Solo un juego más (Car Hockey 1) 28. Cannon
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28. Cannon

Cannon

Ningún jugador podrá abandonar el banquillo de sancionados, salvo al final de cada periodo o de la sanción.

Para cuando Blake vuelve a casa, me he sentado en el suelo, doblado las rodillas y escondido la cabeza entre las piernas. He reproducido mi conversación con Benji, sus gestos y movimientos, y me he resistido lo inimaginable a salir corriendo tras él.

—Voy a matarlo —masculla Blake al verme—. Joder, voy a matarlo y a la mierda todo.

Levanto la cabeza y lo veo dirigirse hacia la salida.

—Benji tiene miedo, Blake. Está muerto de miedo.

Blake frunce el ceño, se acerca a mí y se sienta a mi lado en el suelo.

—¿Qué quieres decir? ¿Miedo a qué?

Me abrazo las rodillas.

—A nosotros. A él y a mí. Y a algo más. Estaba… nervioso. Y asustado. Y él nunca está nervioso o asustado. Es el rey de la pasividad.

— Era el rey de la pasividad. Ahora solo es un tipo muerto. O lo será, cuando le ponga las manos encima.

—No vas a ponerle las manos encima.

—Ah, ¿no? Dame un motivo.

—No quiero que lo hagas. ¿Te vale?

—La verdad es que no.

—¿Y si te digo que me he enamorado de él?

Blake me mira fijamente.

—Vale. Lo primero: eso no me sirve de excusa para no ponerle las manos encima; es más, me espolea. Y lo segundo… Joder… No me jodas, Can. ¿De él?

—Eso parece. No elegimos de quién nos enamoramos, ¿verdad?

Blake chasquea la lengua.

—Son esos ojitos verdes suyos, ¿no? ¿O la manera en que devora libros? No puedes resistirte al intelecto. Es tu talón de Aquiles.

—Son esos ojitos verdes suyos. Es la manera en que devora libros.

Y cómo se remanga las camisetas en los hombros.

Es cómo le sienta el color verde, en general.

Es su amor por el hockey. El calor con el que sale al hielo.

Su lealtad a Elliot y a sus amigos. El modo en que patina.

El sonido de su risa. Es su manera de querer, limpia y sin reservas.

Es el hecho de que no es consciente de su manera de querer, limpia y sin reservas.

Pero, sobre todo, es el modo en que se enfrenta al mundo, vivo y apasionado, a pesar de que lo ha tenido todo en contra.

Es porque brilla, Blake. Brilla tanto que eclipsa al resto del mundo.

Blake se lleva las manos a los lagrimales y niega.

—Joder…

Sonrío a punto del llanto.

—¿Tan malo es?

—Sí. ¿Y él? ¿Qué dice él?

—Le ha entrado miedo. Un miedo atroz. Y se ha largado corriendo.

—¿Su cobardía también brilla, Cani?

—Benji no es un cobarde. Tú… tú no lo conoces. No tienes ni idea de quién es ni de por qué huye.

—Sí, eso va a ser…, que no lo conozco. He pasado muchas más horas con él que tú, pero eso no viene al caso ahora. ¿Cuánto tiempo habéis estado liados?

—Cinco meses.

—Casi desde que empezaste a entrenar a los Jaguars. ¿Por eso aceptaste? ¿Por él? ¿Porque te gustaba?

—No. Lo hice porque no me gusta ver triste a Lili. Y lo hice porque yo también echo de menos a Elliot. Pero jamás lo reconoceré en voz alta.

—Acabas de hacerlo.

—Ya, bueno, también he dicho que me he enamorado del hermano del hermanastro. De perdidos…

—Ven aquí. —Blake me abraza con fuerza—.

Joder, Cannon… Qué error de cálculo, joder.

Y eso que tú dominas las matemáticas. ¿Quieres…

, quieres estar con él? Porque quizá deberíamos llamar a Sofía.

O a Brandon. Ellos son los entendidos en relaciones amorosas.

A mí estas mierdas se me dan fatal, ya lo sabes.

Soy un desastre. Aunque antes de que ellos puedan aconsejarte, tendrás que esperar a que se les pase el estupor. Te has liado con Benjipollas, Can.

—Brandon lo sabe.

Blake deja de abrazarme y me mira con los ojos desorbitados.

—¿Qué? ¿Desde cuándo?

—Desde el principio.

—Pequeño cabrón hijo de puta —masculla en voz baja.

—Y Fallon.

Blake mastica alguna que otra palabrota y saca el teléfono, da un par de toques a la pantalla y escucho el inconfundible sonido de una llamada en espera.

Piii. Piii. Pi.

—¿A quién llamas?

—Chsss.

—¿Sí? —responde Fallon, adormilada.

—¿Sí? —repite Brandon casi al unísono, superdespierto.

—Sois unos cabrones. Los dos —les echa en cara Blake—. Habéis estado soltando mierda de Benji a todas horas de cara a la galería mientras por detrás le dabais consejitos amorosos a Cannon.

—¿Esto es en serio? —pregunta Brandon.

—Es más de la una de la madrugada. Y mañana tengo clase —añade Fallon.

—Os jodéis. Yo tengo entrenamiento y aquí estoy también.

—Eres tú el que nos está llamando —se queja Brandon.

