Solo una fan #4 De alguna forma tendrás que pagarla #2
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#4 De alguna forma tendrás que pagarla #2

Los tres nos quedamos en silencio, y ellos me miran.

Finalmente, suspiro y aireo mi mano dándoles permiso para conocerse, lo que no tiene demasiado sentido.

—Si a él le parece bien… —murmuro.

Tyler me dedica una gran sonrisa y se queda observándome durante un momento. Luego, se gira.

—Vía libre, Susan.

Sé, desde el segundo en el que dice su nombre, que mi amiga va a estar dándome la brasa más tiempo de lo que merezco.

Es como si todo lo que le he contado de las últimas semanas se le hubiera borrado de la mente cuando empieza a dar saltitos enfrente de él, o cuando ambos se abrazan, o cuando empiezan a hacerse selfis.

—Vale, creo que ya es suficiente —les digo mientras hago lo que puedo por alejar a Susan. No ha dejado de dorarle la píldora, y Tyler ya tiene suficiente ego como para que mi mejor amiga se lo aumente.

—No te pongas celosa, puedo hacerme una foto contigo también, si quieres —me dice, jugando a ser la estrella agradable que todos conocen.

Mis cejas se elevan y trato de contenerme al máximo para no perder los papeles.

—Me encantaría, pero estoy trabajando. O lo estaba, hasta que has decidido interrumpirme. Lo que me lleva a… ¿qué quieres?

—Vaya mal humor, jefa. Solo venía a traerte un café, ya que el otro te lo tiraste entero encima.

—Yo me lo tiré… —digo de mala gana, recordando lo que ha supuesto su empujón en el pasillo.

No tenía nada para cambiarme, ni tiempo para ir a comprar o a casa, así que Susan tuvo que traerme una blusa de repuesto.

Pero ella es más grande que yo y bastante más segura en cuanto a su cuerpo se refiere, y toda la ropa que me trajo me quedaba enorme o era demasiado escotada.

Al final escogí una blusa de seda que he tenido que remangarme varias veces, y que no deja de escurrirse por mis brazos.

Lo mismo me pasa con los hombros, que se me van hacia los lados, como si llevara una prenda de cuello asimétrico.

Cuando me mira, veo cómo disfruta de las malas pintas que llevo, y cuando vuelve a centrarse en mí, y no en mi ropa gigante, se encoge de hombros.

—Si no quieres beberlo, a lo mejor prefieres tirártelo encima. La que llevas ahora está demasiado limpia para tus costumbres, ¿no?

—Cállate —le espeto rápidamente—. He tenido que ir así a la reunión por tu culpa.

Mi manga está de nuevo cubriendo mi mano, así que la aparto molesta, y más aún cuando escucho la leve risa de Tyler.

—Jefa, no puedes quedarte embobada en un pasillo cuando un equipo de cuarenta tíos enormes sale al campo. Podrías hacerte daño.

—Está claro —le respondo de mala gana. No voy a entrar más al trapo, necesito volver al trabajo—. ¿Quieres algo más?

Sonríe antes de contestarme.

—Sí. Venía a enseñarte mi nueva camiseta. ¿Te gusta?

Se sujeta la prenda por el bajo y la estira para que la mire. No puedo evitar sonreír al ver el texto que le he añadido con un rotulador después de nuestro choque: «Soy un idiota».

—Me encanta. Va a juego con tu personalidad.

—Eso pensaba —responde sin perder su buen humor—. Lo que no sé es si te gustará su factura. Es cara de cojones —me explica mientras se aproxima a mí.

—¿Y por qué me iba a interesar ver su factura? Aparte de para saber lo fanfarrón que eres… —le digo tan borde como soy capaz. Él sigue acercándose.

El único motivo por el que no salgo corriendo en dirección contraria es mi orgullo. A borde no va a ganarme, y menos cuando el único testigo es Susan. Con ella no tengo que cortarme. Sin embargo, él sigue disfrutando sin perder de vista mis ojos.

—¿Se la paso a tu contable?

