Solo un juego más (Car Hockey 1) 30. Cannon
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30. Cannon

Cannon

Fuera de juego: los jugadores del equipo atacante no deben preceder al puck en la zona de ataque.

Se habla de amor romántico todo el tiempo.

La gente. Los libros. La música. Las pinturas.

Las esculturas. Te lo meten tanto por los ojos que llega un momento en que incluso alguien como yo se pregunta cómo será.

Se pregunta cómo se sentirá. Cómo será navegar por ese sentimiento del que todos hablan y que mueve mareas.

Bueno, pues ya he estado ahí. Y ¿sabes qué? El amor es una mierda. El amor duele. Y más si la persona amada es un gilipollas de manual como Benjamín Schmidheiny.

Ahora entiendo por qué el amor de pareja nunca me había llamado la atención.

Mi astuta intuición, mi mejor compañera, me estaba protegiendo.

Hasta que llegaron él y sus estúpidos ojos verdes, y ambas nos caímos con todo el equipo, como dos principiantes.

Qué error de cálculo, como dijo Blake. Y él…

él, Benji, ahora duerme en la cama de un hospital con una raja en el abdomen que le ha costado no sé cuántos puntos de sutura.

Y que podría haber sido peor. Mucho peor.

He bloqueado los recuerdos de unas horas atrás, cuando se ha desplomado en el suelo, desmayado.

No quiero vivir nunca más lo que he sentido al verlo.

No quiero tener el alma en vilo. Ese pavor irrefrenable por perderlo, esa ola de miedo atroz que me ha engullido hasta dejarme sin respiración.

El tormento que he sentido en el pecho al imaginarme lo que debía de dolerle a él… No. No quiero vivirlo nunca más.

El amor es una mierda. Y Benji es gilipollas.

—¿Por qué no sales a despejarte? —sugiere Elliot, sentado en la silla frente a la mía, sujetándose una bolsa de hielo en la mejilla.

Lo miro. Tiene la cara hecha un cuadro. Moretones por todas partes. Un corte en el labio inferior y otro en la ceja. El pómulo fracturado. Los ojos inyectados en sangre. Y Benji está igual, además de la raja en la tripa. Parecen más hermanos que nunca.

—Estoy bien —le digo.

—Ya… Verás, cómo te lo digo. —Elliot carraspea—. Lárgate antes de que Benji se despierte y te vea mirarlo con cara de querer rematarlo. Cálmate, si puedes. Y vuelve. Llámame excéntrico, pero quiero que lo primero que vea sea una cara amigable.

—¿Aunque sea la tuya hecha una mierda?

—¿No estoy guapo?

Elliot sonríe y me guiña un ojo, o lo intenta. Yo suspiro, niego y me levanto. Abandono la habitación sin dar el portazo que el cuerpo me pide y me dejo caer en la puerta. Jon, Álvaro, Patrick y Julián están en el pasillo. Me miran todos a la vez.

—¿Se ha despertado? —me pregunta Jon, con la misma cara que sus dos amigos del alma: hecha trizas.

—No. Elliot me ha echado.

—¡¿Cannon?!

Giro la cabeza hacia la voz, al fondo del pasillo. Mi hermano Blake y la abuela de Elliot se acercan a pasos agigantados.

—¿Dónde están? —pregunta la abuela en cuanto llegan, asustada.

—Dentro. —Señalo la puerta detrás de mí.

Pasa por mi lado, me aprieta el hombro y entra sin más demora. Se me hace raro verla estremecida. Es una mujer a prueba de bombas. El amor nos debilita a todos, supongo, hasta al más acorazado.

—Elliot, oh, Elliot, cariño —escucho antes de que se cierre la puerta tras ella.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Blake.

—Nada que tú puedas entend…

—Ahora no, Jonathan —lo interrumpe con un gesto brusco de la mano. Pero cuando lo mira y le ve la cara destrozada se echa hacia atrás, con el horror impregnado en su rostro—. ¿Qué coño ha pasado? —susurra.

Jon entra en la habitación de Benji, sin responder, y Álvaro lo sigue, pasándose ambos las normas de «solo visitas de dos en dos» por el forro. Me siento en una de las sillas del pasillo y escondo la cabeza entre las piernas. No sé ni por dónde empezar.

—Benji está bien —le explica Julián a mi hermano, y le da unas palmadas en la espalda—. Ha perdido mucha sangre y han tenido que hacerle una transfusión, pero la herida no ha afectado a ningún órgano vital. Está dormido, descansando.

—¿Qué ha pasado? —repite Blake con un tono de voz infinitamente más bajo.

—Un ajuste de cuentas.

—¿Un ajuste de cuentas de Jon?

—No. De Benji. Elliot y Jon solo intentaban defenderlo.

—¿En la pista?

—No. En el pueblo.

—¿En el pueblo? ¡¿Han ido al pueblo a liarse a hostias con alguien y lo has permitido?!

—¡No lo sabía! No lo sabía, joder. Ben y Jon no han venido esta mañana a entrenar y me he preocupado. He llamado a Álvaro para ver si sabía algo y…

—¿Y qué?

Julián suspira.

—Qué más da. Ya están a salvo y eso es lo importante.

—Y una mierda. Has llamado a St. Claire para ver si sabía algo y…

—Jon le había mandado un mensaje, con una dirección, por si… les pasaba algo. No quería involucrarlo.

Blake asiente con la cabeza.

—Qué noble por su parte.

—Blake, escuch…

El repentino alboroto que se ha formado al fondo del pasillo enmudece a Julián.

Levanto la cabeza y se me detiene el corazón.

Es mi familia. Toda mi familia. Mi padre, mis hermanos, Fallon, Brandon, Chloe y Axel, y Lili…

Me levanto a todo correr y me lanzo a los brazos de mi padre.

