Solo un juego más (Car Hockey 1) 23. Cannon #2
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23. Cannon #2

—¡Sé jugar al hockey! —le devuelve el grito el otro cuando pasa por nuestro lado.

—A veces no lo parece.

—Vete a la mierda.

Después de meses conviviendo con ellos, aún no sé si esto son preliminares para matarse o follarse.

16 de enero. Partido fuera de casa contra los Danubios de Linz

Los chicos corren fuera de la línea azul y forman un elegantísimo arco hacia la meta a lo ancho de la pista, patinando como torbellinos.

Dios, qué bonito. Van a toda velocidad cuando llegan a la línea central y Emilio, detrás de ellos, les pasa el puck.

Benji lo lanza hacia la portería a una velocidad que no me creería si no la estuviera viendo en vivo.

Gol.

Chocan los sticks para celebrar y… ¿No es uno de los mejores sonidos del mundo? Casi tan bonito como las carcajadas de Benji y la manera en que pronuncia cualquier diminutivo de mi nombre. Espera. Frunzo el ceño.

—¿Has visto lo rápido que patinan? —me pregunta Julián al oído, interrumpiendo mis pensamientos.

Asiento sin dejar de observarlos.

—Gracias, Cannon.

Sonrío.

20 de enero. Día libre

Creo que Benji ha perdido una apuesta, porque se ha cortado el pelo, y él adora su pelo.

Viste una camiseta verde remangada en los hombros.

El verde le sienta bien. Y el pelo corto.

Se le levanta en grupos oscuros que hacen que los dedos me piquen para alisarlos.

La verdad es que, obviando que en ocasiones es un poco gilipollas, es perfecto.

Pero negaré haberlo dicho.

23 de enero. Partido en casa contra los Petirrojos de Londres

En su primer descanso, Benji se equivoca de botella y se echa la bebida energética por la cabeza pensando que es agua.

—¡Jodeeer! —grita—. Mierda.

«Mierda», digo yo, porque cómo está el chico con el pelo mojado. No importa que sea agua, zumo o vinagre. Jon le limpia la cara con una de las toallas, en plan cachondeo, y yo miro hacia otro lado porque ahora está aún más guapo.

Un par de minutos después, sentados y concentrados en el banquillo, observan la tablet de Julián con la última jugada que les ha propuesto. Ambos levantan la vista al mismo tiempo y asienten a Julián. Me encanta su amistad y complicidad. Y no voy a negar la debilidad que siento por Jon.

7 de febrero. Partido fuera de casa contra los Linces de Turku

Jorge se acerca a Elliot, Benji y Jon, sentados en el banquillo mientras esperan a que Julián los saque de nuevo, y les enseña algo. Es un botecito, muy pequeño.

—¿Qué es eso?

—Oledlo.

Se lo pone a Benji y Elliot bajo las fosas nasales y ellos se echan atrás al instante.

—Hostias.

Sacuden la cabeza, y Jon se lo quita a Jorge de las manos y se lo lleva a la nariz.

—Joder, es como una hostia en el cerebro. ¿Es legal?

—De momento sí.

Oh, sales aromáticas. He leído sobre ellas. Tienen un olor similar al amoníaco y algunos deportistas las usan para despertar el cerebro y mantenerlo alerta.

Son como una bofetada. El efecto no dura demasiado tiempo, pero el suficiente para que los chicos dejen de bostezar y se pongan alerta.

—Es más efectivo que los plátanos —dice Elliot.

Julián se lo quita a Jon de las manos y se lo lleva a la nariz.

—Joder —masculla.

—Ahora puedes salir a meter goles, Juls —le dice Elliot—. A ver si sudas un poquito.

—Más quisieras —responde el otro.

Elliot, Jon y Benji comparten una mirada y… creo que me he perdido algo.

19 de febrero. Partido en casa contra los Boreales de Gotemburgo

Un aroma familiar flota a través de mis sentidos cuando alguien se coloca a mi lado en la barandilla. Me viene una imagen a la cabeza, tan inesperada como inevitable.

