29. Benji #2
Mi cabeza me dice que Julián está exagerando, que están bien y que Jon y Ben no han venido a entrenar por algún motivo de peso, o incluso por un motivo de mierda, pero…
el corazón cada vez me late más deprisa y me han empezado a temblar las manos.
Las meto en los bolsillos del pantalón de chándal en un intento de que se calmen.
Julián cuelga, se quita los patines, los lanza por ahí y abandona la pista sin despedirse de nadie. El resto de los chicos, en el hielo, lo miran sin entender nada. Me disculpo con ellos, les mando hacer un par de ejercicios y voy detrás de Julián.
—¡Patrick! —lo llama por los pasillos—. ¡Patrick!
—¿Juls? —Patrick sale de la zona del gimnasio—. ¿Todo bien?
—No. ¿Sabes dónde está Álvaro St. Claire?
Patrick mira el reloj de su muñeca.
—En el agua, supongo. ¿Por qué?
—Necesito hablar con él. Déjame tu teléfono para llamar a Nicki. A mí no me lo va a coger en pleno entrenamiento.
—¿Qué pas…?
—Hazlo.
Nicki es la entrenadora de Álvaro y una de las mejores amigas de Patrick. Está casada con Andrés Claramunt, antiguo deportista del CAR . Patrick busca el número de Nicki en la agenda, llama y le pasa el teléfono a Julián, que pone el altavoz. Patrick cruza una mirada preocupada conmigo.
«¿Qué pasa?», me preguntan sus ojos.
Me encojo de hombros.
«No tengo ni idea».
Nicki responde al cuarto tono de la segunda llamada.
—¿Patrick? Estoy en plen…
—Soy Julián. ¿Estás con Álvaro?
—¿Julián?
—¡¿Estás con Álvaro?!
—Sí, claro. ¿Qué pasa?
—Pásamelo.
—Ni hablar. Está en el agua. Entrenando.
—Es urgente. Nicki, por favor. Pásame con Álvaro.
—¿Qué pasa?
—Sácalo del agua y pásamelo.
Nicki no contesta, pero unos segundos después escuchamos cómo hace sonar su silbato y le pide a Álvaro que salga del agua.
—¿Qué pasa? —pregunta Álvaro.
—Julián está al teléfono. Necesita hablar contigo.
—¿Julián Alcalá?
—Sí.
—¿Por qué?
—Sé lo mismo que tú. Toma. Y que sea rápido.
—¿Julián? —responde Álvaro al teléfono.
—¿Sabes dónde están Elliot, Benji y Jon?
—Eeeh… En la pista, supongo.
—No. Aquí no están. ¿Has estado con ellos esta mañana?
—No. Cuando me he despertado ya se habían ido. He dado por hecho que estaban los tres en la pista. Suelen ir de madrugada cuando… —carraspea—, bueno, ya sabes, cuando alguno de ellos necesita… liberar tensiones. Como Elliot y tú discut…
—No han venido a la pista —lo interrumpe Julián—. ¿Tienes idea de dónde pueden estar? ¿Te han dicho algo Jon y Ben de que iban a faltar al entrenamiento?
—Jon y Ben nunca faltarían al entrenamiento.
—Exacto. Llámalos, por favor. A mí no me cogen el teléfono.
—Sí, espera. Tengo que ir al vestuario a por el teléfono.
—Te acompaño —le dice Nicki—, y ponte esto por encima .
Supongo que le ha pasado una toalla. Escuchamos el sonido de sus pasos, del eco de la piscina, y nos mantenemos a la espera. Apenas respiramos y ni siquiera sé por qué. Un par de minutos interminables después…
—Estoy. Voy a llamar a Jonny.
—No me cuelgues mientras lo haces —le pide Julián.
—Claro. Joder, espera, pero ¿qu…?
—¿Qué? —pregunto yo.
—¿Qué pasa? —dice Julián al mismo tiempo.
—Oh, joder.
Me entra un escalofrío. Me recorre la columna vertebral y se me asienta en el corazón.
—¡Álvaro! ¿Qué coño pasa?
—Tengo un mensaje de Jonny, de hace diez minutos. N… no puede ser. Joder…
—¡Léelo en voz alta!
—S… sí. Voy: «Alvarito, no te enfades, ¿vale?
Sé que siempre hemos dicho que uno para todos y todos para uno, pero esta vez el deseo de protegerte nos ha primado.
Estamos de mierda hasta el cuello y tú no mereces estar de mierda hasta el cuello.
Bastante con que lo estemos nosotros tres.
Alguien tenía que salvarse, y debías ser tú.
Perdóname por mandarte este mensaje a traición, cuando sé que estás en el agua y que no vas a poder leerlo hasta dentro de un rato, pero si te lo explicaba todo antes ibas a presentarte aquí y eso atentaba brutalmente contra nuestro plan de protegerte.
Estamos metidos en un lío, con un mierda del pasado de Benji.
Hemos venido a resolverlo. Si cuando leas esto no sabes nada de mí o de alguno de los chicos, manda una ambulancia a la siguiente dirección».
Es en la palabra «ambulancia» cuando soy consciente de que se me ha paralizado el cuerpo.
—¿Julián? —pregunta Nicki—. ¿Qué está pasando?
—Un mierda del pasado de Benji —repite Julián, con la voz empañada—. Un mierda del pasado de Benji, un mierd…
—¡Toni! —gritan Álvaro y Julián al mismo tiempo.
¿Toni? Frunzo el ceño. No me suena de nada.
¿Quién es Toni y qué tiene que ver con Ben?
Alcanzo mi teléfono, para ver si encuentro algo en nuestras conversaciones que me dé alguna pista, y descubro que a mí también me ha enviado un mensaje.
—Joder —exclamo tras leerlo.
