Solo un juego más (Car Hockey 1) 12. Benji #2
41%

12. Benji #2

Elliot se sienta en su silla de siempre y yo, enfrente.

Álvaro y Jonny entran también en la cocina.

En un par de movimientos sincronizados, sacan un par de tazas del armario, se sirven café y cogen unas magdalenas.

¿No tienen resaca? Bebieron tanto o más que nosotros.

Álvaro se sienta junto a mí y Jonny enciende el reproductor de música.

Se mueve por la pantalla hasta que se topa con lo que busca: Wake Me Up Before You Go-Go.

Ja-ja. Me parto y me mondo.

Se sienta a mi otro lado y me indica con la mano que comience a hablar. Casi le doy las gracias y todo.

—Ha pasado algo —le digo a Elliot—. En mi cama.

Elliot alza las cejas. Álvaro moja una magdalena en el café y se la traga casi entera de un bocado. Jonny se lleva la taza a los labios, pero no nos quita la mirada de encima. Ninguno lo hace. Ambos nos miran expectantes, ávidos de cotilleos.

«Cabrones».

Sacudo la cabeza.

—Me he acostado con alguien —continúo.

—¿Quieres la enhorabuena? Porque te acuestas con alguien cada dos días, Ben.

—Ha sido con Julián —deja caer Jonny, como quien no quiere la cosa.

Elliot escupe el café, manchándolo todo, y Álvaro se atraganta con la puta magdalena. Yo levanto los brazos.

—¡Cannon, Cannon! ¡Con Cannon! ¡Me he acostado con Cannon! —grito, y le doy un golpe a Jonny en el brazo—. Pero ¿a ti qué te pasa?

—¿A que ya no parece tan malo? —le pregunta a Elliot.

Joder, cómo se pasa. Dios, me entran escalofríos solo de pensar que podría haber estado Julián en esa cama. Aunque supongo que me habría dado cuenta…

Me levanto a por un trapo para limpiar el desastre.

—¿Cannon Donnelly? —me pregunta Elliot cuando se ha recuperado de la impresión y recobrado la respiración, y gira la cabeza hacia atrás para mirarme—. ¿Te has acostado con Cannon Donnelly? ¡¿En serio?!

Yo suspiro en respuesta.

—Joder, debe de odiarte mucho menos que a mí. No sé si felicitarte o darte un par de hostias, Ben.

—¿Y ya está? —dice Jonny, ofuscado. Bufa—. Pensé que iba a haber más drama. No es justo.

—Ben es la debilidad de Elliot —añade Álvaro—. No puede enfadarse con él. Deberías haber contado con ello. Me debes cincuenta pavos.

¿Qué? ¿Cuándo coño han apostado estos dos?

—Pero se ha acostado con el enemigo. No es justo —insiste Jonny.

Bufo. ¿En serio? Lo miro con cara de querer decirle mil cosas. Una de ellas es: «¡Deja de meter baza!».

—Ha sido sin querer —aclaro—. No sabíamos quiénes éramos.

Y Elliot sabe que yo jamás haría nada que pudiera dañarlo. Antes muerto.

Me topo con mi teléfono móvil en el mostrador de la cocina. Me lo debí de dejar aquí anoche. Echo un vistazo rápido. Tengo un mensaje de Xavi.

Xavi es uno de nuestros colegas desde hace mil años. Es hijo del dueño de medio pueblo, incluida la bolera y un par de bares.

—¿En serio, Ben? —me dice Elliot—. No sé ni qué coño decirte.

—Dime que no estás enfadado conmigo. ¡Joder! —exclamo al leer el mensaje.

—¿Qué?

—Tengo un mensaje de Xavi.

Lo leo en voz alta.

Xavi Bolos: Tío, hace un rato he mandado a Cannon a la cama. Me ha dicho que eres su hermanastro. He flipado, aunque es cierto que se da un aire a Blake… Acaba de subir las escaleras con un nivel de alcohol en sangre top top top. Vamos, medalla de oro.

Te lo diría en persona, pero le estás entrando a saco a una rubia y no quiero interrumpir. Y Elliot está KO en el sofá… ¿Quién lo ha tumbado esta vez?

Por cierto, creo que Cannon ha ido a la ¿segunda puerta a la derecha? Te lo digo para que no haya sorpresas.

