismada con él. Cualquiera pensaría, al verla, que se trata de una escena romántica en la que estamos a punto de besarnos.
Noto el calor recorriendo mi cuerpo hasta alcanzar mi rostro mientras sigo revisando la imagen. Le doy la vuelta, y no encuentro ningún mensaje escrito en el reverso.
—¿Qué es…? ¿Qué es esto? —pregunto acelerada.
—Yo creo que es bastante obvio —me dice él, a punto de echarse a reír.
—¿La has pedido tú? —¿Por qué se lo toma a risa? ¿Por qué tiene esta foto en su asiento? Si es alguna idea para fastidiarme, no tiene ninguna gracia.
Cuando alzo la mirada, compruebo que permanece tan relajado como antes de encontrar el sobre.
—Es lo que te gustaría, ¿eh? —me pregunta con su estúpida sonrisa iluminándole la cara—. Tenerme soñando contigo.
—¡Claro que no!
—Bien, porque no es así. —Sus ojos no me abandonan, y no sé si espera ver decepción en los míos, pero no voy a mostrarle nada parecido. Soy muy consciente de que ningún jugador se fijaría en mí si no es para solucionarles un problema con los medios.
—Dime por qué tienes esta foto —le insto en su lugar.
—¿Y cómo quieres que lo sepa? No me has dejado ni verla.
Sin esperar, se la entrego y lo observo mientras la estudia detenidamente. La gira en sus grandes manos y encuentra en el reverso lo mismo que yo: nada. Ningún mensaje, ninguna firma. Ninguna pista.
Entonces vuelve a mirarla con detenimiento, entrecerrando los ojos. Quizá ha visto algo que a mí se me ha pasado. Sin embargo, después de un tiempo, sigue sin hacer ningún comentario impacientándome.
—¿Y bien? —pregunto exasperada. Este hombre tiene la habilidad del fútbol para muchos; para mí ha reservado la de sacarme de quicio.
Me muestra la foto, y continúo a la espera de una respuesta.
—Salgo guapo, ¿eh? —me dice exhibiendo una gran sonrisa.
Hago el intento de quitarle la foto hasta que eleva el brazo con avidez, apartándola de mi camino y manteniéndola en alto.
—¡Dámela, Tyler!
—¿Por qué? Estaba a mi nombre, ¿no?
Lo empujo, aunque mis manos rebotan sobre su duro pecho y soy yo la que da un paso hacia atrás.
—Cuidado, jefa —me dice socarrón.
—¿Por qué tienes esa foto? —vuelvo a preguntar.
Él encoge los hombros pensando en su respuesta. Una respuesta que con seguridad no me va a sacar de ninguna duda.
—Alguien ha querido hacerme un regalo.
—¿Un regalo? Soy yo la que sale en ella —le recuerdo.
—Yo lo que veo es mi momento heroico. De hecho, si no estuvieras hecha una furia delante de mí, incluso pensaría que eres tú quien la ha puesto ahí.
—¡No digas tonterías! Cuando hicieron esta foto yo estaba siendo aplastada por un imbécil.
—Un idiota —me corrige.
—¡También! —suelto irritada.
Se ríe frente a mí. Que nada le preocupe me sienta aún peor.
—Tyler, ¿por qué tienes esta foto? —lo intento una vez más. Y en esta ocasión ha debido notar mi tono preocupado, o quizás derrotado, porque me mira intensamente, y no veo más bromas en su gesto.
Después de un instante en el que creo que se está pensando si responderme con sorna o no, se pasa la mano por la cara al mismo tiempo que resopla.
—No lo sé —confiesa.
—No la has… encargado tú, ¿no? —me atrevo a preguntar. Es del todo improbable que quiera tener una foto mía, salvo para hacerme la vida imposible. Cosa que no descarto.
—¿Por qué iba a hacer algo así? Joder… —Mueve la cabeza sorprendido—. De verdad crees que soy lo peor.
—No es que crea… —Corto lo que iba a decir, porque en realidad sí que tengo mala opinión de él, pero no estoy segura de si tanto—. A lo mejor era para fastidiarme.
—La línea de cabrón a psicópata no la he cruzado todavía —me dice, y esta vez es él quien se muestra enfadado.
—Vale —asiento débilmente. La de estúpida yo sí la he pasado. A estas alturas ya no sé si seguir preguntando, o callarme e irme.
Finalmente, y ante su mirada severa, me decido por la segunda opción.
Sin embargo, Tyler me sujeta por el brazo. En ese mismo instante, una corriente lo atraviesa desde el punto donde me ha tocado. No estoy segura de a qué se debe. Posiblemente a los nervios de que alguien me haya estado fotografiando.
Me mantengo quieta hasta que consigo mantener a raya mis nervios, y luego me giro. Cuando miro a Tyler, él me observa, y sus cejas no se han relajado ni un milímetro.
—Es posible… —Se queda callado y me mira. Por cómo lo hace, parece esperar a que salga corriendo. Así que me yergo frente a él, demostrándole que no lo haré. Entonces, suelta mi brazo, acariciándolo levemente mientras hace descender su mano.
—¿Tyler? —lo animo a continuar, obligándome a no pensar en el cosquilleo que ha dejado en mi piel.
Él vuelve a alzar su mirada, que se había distraído con su mano moviéndose a la misma velocidad que mi hormigueo.