—No tengo, así que no, gracias. ¿Algo más? —pregunto. Mis nervios empiezan a conquistar mi cuerpo, especialmente cuando se aproxima un poco más y baja su voz, haciendo que suene más grave y amenazante.

—De alguna forma tendrás que pagarla.

Llegados a ese punto, mi cerebro se ha desconectado y respondo sin apenas darme cuenta. Mi concentración está puesta en su cara, demasiado cerca de la mía. En sus ojos verdes, que no han dejado de mirarme, en su boca, cuando la abre para respirar.

—Pensaba que ganabas lo suficiente como para pagarte tu propia ropa.

¿Debería hablar con el señor Radford? Mañana me reúno con él —contesto, sin saber realmente de dónde salen mis palabras.

Pero hace unas horas ganó en el pasillo; no puedo darle otra victoria, a pesar de que mis piernas temblorosas lo están deseando.

Tyler frunce los labios frente a mí para esconder la curva que dibujan.

—Sé que has sido tú —susurra divertido contra los míos.

—Demuéstralo.

—Solo tengo que hablar con Norman. Hay cámaras en todas partes.

Pienso por un momento en ello. Después, me mantengo firme.

—Entonces tendrías que dejar de esconderte de él como un niño asustado. —Imito su sonrisa, porque los dos sabemos que es cierto—. Y, además, Norman nunca me delataría —añado. Y sé que he ganado este asalto—. ¿Algo más? —pregunto de nuevo.

Tyler se separa de mí mientras se ríe. Me haría gracia su reacción si no estuviera ocupada en recobrar la respiración, porque ha dejado de funcionar y empiezo a marearme.

—Eso es todo, jefa. —Me hace su saludo militar, y se gira hacia mi amiga—. Susan —le hace un gesto de despedida con la cabeza antes de salir de la sala.

Para entonces, yo caigo derrotada sobre mi mesa y tardo un momento en recuperar el aire.

—¿Hola? ¿Me cuentas qué ha pasado y cuándo planeas acostarte con él? —pregunta mi amiga según la puerta se cierra.

—¡¿Qué?! —respondo incrédula.

—Joder, ¿soy la única que veía cómo os tirabais la caña? —Se le nota el entusiasmo cuando me muestra una sonrisa más amplia de la que debería tener. ¿Dónde están las amigas leales cuando una las necesita? Debería estar malmetiendo sobre Tyler y lo insufrible que es.

—A mí me sonaba más bien a dardos envenenados.

—Ya, envenenados de tensión sexual. Nena, estabais tan cerca el uno del otro que pensaba que os lo ibais a montar en la mesa directamente.

—Susan, por favor —es lo único que le digo, porque no doy crédito a las tonterías que salen de su boca. —¿Tú has visto lo que me ha hecho en la blusa nueva? Y ni siquiera se ha disculpado.

—Bueno, ha venido a traerte otro café.

—Sí, para tirármelo también. Si se ha cortado es porque estabas tú delante, y ha preferido ser el famoso perfecto y agradable contigo para molestarme.

—¿Te molesta que sea agradable conmigo? Porque eso tiene un nombre, amiga: «celos».

—No, en realidad se llama «la traición de una amiga». ¿No llevo semanas contándote lo mal que se porta conmigo?

—Vale. Pero es que ha sido realmente amable. Y contigo también; te ha traído un café. —Encoge los hombros porque sabe que no puedo rebatírselo. Así que resoplo a su lado en señal de enfado.

—¿Podemos centrarnos? —le pido por fin, intentando volver al trabajo.

Sin embargo, algo me dice que Susan no va a dejarlo estar tan fácilmente.

No solo ha conocido a un jugador de fútbol, con lo fanática que es, sino que ha conocido a Tyler Kelscot.

Y, por si fuera poco, ha sido encantador con ella.

En cuanto a ponerme las cosas difíciles, la estrella del equipo tiene un don.

—La verdad es que ahora mismo no creo que pueda —me confiesa mi amiga y, para mi desgracia, me siento exactamente igual.