Me echo a llorar como hacía tiempo que no lloraba.

—¿Estás bien? Dime que estás bien. —Me toca por todas partes para asegurarse.

—Duele, papá —susurro.

—¿Dónde? Dios, Cannon. ¿Dónde?

—En todas partes. El amor duele. Duele mucho.

Todo el cuerpo de mi padre se afloja, menos su abrazo.

—Cariño —me aprieta contra él y me besa la cabeza con suavidad—, oh, cariño. Duele, claro que duele, pero merece la pena. Te lo aseguro. Es un viaje increíble. El más increíble de tu vida.

—Y Benji es gilipollas —añado.

Mi padre ríe, se lo noto en el estómago, junto al mío, y me acaricia la espalda arriba y abajo.

De pronto me hago consciente del mundo que nos rodea. Más que nada porque toda mi familia, en masa, se ha unido al abrazo.

—Oooh —dicen todos al unísono.

—Todo va a ir bien, Cani.

—Papá ha hablado con los médicos. Le han dicho que Benji está bien.

—Sí. Y en cuanto pase toda esta mierda vas a explicarnos en qué momento te has pillado por él.

—Yo aún lo estoy asimilando.

—Sofía te manda recuerdos, por cierto. No ha podido venir.

—El amor es una mierda —digo yo, respondiendo a todos a la vez.

Brandon ríe. Reconozco el tono cálido de su voz.

—Qué me vas a contar. Bienvenida.

—¿De verdad merece la pena? —le pregunto.

—Sí.

—Oye —me desembarazo de todos—, ¿cómo habéis llegado tan rápido?

Una enfermera pasa por nuestro lado y entra en la habitación de Benji.

—Puente aéreo —me explica Brandon cuando la enfermera cierra la puerta.

—Nos quedamos unos días en casa de la abuela.

—Sí. Hasta que Benji se recupere del todo.

—¿Y vuestras vidas?

—Pueden esperar. La familia es lo primero.

Sonrío y… y la puerta se abre de pronto.

—¿Qué pasa aquí?

Escucho un grito ahogado. El de Lili: se ha llevado la mano a la boca y se le han llenado los ojos de lágrimas.

Es Elliot el que ha abierto la puerta. El mismo Elliot al que yo he dejado dentro con la cara destrozada, claro.

La verdad es que impresiona verlo, y no te acostumbras, por mucho que te aprendas sus lesiones de memoria.

Se hace el silencio y todos nos congelamos. Elliot mira a su madre. Y Lili mira a su hijo. El resto no existimos.

No sé quién de los dos se mueve primero, pero un segundo después ambos están en los brazos del otro.

Creo que nunca había visto a nadie abrazarse con tanta fuerza. Se me encoge el corazón. Se me saltan las lágrimas.

Mi padre se estremece a mi lado. Chloe comienza a llorar.

Axel y Brandon los miran con la boca abierta.

Blake tiene la mandíbula desencajada. Julián sonríe, con las lágrimas en los ojos a punto de reventar, y Patrick le coge la mano.

La abuela, en el umbral de la habitación, también rompe a llorar.

Hasta Jon y Álvaro están al borde del llanto.

Llevamos diez años esperando este momento. Diez años.

—Benji se ha despertado —nos dice la enfermera que ha entrado hace unos minutos—. No entréis todos a la vez, por favor. Está un poco atontado.

Y se va sin ser consciente de lo que deja atrás. Elliot y Lili siguen abrazados, muy lejos de aquí. La abuela, Jon y Álvaro entran de nuevo en la habitación y dejan la puerta abierta. Julián y Patrick van detrás. Y mis hermanos. Lo de que no entremos todos a la vez se lo han pasado por el forro.

Mi padre me da un ligero empujón.

—Ve —me dice.

—Ahí hay más gente que en la guerra.

—Ve —repite.

Yo suspiro y entro. Benji me mira en cuanto cruzo el umbral y sonríe con timidez. Se ha incorporado y tiene la misma pinta horrible que hace unos minutos, la verdad. El labio superior destrozado. La ceja derecha en carne viva. Los ojos encharcados en sangre.

—Hola —me dice.

—Hola —respondo.

Todos nos miran. No es un momento incómodo ni nada.

—Mejor os dejamos solos —sugiere Julián.

A lo que nadie hace caso, por supuesto. Julián carraspea, pero nada, nadie se da por aludido.

Tiene que ir a uno a uno cogiéndolos del brazo e invitándolos a abandonar la habitación.

Incluso a la abuela, que se había hecho fuerte en una de las sillas.

Mira a Julián ofendida, incluso provocadora, pero este no se amedrenta.

Para fuera. Todos.

—¿Estabas dispuesto a morir por un estúpido ajuste de cuentas? —le pregunto a Benji en cuanto nos quedamos solos.

Es que… ¿de qué clase de imbécil me he enamorado? Él chasquea la lengua.

—Es complicado.

—No lo es. Es una respuesta de sí o no. ¿Eres tan imbécil como para estar dispuesto a morir por un estúpido ajuste de cuentas?

¿Con la vida que tienes? ¿Con toda la gente a tu alrededor que te quiere?

¿Que te adora? ¿Te das cuenta de lo mucho que te habrían echado de menos?

¿Del vacío que habrías dejado atrás? ¡Por un ajuste de cuentas, Benji!

Por un estúpido ajuste de cuentas habrías destrozado a mucha gente.

Me sorbo los mocos. Y me doy cuenta de que estoy llorando. Mierda.

—Cannon…

—Las pesadillas… eran por esto, ¿verdad? Por… Toni y sus amigos.