27. Benji
Benji
Los jugadores pueden atrapar el puck en el aire con la mano, pero deben colocarlo inmediatamente en el hielo.
Serán sancionados con una falta leve por «cerrar la mano sobre el puck»: si lo atrapan y patinan con él, ya sea para evitar una carga o ganar ventaja territorial sobre los contrarios; si lo hacen para ocultarlo o evitar que un contrario lo juegue, o si sucede en el área de portería de sus equipos (en este caso se sancionará con un lanzamiento de penalti).
—Te cojo las llaves del coche —le digo a Elliot de camino a la entrada, dando nuestra conversación por finalizada.
No vamos a llegar a ninguna parte por mucho que despotriquemos contra Toni, y yo tengo algo importante de lo que ocuparme.
—¿A dónde vas?
—Por ahí.
—Espera —Elliot sale de la cocina—, voy contigo.
—No —le digo mirándolo a los ojos.
—Sí —responde mirándome a los ojos.
—Sí —añade Jonny, que también sale de la cocina.
—Chicos…
Suspiro. He llegado a casa hace apenas un par de horas. Sigo con el miedo en el cuerpo. Con el corazón en la boca. Sigo temblando, por dentro y por fuera.
Les he contado a Elliot y Jonny lo que ha pasado con Toni, palabra por palabra.
Elliot quería salir a buscarlo y matarlo.
Jonny quería salir a rematarlo, por si sobrevivía a la ira de Elliot.
Yo solo quiero que se mantengan alejados de él.
Tengo que mantenerlos alejados mientras pienso qué hacer.
Pero primero, Cannon. La visión de Toni amenazándola con una cuchilla me asalta la cabeza. Me estremezco entero.
—No voy a dejarte solo ni a sol ni a sombra —me asegura Elliot—. Hazte a la idea.
—Estamos juntos en esto y no vas a deshacerte de nosotros —añade Jonny—, por mucho que suspires y te cagues en nuestros antepasados. Además, nadie se caga más que yo en mis antepasados. Es una batalla perdida para ti.
—¿Y si Toni nos vigila? No quiero qu…
—Lo perderemos de vista, no te preocupes. Conduzco yo. —Jonny me quita las llaves de la mano y abre la puerta.
—A mí no me importa que nos siga —comenta Elliot de camino al coche—, así le digo por dónde puede meterse su mierda de amenaza. No tengo el día hoy para más gilipollas.
No respondo. No quiero pelearme con Elliot en plena calle.
—¿Alguno de vosotros sabe la dirección? —pregunta Jonny, sabiendo a dónde nos dirigimos.
Elliot bufa y yo elevo los ojos al cielo.
—¿En serio? —pregunto—. ¿No te sabes la dirección?
—No, no me sé la puta dirección.
—Flipo.
—Joder, esperad —les pido.
Benji: Necesito la dirección de tu hermano.
Por favor.
La notificación de que el destinatario ha recibido y leído el mensaje me llega casi al instante. Y la respuesta.
Brandon: ¿De Blake?
Benji: Sí.
Brandon: ¿Barcelona?
Benji: Sí.
Brandon: Ubicación
Benji: Gracias.
Brandon: Úsala bien.
Los más de cien kilómetros que separan la Costa Brava de Barcelona se me antojan demasiado cortos.
Vamos solos en la carretera, apenas acompañados de cuatro coches al azar y el manto de luz que nos proporcionan la luna y las estrellas.
Jonny conduce en silencio, Elliot atiende la llamada nocturna diaria de Viktor, previa a la mía, y yo cuento las líneas blancas punteadas.
Para cuando quiero darme cuenta, estamos aparcados en zona prohibida frente al portal de Blake, en el centro de la ciudad.
—Un edificio de pijos, cómo no —masculla Jonny.
Apenas lo escucho. Ni lo que le replica Elliot. Leo los mensajes que me ha estado mandando Cannon en las últimas horas por enésima vez.
Cani Pooh: Le habéis dado bien de cera a Julián. No es que no tengáis razón, que tampoco sé si la tenéis porque necesito más datos, pero le habéis dado bien de cera.
Cuida de Elliot. Nos vemos mañana en el entrenamiento.
Cani Pooh: ¿Todo bien?
Cani Pooh: ¿Benji?
Cani Pooh: ¿Ben?
Cani Pooh: Vamos, dime algo para que sepa que estás bien.
—¿Nos han seguido? —le pregunto a Jonny.
—No.
—¿Me lo juras?
—Te lo juro.
Abro la puerta del coche. Por la derecha se acercan tres chicas. Sus tacones resuenan en las baldosas adoquinadas y sus carcajadas en el resto de la calle, supertransitada para la hora que es. Aprovecho que justo entran en el portal para colarme dentro.
—Soy hermano de Blake —le explico al portero, que debe de reconocerme porque me deja pasar—. Ático A.
Comienzo a subir las escaleras de mármol de dos en dos mientras las chicas hablan de Blake y dejan caer risitas confidentes. Cuando llego a su planta, toco la puerta con los nudillos.
—¿Qué coño haces tú aquí? —me pregunta Blake en cuanto abre y repara en mí.
Debe de haber llegado a casa hace poco, porque aún va vestido con vaqueros y camiseta y no se ha descalzado.
—He venido a hablar con Cannon.
—¿Con Cannon? ¿Qué mierda tienes que hablar tú con Cannon que no pueda esperar hasta mañana en el entrenamiento?
—Es personal.
—¿Perso qué? ¿Perso…? Oh, joder. —Gira la cabeza hacia el interior de la casa y yo aprovecho para colarme, una vez más.
Cannon se acerca a la entrada—. Esto es lo que me has estado ocultando, ¿verdad?
—le echa en cara a su hermana, señalándome—.
