Solo un juego más (Car Hockey 1) 15. Cannon #2
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15. Cannon #2

—No voy a venderlo en el mercado negro. ¿No querías desenterrar el pasado? Bien, desenterremos el pasado. Te pusiste del lado de Elliot porque siempre lo defenderás a capa y espada, aunque no tenga ni pizca de razón.

—Sí —reconoce, sin un poquito de vergüenza.

—Ya. Pues no deberías justificarle siempre todo por lealtad, Benji.

—¡No sé hacerlo de otra manera, Cannon!

—¡Aprende! Una lealtad sin límites es contraproducente. Un apoyo incondicional puede llevarse por delante a quien no se lo merece. ¡Y tú arrasaste conmigo! Y yo solo…, yo solo…

—¿Tú solo qué?

Enmudezco. Y me viene a la memoria otro recuerdo.

Benji y yo llevábamos un año odiándonos, compitiendo en el hielo. Una noche, él lanzaba pucks a la red desde el centro de la pista mientras yo patinaba. Estábamos solos.

—Tienes una puntería horrible —le dije, en plan crítica constructiva.

—Y tú, una cara horrible.

—Oh, qué original.

—Gracias, llevo ensayándolo toda la tarde.

—¿Llevas toda la tarde pensando en mí? Qué tierno, Benji Pooh.

—Te he dicho —Benji lanzó otro puck sin mirar— que no me llames Benji Pooh si no quieres que yo no te llame a ti Cani Pooh.

—Me da igual cómo me llam…

Clang.

El puck impactó de lleno en la botella metálica que yo sostenía en la mano.

Esta salió disparada y yo grité cuando el agua helada me empapó.

Me caía por el flequillo, la nariz y la barbilla.

Benji abrió mucho los ojos. Yo me quedé tiesa en mitad de la pista.

Y, de pronto, él rompió en una carcajada.

Tan fuerte y tan real que se dobló sobre sí mismo.

Luchó con todas sus fuerzas por detenerse, se lo vi, pero cada vez que me miraba volvía a doblarse.

—Te odio muchísimo —dije.

—Sí, sí, espera…, espera…, que no puedo respirar.

Me esforcé por mantener mi expresión indescifrable, pero acabé riendo también.

Benji patinó hacia mí y me secó el agua de la frente con el borde de su sudadera. Luego la nariz. Y por último una gota que resbaló por mi mejilla. Nos sostuvimos la mirada, hasta que, a lo lejos, sonó una máquina limpiadora y nos separamos.

Fue la primera vez que reímos juntos, en vez de reírnos el uno del otro.

Después, le lancé un puck a la cabeza y volvimos a discutir.

Pero algo cambió esa noche. Lo sé porque mis ojos empezaron a buscarlo constantemente.

Y los suyos me esperaban. Creo que fue el principio de «algo».

Entonces sucedió lo de Lili y mi padre y todo se fue a la mierda.

—¿Te acuerdas de la botella de agua que me tiraste encima sin querer? —le pregunto—. ¿Te acuerdas de que estuvimos a punto de enterrar el hacha de guerra? ¿Te acuerdas, Benji? —insisto al ver que no responde.

—A veces —murmura.

—Ya… ¿Sabes lo que te habría pedido hace diez años si no me hubieras ignorado?

—¿Qué?

—Ayúdame a acercarme a él, Benji Pooh, por favor.

—¿Y ya está?

—Ya está.

—¿Tanto lo quieres?

—Lo bastante como para acostarme contigo.

Ahora es Benji el que ríe sin ganas.

—No sé si sentirme halagado o insultado.

—Tú mismo.

—¿Y podrías decirme cómo vas a ser capaz de acostarte conmigo si no me soportas?

—¿Cómo vas a hacerlo tú conmigo?

—Solo es sexo, Cannon. No soy exigente. Y yo sí te soporto a ti.

—A lo mejor yo también te soporto a ti. De todas formas, no hace falta caerse bien para meterse en la cama.

No voy a regalarte los oídos, pero ¿te has mirado en un espejo?

Cualquiera al que le gusten los tíos podría mantener relaciones contigo.

E incluso algunos a los que no les gusten los tíos, me atrevo a decir.

Yo formo parte de ese «cualquiera». Solo tendría que cerrar los ojos.

O follar a oscuras, como la última vez. Y que no abrieras la boca, claro.

Entonces, follar contigo será como un paseo en bicicleta.

—¿Sí?

Clava sus ojos en los míos y me dedica la mirada más desafiante de nuestra historia.

