#3 Los jugadores son imbéciles #2
Ella, al vernos a todos alrededor, se pone roja y busca su camiseta en el sofá, unos cojines más allá.
No estaba haciendo nada malo. Mi cabreo, en cambio, parece decirle otra cosa, ya que, después de mirarme, se levanta y se larga avergonzada.
Procuro calmarme, porque sé que solo estaba en el sitio incorrecto en el momento incorrecto, pese a que vaya a darme una cantidad indecente de trabajo.
Sigo lamentándome del terrible día que voy a tener mañana cuando Tyler abandona el sofá y se acerca a mí.
Me observa con cara de pocos amigos, lo que no me extraña, pero tampoco quiero enfadarlo más de lo necesario.
No estoy segura de la influencia que puede llegar a tener en el equipo, y prefiero ir con cuidado.
Cuando está demasiado cerca, doy un paso hacia atrás hasta que choco con el idiota que lo estaba grabando.
Su cara de enfado se transforma y me deja ver una sonrisa. Sus ojos, en cambio, me miran con ganas de fastidiarme.
—No sabía si te había llegado mi invitación. —Para mi desgracia, mientras habla me fijo en su boca. Tiene un color rosado alrededor de los labios. Seguramente por el maquillaje de la chica, o por la actividad que estaban realizando.
Se da cuenta de a dónde se dirige mi mirada y se pasa el dorso de la mano para limpiarse. Solo que el color no remite.
Sigue esperando mi respuesta sin dejar de contemplarme. Pero, lejos de entrar en su juego, me dispongo a echarle la bronca por ser tan descuidado. No voy a disculparme por salvarle el culo.
—¿Sabes que este imbécil te estaba grabando?
—Cuidado, muñeca —me avisa su amigo a mis espaldas. Por su tono de voz, sé que está enfadado, y hago lo posible por ignorarlo.
La sonrisa de Tyler se extiende por un segundo, y se queda de forma ladeada cuando se encoge los hombros.
—A veces lo hace —me informa como si nada.
Ante su indiferencia, me dan ganas de golpearle en la cabeza.
«¡Cómo puede ser tan idiota!». Si supiera que me he levantado a las dos de la mañana para evitar que se metiera en mayores problemas con la prensa y el equipo…
Pero no me voy a quejar delante de él. Eso le daría más motivos para poner esa sonrisa estúpida.
—Ya, pues no te conviene. —Intento tranquilizarme y hablarle de forma profesional, a pesar de que no me lo está poniendo fácil.
—Lo importante es que hablen de uno, ¿no? —apuntilla uno de sus amigos detrás de mí, y me giro furiosa.
—¡No cuando puede acabar con su carrera!
—No me creo que tenga que estar discutiendo esto con tres tíos borrachos a altas horas de la madrugada—.
¿No te ha dicho Riley que nada de fiestas?
Los Stallions intentan dar imagen de equipo familiar.
Podrías hacer que pierdan patrocinadores.
Podrían suspenderte a ti por las cláusulas de conducta —le recuerdo.
Continúa con su gesto de indiferencia, y sus cejas se van uniendo ligeramente, dándome a entender que está llegando al límite de su escueta cordialidad. Me sorprende que todavía no me haya echado de su casa.
—Puede que mencionara algo. No sé si era que dejara de darlas o que diera más. —Curva sus labios, sacándome de quicio. Realmente parece que le divierte ponerme de mal humor.
—¿Para ti todo es una broma? —le digo más duramente de lo que debería, si de verdad quiero actuar de manera profesional.
—¿Y tú siempre eres tan estirada? —pregunta uno de sus amigos a mis espaldas—. Joder tío, tenías razón con esta pava.
De pronto, un nudo se hace con mi garganta, obligándome a tragar con esfuerzo. Que no soy la favorita de la gente ya lo sé, pero esto es trabajo.
Mañana todos los medios hablarán del espectáculo de Tyler, y Matthew estará furioso conmigo. No puedo dejar que me afecte un comentario personal.
La cara de Tyler cambia en ese momento, y no quiero saber el motivo. Dudo que sea compasión por el comentario de su amigo. Y, a estas alturas, no me importa. Solo quiero salir de allí.
Relajo mis cejas y suspiro. No pienso dejar que me vea dolida.
—No sé ni para qué he venido —digo finalmente derrotada.
En mi cabeza me obligo a estar satisfecha, pues al menos he conseguido detener el vídeo antes de que el espectáculo fuera a más.
Tampoco esperaba que fueran a ponerme la alfombra roja allí, o a pedirme que me quedara como a las chicas guapas que he visto por el jardín.
Antes de darme la vuelta, Tyler se acerca a mí, y yo me mantengo muy quieta aguardando a que por fin me eche de su fiesta. A que por fin haga algo que quiero.
No sé si sus amigos siguen cerca, porque tiene una forma de moverse a mi alrededor que hace desaparecer todo lo demás. Tampoco sé si la rubia que le estaba comiendo la boca continúa a la espera.
—¿Por qué no te quedas a tomar algo? —susurra mientras me sonríe—. Vienes vestida para la ocasión, ¿no? —dice, y sus ojos me estudian de arriba a abajo.
Únicamente en ese momento me doy cuenta de que todavía llevo puesto mi pijama.
Para cuando vuelve a mirarme a la cara, estoy roja como un tomate y cruzo mis brazos delante de mi cuerpo con suma velocidad. No estoy segura, pero es posible que mi pijama no sea tan opaco como debería. Necesito salir de allí.
—Arruina tu carrera si quieres —le digo dándome la vuelta.
Resulta que sus amigos permanecen allí, aunque más alejados, y casi choco contra uno de ellos en mi huida: el que me miraba como si me conociera. Sin embargo, es el grandullón quien llama mi atención.
—No creo que pueda grabar más. Ha aparecido una loca de la nada —lo escucho hablar a voces a su teléfono recuperado, y no tengo dudas de que esa loca de la que habla, soy yo.