¡Benjamín Schmidheiny! Eh —me dice al verme dentro—. No te he dicho que puedas pasar.
—Tarde. Ya estoy dentro. ¿Nos dejas solos?
—No. ¿Desde cuándo está pasando esto? —Blake nos señala a Cannon y a mí.
—No es asunto tuyo —respondo.
—Ya lo creo que es asunto mío.
No tengo tiempo para esto.
—¿Por qué no te largas a comprar un bollo de esos rellenos de crema que tanto te gustan y te lo comes sentado en un banco?
A Blake se le hinchan las aletas de la nariz, y los cojones, estoy seguro, pero me importa una mierda.
—A ver si consigues convencerme de que no te dé dos hostias aquí y ahora, soplapollas.
—Guau, Blaky. Todo se pega, ¿eh?
—Ya vale —tercia Cannon, y se interpone entre ambos, separándonos con sus brazos—. Déjanos solos, Blake.
—No.
—Por favor.
Blake suspira; nunca ha sabido decirle que no a Cannon.
—Son más de las doce de la noche —se queja—, ¿a dónde queréis que vaya?
—¿Tengo que repetirte lo del bollo y el banco?
—Pero ¿a ti qué coño te pasa hoy? —Blake se aparta de Cannon y viene a por mí—. Estás más tonto de lo normal. ¿Ganas una apuesta si te doy las dos hostias o qué?
Cannon intercede de nuevo, haciendo más fuerza entre los dos para que no lleguemos a las manos.
—Vete, Blake. Ya —le ordena.
—Te estoy vigilando, gilipollas —me dice antes de irse y me hace la señal de los dedos.
Elevo los ojos al cielo. Imbécil. Blake abre la puerta y se larga dando un portazo.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta Cannon al instante—. ¿Estás bien? Te has pasado un montón con Blake.
Entro en el salón, apenas iluminado por una lámpara de pie junto al sofá, sin ser capaz de enfrentarme a sus preciosos ojos azules.
—¿Podemos hablar? —pregunto, forzando la voz más fría de la que soy capaz, y pongo los brazos en la cintura.
—C… claro —balbucea—. Pero ¿estás bien? —Se acerca a mí y me retira el pelo de la frente.
Quiero apartarme, pero soy incapaz. Entonces recuerdo a Toni, recuerdo que su punto de mira está en Cannon, recuerdo que quiere clavarle una cuchilla en el cuello, y retrocedo.
Cannon deja caer el brazo—. Parece que fueras a cortar conmigo, Ben.
Joder —exclama al verme la cara; debo de ser muy transparente en este momento—, ¿vas a cortar conmigo? ¿En serio vas a cortar conmigo?
—Cannon…
—¿Por qué?
—¿Qué importa el porqué?
—¡Claro que importa! Benji… N… no entiendo. No te entiendo. ¿Qué ha pasado?
—La temporada regular está a punto de terminar —me invento sobre la marcha.
—Pero aún no ha terminado. Aún estamos a finales de marzo. Queda un mes para que acabe. No has cumplido tu reto.
—Tú has cumplido el tuyo. Tienes a Elliot.
—No lo tengo.
—Sí lo tienes. Y lo sabes. Y ni siquiera yo he tenido que terciar. No he hecho nada para acercaros. Lo habéis hecho solos, tal y como predije que sucedería.
—No. ¡No! —Levanta los brazos—. Esto no trata de Elliot. No lo metas. ¿Por qué quieres cortar conmigo? ¿Por qué hoy? ¿Por qué ahora, de repente? ¡Contéstame!
«Porque Toni te ha encontrado, y si te toca un solo pelo de la cabeza, yo me muero».
—Porque la temporada regular está a punto de terminar —insisto.
—¡No me des una excusa de mierda, Benji!
No me mientas a la cara. No me digas que te has cansado de mí o que ya hemos follado demasiado.
No me tomes por imbécil. ¿Me he acercado demasiado a ti?
¿Es eso, Benji? Nos hemos acercado demasiado, ¿verdad?
Más de lo que querías. Más de lo que estabas dispuesto a dar.
¡Vamos, contesta! —grita al ver que no digo nada—.
Y sé sincero. ¡Sé sincero conmigo por una vez en tu vida! ¡Dime la verdad!
—¿La verdad? —Me acerco a ella, dispuesto a acabar con esto de una vez por todas—.
¿Quieres la verdad? ¿Quieres que te diga lo que de verdad siento?
¿Lo que pienso —nos señalo— de nosotros juntos?
La verdad es que tú y yo no pegamos ni con cola.
—Veo la sorpresa en su mirada—. Oh, vamos, Cannon.
Ni siquiera tú puedes ser tan inocente. ¿En algún momento has pensado que íbamos a hacerlo?
¿Tú nos has visto? Yo pertenezco a la calle y tú a la realeza.
—Pero ¿qué dices?
«Lo que sea, con tal de alejarte de mí. Y tampoco es que me falte razón. Mereces a alguien mucho mejor que yo».
—No tengo nada que ofrecerte. Absolutamente nada. Y lo sabes. Lo sabes desde la noche que nos conocimos. Pertenecemos a mundos diferentes.
—No hay mundos diferentes, Benji. Solo hay uno.
—Mentira. ¡Es mentira, Cannon! Está el mundo de los indeseables y el mundo de los poderosos.
Y no se mezclan. Si acaso, colisionan, como hemos colisionado tú y yo toda nuestra vida: tú naciste entre sábanas de seda; yo en un campo árido de Alicante; tú creciste con la vida solucionada; yo he tenido que luchar cada día por sobrevivir.
Vivía en una pista de hielo. En tu puta pista de hielo.
Yo rebuscaba en la basura para encontrar comida, comida que tú tirabas porque te sobraba.