¿Tensión? ¿He dicho que la tensión entre nosotros era palpable?

Ya, pues ahora no es que sea palpable, es que se ha tragado la pista y solo existimos ella y nosotros.

Y me doy cuenta de que Benji no tiene ni idea de quién soy.

Me condena sin tener ni idea de quién soy.

«Pues prepárate».

Lo cojo del brazo, lo muevo y lo empotro contra la barandilla.

Me arrodillo en el suelo acolchado, agarro la parte delantera de sus pantalones de chándal y, en un movimiento rápido, se los bajo hasta que se deslizan sobre su polla flácida.

Benji ahoga un gemido ahogado que fluctúa entre el desconcierto, el desafío y el deseo.

No conozco sus gemidos, así que no me veo capaz de decidirme entre uno u otros.

Cuelo las manos por debajo de su sudadera y se la levanto por encima del ombligo.

Benji se estremece y sus exhalaciones se vuelven temblorosas, supongo que porque tengo las manos frías, y mientras ellas vagan por su piel, yo me pierdo unos segundos en el tatuaje de su abdomen.

Es una especie de águila en vuelo con una rama en el pico. Es bonito. Muy bonito.

Cuando inclino la cabeza hacia su polla, ya está semierecta. Sonrío con socarronería y levanto la mirada hacia sus ojos, combativos y provocadores.

—Te apuesto lo que quieras a que no me duras ni cuatro minutos.

—No has andado tanto en bicicleta, aunque creas que sí.

—Ya veremos.

Cuando me meto su erección en la boca, está dura como un glaciar de la maldita Antártida. Muevo las manos por sus musculados muslos y llego hasta su culo, lo aprieto y me la entierro aún más. Y por mi puto orgullo que no pienso atragantarme. Tampoco la tiene tan grande.

Benji deja escapar ese sonido de nuevo y ahora sí lo reconozco. Es un gemido de placer. Se deja caer en la barandilla, se agarra a ella con ambas manos y se pone casi de puntillas, apretando las caderas sobre mí. Su vello púbico, que huele a jabón, me hace cosquillas en la nariz.

Comenzamos a movernos en una especie de danza sincronizada.

Una danza que él y yo jamás hemos bailado (que yo recuerde, al menos), y, tras unos segundos, sé lo que le gusta y lo que no en función de cómo contiene la respiración o deja escapar sonidos que fingen sin éxito no ser gemidos. Lo conozco como la palma de mi mano.

Tengo la boca llena de mi saliva y de su líquido preseminal, y se lo metería todo en la suya, para que probara la mezcla explosiva, si no fuera porque tendría que dejar de hacerle la mamada de su vida.

Reconozco que al principio he pensado que esto sería raro: estoy chupando la polla de Benji; pero no lo es. Es excitante. Y Benji sabe bien. Sorprendentemente bien.

La pista se colma de sus gemidos, que rebotan en el hielo y las paredes, y yo tengo que tragarme con todas mis fuerzas los míos. Porque toda esta situación me está poniendo a cien, pero no pienso darle esa satisfacción. Suelto su polla y le cojo las pelotas.

—Deja de resistirte —le aconsejo—, no vas a probar nada.

Le paso la lengua por la punta y la meto en la abertura.

A Benji se le pone la piel de gallina y grita sin poder evitarlo.

Está a punto de correrse por la gloria de mi boca.

Pero no va a hacerlo contra mi garganta.

Por encima de mi cadáver. Me recreo un par de segundos más y me retiro justo a tiempo.

El orgasmo de Benji comienza a salir a borbotones por la misma abertura donde acabo de tener la lengua.

—Joder. Aaah, ¡joder! —grita.

Sus caderas se mueven en pequeños espasmos, como si lo estuvieran electrocutando desde atrás, y sus manos siguen afianzadas a la barandilla con tanta fuerza que los nudillos están blancos como la escarcha. Oh, y su cara. La grabo en las retinas.

Así que así es como se corre Benji. Está guapo. Mucho.

Se muerde el labio, ya de por si magullado, y comienza a sangrar. Yo me levanto y me acerco hasta que nuestros cuerpos se rozan.

—Me va a encantar verte de rodillas entre mis piernas.

Y ahí lo dejo, con los pantalones por debajo de las caderas y los ojos fuera de las órbitas.

Cannon - 1

Benji Pooh - 1,5

El medio punto se lo concedo porque yo también me voy caliente para casa, y eso no pasa todos los días.