—Y que Benjipollas estuviera liado con Cannon no le exime de que soltemos mierda sobre él —dice Fallon—. Tampoco le hemos dado consejitos amorosos. Eran más del tipo «No dejes que se corra de nuevo sobre ti, Cannon, por el amor de Dios».

—Oh, joder. —Blake pone cara de querer vomitar—. Gracias por la imagen, Fallon.

—Un placer.

—¿Benji ha ido a tu casa a las tantas de la noche para decirte que estaba liado con Cannon? —le pregunta Brandon.

A Blake se le quitan las ganas de vomitar y frunce el ceño.

—¿Cómo sabes tú que ha venido a mi casa?

Se hace el silencio al otro lado de la línea. Blake y yo compartimos una mirada.

—Bran…

—Puede que me haya pedido la dirección hace un rato.

—¡¿Y se la has dado?!

—Es evidente que sí, Sherlock.

—¡Tú eres gilipollas!

—¡Me lo ha pedido por favor!

—Bueno, vale ya —tercia Fallon—. ¿A qué ha ido a tu casa? ¿A pedirte su mano?

—Casi, casi. Ha venido a cortar con Cannon.

—¿Qué?

—¿En serio?

—Pero ¿qué ha pasado?

—¿Tengo cara de saberlo?

—No te veo el careto, Blake, no podría decirte.

—Empieza desde el principio —me pide Brandon.

—Que lo haga Cannon. Está aquí conmigo.

—¿Cani? ¿Estás bien? —Fallon.

—¿Qué ha pasado? —Bran.

—Poneos cómodos —les aconseja Blake.

—Yo voy a ponerme un café —dice Fallon.

—Tomas demasiado café.

—Ahora no, Bran.

—Solo digo que quizá una infusión te vendría mejor.

—Oh, cállate.

Blake y yo también vamos a la cocina y nos servimos un café, a pesar de las protestas de Brandon. Se lo cuento todo a mis hermanos y nos pasamos la noche hablando. A ratos, llorando. A ratos, riendo. A ratos, en silencio. A ratos, suspirando. A ratos, sorbiendo más café.

Brandon nos dice que lo veía venir. Fallon le contesta que él siempre lo ve todo venir.

Blake los llama traidores, a los dos. Cuando colgamos, son las seis y media de la mañana y el cielo se ha teñido de un rosa impresionante.

Nos damos los buenos días. Fallon tiene que ir a dar clase, Brandon a la universidad a diseccionar un cuerpo y Blake y yo al entrenamiento. Yo a entrenar a Benji.

Oh, Benji. ¿Qué hago contigo?

Unas horas más tarde, en la entrada de los vestuarios, por azares del destino, o porque la vida es así, choco con alguien.

Y ese alguien no es otro que Benji, claro.

Ambos nos quedamos mirándonos. Y es extraño, porque nos hemos visto hace pocas horas, pero siento como si lleváramos años sin hablar.

Nos siento distantes. Más distantes que incluso cuando nos caíamos mal, si es que en algún momento hemos dejado de hacerlo.

¿Puedes enamorarte de alguien que te cae mal?

¿Puedes enamorarte de alguien mientras te cae mal?

Me acerco a él y se echa hacia atrás, como si fuera a contagiarle una enfermedad mortal si lo toco, como el amor, hasta que choca contra la pared. Me acerco más. Acerco nuestros rostros. Mis labios a los suyos. Necesito comprobar una cosa.

—Ben… —susurro.

—¿Qu… qué haces? —susurra a su vez.

Probarte.

—Ya no estamos juntos —insiste.

Nos miramos a los ojos y otra vez detecto ese terror en su mirada. ¿Qué es lo que está pasando aquí? Le cojo un mechón del flequillo y se lo aparto de la frente.

—¿Qué me estás ocultando? ¿A qué tienes miedo?

—A n… nada.

—Me estás mintiendo. —Uno nuestras frentes de nuevo—. Y voy a averiguar por qué.

—No lo hagas, por favor —me suplica.

Un día después, el partido en casa contra los Zorros de Innsbruck es un desastre.

Elliot no se ha dejado ver por la pista desde la bronca con Julián, Julián está más insoportable que nunca, Benji patina como pollo sin cabeza, Jon se ha debido de olvidar de que es el capitán del equipo y los chicos juegan sin rumbo, cada uno a lo suyo.

Dos días más tarde, en el partido en casa contra los Tejones de Viena, nuestra falta de organización táctica brilla más que el propio Benji en sus mejores momentos. Tenemos un problema de equipo. Un problema de que no hay equipo.

Nos hemos roto. Nos hemos perdido.

En una semana, hemos perdido el posicionamiento que teníamos en la liga. Y no lo entiendo. No entiendo por qué perdemos. No entiendo que la falta de Elliot y las distracciones de Benji y Jon desmoronen a un equipo entero de hockey profesional.

Senticar

¿Qué les pasa a nuestros chicos? ¿Nos los han cambiado o qué? Ahora mismo @Matías.Lozano 20

No lo sé Ahora mismo @Víctor.Cañas 15

¿Y dónde está Elliot? Ahora mismo @Mélani.Hernández 9

No lo sé Ahora mismo @Víctor.Cañas 17

Bueno, pues pase lo que pase: ánimo, Jaguars. Estamos con vosotros Ahora mismo @Selena.Iniesta 55

A muerte Ahora mismo @Elena.Gómez 48

Se os quiere, gatitos de Julián Ahora mismo @Yesenia.Pedrerol 51