—¿Qué? —me pregunta Julián.
Se lo enseño, con el corazón en la garganta.
—Álvaro —lo llama Julián—. Pásame esa dirección.
—Nos vemos en el aparcamiento.
—No. Tú no vienes.
—Intenta impedírmelo.
Benji
—Hola, Benny. Hola, Elliot. Cuánto tiempo sin ver tu adorable carita —nos saluda Toni en cuanto nos bajamos del coche en las pistas de baloncesto en la periferia del pueblo—. Contaba con tu presencia, no te voy a engañar, pero ¿qué coño haces tú aquí? —le pregunta a Jonny—. Esto no va contigo.
—Tampoco con ellos —replica Jonny, señalando a los ocho esbirros que Toni ha traído con él y que lo rodean como si fuera un dios—, pero aquí estamos. Nueve contra tres. ¿Así es como saldan las deudas los matones de tu clase?
—Necesitaba asegurarme de que esta vez Benny no se me escapará.
—Se llama Benji, gilipollas.
Toni se acerca con aire depredador. Elliot se tensa y me adelanta unos pasos hasta cortarle el camino.
—¿Vamos a hacer esto por las buenas o por las malas?
—Por las malas —responde Elliot.
Le atiza un puñetazo en la cara, sorprendiéndonos a todos a pesar de que es la segunda vez que lo hace y haciendo gala de lo poco que le importa su vida y lo mucho que valora la mía.
Es la chispa que lo prende todo, y no era parte del plan. No era parte del plan, joder.
Toni se lleva la mano a la boca, se limpia la sangre y mira a Elliot con instinto asesino.
—Vamos, ven a por mí —le insta Elliot con los brazos.
Toni chasca los dedos y los ocho esbirros acuden en su ayuda.
—A por ellos —ordena.
Jonny carga con más peleas a las espaldas que todos ellos juntos, Elliot es experto en dar rienda suelta a su instinto suicida irracional y yo sé asestar patadas y puñetazos como el que más, pero no dejamos de ser tres contra nueve.
No hay que ser un genio como Cannon para resolver la operación, ¿verdad?
El primer golpe no duele, ni el que yo doy ni el que me dan: estoy anestesiado por la adrenalina; el segundo y el tercero tampoco, pero el cuarto… el cuarto me tambalea. Uno de los que pelea conmigo aprovecha para lanzarse a por mí, de frente, y tirarme al suelo bajo una de las canastas.
Me llevo las manos a la cara mientras me destrozan el cuerpo con sus patadas. Ahora sí duele. No hay adrenalina que valga, ni furia ni frenesí. Se me corta la respiración y me atraganto con mi propia sangre.
Busco de reojo a Jonny y Elliot, pero no los encuentro. No están en mi campo de visión. Pero hay un tío que grita en el suelo y no es ninguno de ellos. Sonrío, hasta que la siguiente patada me borra el gesto de un plumazo.
El tiempo no pasa lo bastante rápido. El tiempo es caprichoso.
—Suficiente —grita Toni una eternidad después con la respiración acelerada.
Se acerca a mí (reconozco sus deportivas de mierda) y se agacha.
Tiene el pelo enmarañado y la nariz hecha polvo.
Sonrío de nuevo, «Jódete», pero no por mucho tiempo.
Me coge de la pechera y me levanta con la ayuda de uno de los suyos.
Agradezco el refuerzo, la verdad. No creo que pueda sostenerme por mí mismo.
—Benji. ¡Benji! —grita Elliot.
—¡Te voy a matar, hijo de puta! —grita Jonny.
Levanto la mirada. Dos tíos sujetan a Elliot de la misma manera que a mí, y cuatro a Jonny. Ambos tienen la cara destrozada, llena de sangre. Y los nudillos. Verlos duele más que todas las patadas de antes juntas.
Aprieto la mandíbula todo lo que puedo. Esto no tendría que estar pasando. Ellos no tendrían que estar aquí.
—Déjalos marchar —le pido a Toni, frente a mí—. Y haré lo que quieras. Por favor. Te lo suplico.
—Es un poco tarde para suplicar, ¿no crees?
—No. Nunca es tarde. Nunca es tarde.
—Si te atreves a tocarlo… —dice Elliot.
—¡Ya lo estoy tocando, Elliot! —Toni me coge un mechón de pelo y lo aprieta—. ¡¿Es que acaso no lo ves?!
—Si le haces daño, voy a ir a por ti con todo lo que tengo.
—Nos veremos en el infierno entonces. Pero de momento…
tú tienes que pagar por tus deudas, Benny —me dice—.
Por dejarme colgado y, sobre todo, por amenazar a mi chica.
No voy a dormir tranquilo hasta que te haga pagar por ello.
Es una espina que tengo dentro y necesito sacar.
Lo entiendes, ¿verdad? Sí, seguro que sí. Eres un chico muy listo.
El sonido de un coche que se acerca a toda pastilla nos sorprende a todos. Es el coche de Julián, lo reconozco desde la distancia a pesar de que tengo un ojo medio cerrado.
No. Sacudo la cabeza. Julián no debería estar aquí. Él no debería estar aquí.
Detiene el coche en un derrape y sale por la puerta del conductor. Y del otro lado sale Cannon.
¡No! ¡¡¡No!!! Cannon no puede estar aquí. ¡Todo esto lo he hecho para que Cannon no esté aquí!
Se me acelera el corazón, al borde de la taquicardia, y recibo el mayor golpe de mi vida. Si le hacen algo… yo… yo solo…
—Hazlo ya —le suplico a Toni, muerto de terror—. Por favor.
Asiente con la cabeza y me clava la navaja en el estómago.
Duele. Joder si duele.
—Ya estamos en paz —me dice y me deja caer poco a poco en el suelo.