El entrenamiento ha terminado y Benji está descalzo (los demás van en chanclas, pero él, siempre descalzo) y apoyado en la pared del vestuario mientras escucha la discusión de Elliot con el resto del equipo sobre si la pizza debe o no llevar plátano.

Tiene un pie sobre el otro y un brazo en la cadera.

Los pantalones cortos deportivos del equipo por encima de los de compresión y la gorra en la cabeza, hacia atrás.

Los calcetines también por encima de los de compresión.

El conjunto le queda increíble. Es sexy y mono al mismo tiempo. Se me hace la boca agua.

Sacudo la cabeza y despego los ojos de la tablet .

Benji se ha acercado a beber de una de las botellas de bebida deportiva.

Hoy llevan el traje alternativo del equipo, azul entero, y está guapísimo.

Levanta la cabeza y se lanza el chorro a la boca.

Me excito. Mierda. No puedo excitarme en un partido.

Benji solo se está hidratando. Hidratando, hidratando, hidratando.

Piensa en la hidratación, Cannon. Piensa en la bebida.

—¿Estás bien, Can?

—¿Qué?

Benji me mira con el ceño fruncido; después sonríe y me guiña un ojo. Yo le guiño otro. Me sopla un beso, para vacilarme, y yo le soplo otro. Y ambos nos reímos mientras negamos con la cabeza.

Me pregunto cuándo hemos empezado a llevarnos bien.

O si acaso lo hacemos. ¿Seguimos no soportándonos el uno al otro?

¿Sí? ¿No? Porque siento que se nos ha olvidado quiénes somos.

Siento que me muevo en terreno resbaladizo.

Siento, siento, siento. Eso es. Siento. Así que… ¿somos amigos? ¿Nos… gustamos?

Nunca he deseado a nadie tanto como lo deseo a él. Nunca he necesitado el contacto físico con nadie como lo necesito con él. Nunca he querido hablar de todo con nadie como con él. Y nunca me he sentido tan a gusto con nadie más.

Y es alucinante, porque este es Benji Schmidheiny.

Y Benji Schmidheiny y yo no nos llevamos bien.

No encajamos. Nunca lo hemos hecho. Pero aquí estamos ahora, comunicándonos con la mirada una vez más, una habilidad que, al parecer, hemos adquirido sin darnos cuenta.

No existía un mundo en el que pudiéramos sentirnos cómodos el uno en presencia del otro, pero aquí estamos.

22 de febrero. Partido fuera de casa contra los Corzos

de Montpellier

Benji está imparable en la pista últimamente; vuela sobre los patines y no hay quien lo alcance.

Después de no sé cuántos penaltis y juego sucio por parte de los rivales, empatamos y nos vamos a la prórroga.

Benji mete gol en los primeros diez segundos y ganamos.

Todos se lanzan a sus brazos, lo tiran al hielo y lo cubren con sus cuerpos.

Sonrío y me aguanto las ganas de unirme a ellos.

Y de gritarles que lo dejen respirar. Me lo van a matar.

25 de febrero. Partido fuera de casa contra los Quebrantahuesos de Ginebra

Me despierto porque Benji está gritando. No recuerdo habernos quedado dormidos en su cama. Está sufriendo otra de sus pesadillas. Apenas han pasado unos días desde la última. Lo abrazo con fuerza y no consigo conciliar el sueño de nuevo.

27 de febrero. Partido fuera de casa contra los Demonios de Barcelona

Las cosas entre Elliot y yo siguen raras. No sé quiénes somos.

No somos los Cannon y Elliot de antaño, pero tampoco los Cannon y Elliot que se odian y se censuran con la mirada.

Es como si el tiempo se hubiera detenido solo para nosotros desde el día de Navidad en el recibidor de su abuela.

Y me pregunto si tendremos que esperar a las próximas Navidades para continuar donde lo dejamos, como si fuéramos un villancico que alguien pausa hasta once meses después, o si nos vamos a quedar así para siempre.

A mí siempre me han gustado los villancicos, eso lo tengo claro.