—Creo que podría ser uno de esos acosadores —suelta del tirón.
Mi boca se mueve por iniciativa propia, abriéndose tanto que, de mantenerse así, me dejaría un buen dolor de mandíbula.
Sus palabras se repiten frenéticamente en mi cabeza, aumentando su ritmo a la vez que las pulsaciones de mi corazón. No puedo haber escuchado bien.
—Uno de esos acosadores —repito—. ¿Uno de los que Norman quería hablar contigo cuando tú pasaste de él?
—Sí.
—¿Uno que ahora me hace fotos a mí también? —pregunto y junto mis manos, porque me noto perdiendo los nervios y sé que mis dedos temblorosos serán los primeros en mostrar mi agobio.
—Mira, es solo porque estabas ahí en ese momento. No tienes de qué preocuparte. Son inofensivos —me asegura él.
—Ya, gracias —le espeto tratando de ignorar la presión que empiezo a sentir en mi pecho y mi cabeza—. Perdona si me tomo un poco más en serio que un desconocido vaya haciéndome fotos sin mi consentimiento y dejándosela en el vestuario a la estrellita del equipo.
Mi cabeza está tan abrumada de miedo y preguntas, que no controlo lo que sale de mi boca, y no sé qué he dicho que lo hace reír.
—¿Y ahora de qué demonios te ríes? —Estoy a punto de gritar y, sinceramente, no sé por qué me contengo. Estamos solos en el vestuario y nadie se enteraría.
—Nada, me hace gracia que me llames «la estrellita del equipo». De pequeñito tengo poco, ¿sabes?
Entonces se acerca a mí, haciéndome sentir diminuta a su lado. Le doy un empujón en el pecho que no lo mueve del sitio.
—De verdad que no te aguanto.
Aprovecho que se está riendo de mí para estirarme una vez más y arrebatarle la fotografía, pero la aleja a una velocidad que me asombra a la vez que me frustra.
—Ya te he dicho que esto es mío —me recuerda.
—Hay que llevársela a Norman.
—¿Y para qué iba a querer Norman una foto mía? ¿No estaba casado?
—¡Tyler! —lo reprendo molesta.
—Vaya humor, jefa. —Se ríe mientras yo intento controlar el fuego que siento dentro de mí, porque me veo capaz de echarlo por la boca si la abro, y su actitud no me está ayudando en absoluto.
Únicamente imagino mi puño estrellándose contra su cara, y da igual lo mucho que me esté molestando, sé que no debería hacerlo.
Así que, en lugar de eso, me doy la vuelta y salgo del vestuario.
Por suerte, esta vez no me retiene.
Me apoyo contra la pared a unos pasos de la puerta y me doy cuenta de que mis manos continúan temblando. En mi cabeza solo suena la palabra «acosador», y todos los miedos que tuve por Tyler cuando Norman me contó la situación, ahora tienen un nuevo objetivo: yo misma.
Me tapo la cara y dejo que mis nervios se disparen por mi cuerpo, entumeciéndolo poco a poco. Mejor sentir todo, dejar que salga. Ya recobraré la compostura más tarde.
De pronto, unos dedos se cierran sobre mis muñecas, arrastrando mis manos lejos de mi rostro.
Doy un grito del susto y encuentro los ojos oscuros de Kylen Blaze frente a mí.
—¡Perdona! —exclama asustado. Puede que incluso más que yo, después del alarido que he lanzado—. ¿Estás bien?
Sigo recuperando el aire cuando asiento con la cabeza.
—No parece que lo estés —me dice, y, por cómo me mira, debe pensar que, mínimo, estoy loca.
—Sí, eh… —No sé ni qué excusa inventarme—. Tengo que irme.
Él todavía no ha soltado mi muñeca y, aunque he anunciado que me voy, no lo hago.
Su pelo le acaricia la frente al ladear la cabeza mientras espera a que me mueva.
Al mismo tiempo, pequeñas gotas recorren su cuello y se funden con la tela de su camiseta, dando idea de lo mucho que ha trabajado en el gimnasio.
—Puedo llamar a alguien, si lo necesitas —me ofrece, despertándome de mi trance.
—No. No te preocupes.
—Déjame invitarte a un café al menos. O una botella de agua. Parece que te vayas a desmayar —me pide, todavía preocupado.
Me cubro las mejillas, pensando en la mala cara que debo tener para que me diga algo así.
—No te muevas —dice antes de salir corriendo. Yo obedezco y lo sigo con la mirada hasta la máquina expendedora que hay a unos pasos de nosotros. Aprovecho el momento para pellizcar un poco mis mofletes y mejorar mi aspecto, aunque soy consciente de que no hay mucho que pueda hacer.
Unos segundos más tarde, corre hasta donde lo espero, con una botella de agua en la mano.
Después de sopesarlo durante un momento, se la acepto. Puede que hablar con él me tranquilice, o a mi cerebro, que no ha dejado de agobiarme desde que he visto la foto en manos de Tyler.
El sorbo de agua que doy me sienta genial. Al menos ahora mi respiración es estable, aunque lo de mi cabeza va a tardar en solucionarse.
—¿Va todo bien? —me pregunta una vez me ve más calmada. No ha dejado de observarme mientras estaba perdida en mis pensamientos.
—Sí, todo bien. Un poco de estrés, nada más.