¡Chao, bacalao!

PD: Qué fiestones os montáis. Top top top. Os amooo. Bye.

PD2: Me encanta Cannon. ¿Puedo liarme con ella?

—No recuerdo haber visto ni a Xavi ni a Cannon —dice Álvaro pensativo.

Benji : No. No puedes liarte con ella.

Me responde al momento.

Xavi Bolos: ¿Por qué no?

Benji: Porque no.

Xavi Bolos: Tííío, eso no es una respuesta.

Benji: Porque Cannon es familia y tú eres un rompecorazones. Si destrozas el suyo, voy a tener que enterrarte en el jardín de la abuela de Elliot. ¿Te vale?

Xavi Bolos: Blake también es familia y no te pones tan tiquismiquis cuando le meten la lengua hasta la campanilla.

Benji: Ya me has oído.

Y hab lando de Cannon, también tengo un mensaje suyo de ayer. Es la foto de una botella de ron, acompañada de dos de sus frases favoritas.

Cani Pooh: Chúpate esa.

Gilipollas.

Respondo de inmediato.

Benji: Nah, eso es más cosa tuya.

Y límpiate bien la cara a la altura de la barbilla.

Es mi segundo consejo del día.

—Menos mal que la fiesta fue en nuestra casa —añade Jonny.

—¿Y cómo llegó Cannon hasta aquí? —pregunta Elliot.

—La traje yo —digo y levanto la vista del teléfono—. Entró en el bar de casualidad y se pasó con el ron.

—¿Cannon? ¿En serio?

—Pero la dejé en la cama de Álvaro.

—¿Qué? ¿Por qué? —se queja el susodicho.

—Oye, ¿y qué pasó con Rory? —pregunta Jonny—. Yo la vi subir las escaleras hacia tu cuarto. Me apuesto la mano derecha.

Y yo, joder. Y yo.

—Fijo que vio a Cannon en tu cama y se dio media vuelta —responde Álvaro.

—Podía haber avisado.

—Pufff…, tías…

—Buah, ya no pillas con ella ni de coña.

—Pero… ¿por qué no la vimos bajar? —pienso en voz alta.

—Eso digo yo. ¿Dónde estabas? —me pregunta Elliot.

Buena pregunta. ¿Por qué no subí con ella? Entrecierro la mirada e intento recordar, pero lo único que habita en mi cabeza son miles de martillazos.

—¡Ostras, tíos! —exclama Álvaro.

—¡¿Qué?!

—¡Ayer nos llamó Julián!

—¿Qué? —pregunta Elliot.

—¿Cuándo? —añado yo.

—¿Por qué? —Jonny.

—A las mil de la madrugada. Después de que Elliot perdiera el conocimiento. Nos dijo que lo llamaras en cuanto te despertaras —le dice.

Elliot frunce el ceño.

—Qué raro. —Coge su teléfono y…—. ¡Mierda! Le mandé un mensaje.

—¿Le mandaste un mensaje?

—Le mandé un mensaje.

—¿Qué mensaje?

—Este mensaje.

Elliot nos muestra la pantalla de su teléfono.

—Hostias…

—Joder…

—Tío, ¿qué os digo siempre de los teléfonos? —dice Álvaro—. ¡Fuera del alcance! Es de primero de borracheras.

—Voy a comprobar el mío.

Jonny se levanta a todo correr, con chirrido de silla incluido.

Elliot agacha la cabeza y choca la frente contra la mesa.

Buena idea. Hago lo mismo porque, joder, vaya noche.

Pero unos segundos después, aún con el rostro escondido entre mis brazos, sonrío.

Ver a Cani con el pelo disparado hacia todas las direcciones y fuera de su zona de confort hace sonreír a cualquiera.

Así que sonrío. Sonrío de oreja a oreja, porque, oye, el sexo y las sonrisas son directamente proporcionales.

—No estoy enfadado contigo —me dice Elliot sin alzar la cabeza—. Pero controla esa polla de aquí en adelante, ¿OK? No tenemos que joder a los Donnelly literalmente. No quiero que se nos vaya de las manos.

Sonrío aún más. Toda la razón.

—OK. No joder a los Donnelly literalmente. Apuntado.