Solo un juego más (Car Hockey 1) 11. Cannon #3
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11. Cannon #3

—Y deja de sonreír como un bobalicón.

—Sí, señora.

No me despido de mis colegas. La cojo de la mano, supercachondo, y nos dirigimos juntos a las escaleras, pero…

—Oh, mierda —exclama Álvaro.

… me detengo y me doy la vuelta en contra de la voluntad de mi polla, que no entiende eso de que los colegas son lo primero.

—¿Qué pasa?

—Es Julián. ¡Mierda, tíos! Me está llamando Julián.

—¿Alcalá?

—¿A estas horas?

Son las tantas de la madrugada, joder.

Álvaro nos enseña su teléfono a Jonny y a mí. El nombre «Gordiflakes» se intuye en la pantalla (no veo una mierda). Es el apodo que le puso Elliot a Julián cuando teníamos catorce años para poder hablar de él en clave.

—A mí también me ha llamado —dice Jonny mirando su teléfono.

—Tengo que cogérselo. —Álvaro.

—Ni de coña. —Jonny.

—¿Cómo no voy a cogerle? —Álvaro.

—Hazte el dormido. —Jonny.

—Ve subiendo a mi dormitorio —le digo a Rory—, segunda puerta a la derecha.

Y le guiño un ojo. Creo.

—¡Bajad la música! —grita Álvaro.

Vale, sí. La música. El altavoz del televisor está conectado a un teléfono móvil, pero ¿a cuál? ¡¿¿¿A cuál???!

—Ha colgado. —Álvaro.

—Pues mejo… —Jonny—. ¡Mierda! Me está llamando a mí. No pienso contestar. —Lanza el teléfono al sofá como si tuviera una enfermedad infecciosa y levanta los brazos.

Para cuando deja de sonar, ya he apagado la tele y estamos en silencio. Ni siquiera sé dónde está mi teléfono. Y el de Álvaro suena de nuevo. Contesta (ganándose un buen gruñido de Jonny) y lo pone en altavoz.

—¿Sí?

—Pásame con Elliot —le ordena Julián, frío. Lo de saludar y tal está sobrevalorado…

—¿Elliot? Se ha desmayado en el sof… —Álvaro pone cara de horror en cuanto se da cuenta de lo que ha dicho—. ¡Dormido! Dormido. Se ha dormido.

Jonny y yo nos llevamos las manos a la cara al mismo tiempo. Pero yo empiezo a reírme, y Jonny me imita y, mierda, no deberíamos estar riéndonos. Nos tapamos la boca con la mano.

—¿Se ha desmayado o se ha dormido? —pregunta Julián.

Son sinónimos. Elliot ha perdido el conocimiento hace unos minutos tras la ingesta del noveno chupito de tequila. Vamos, que está durmiendo la mona. Yo me mantengo en pie, orgulloso.

—Dormido. Dormido —aclara Álvaro. Todos miramos a Elliot, dormido en el sofá. Solo él sería capaz de hibernar durante días con cincuenta decibelios de música a su alrededor—. Se ha quedado dormido en el sofá… viendo la tele.

—¿Eres consciente de que estás balbuceando, Álvaro?

¿En serio? Yo lo oigo normal.

—¿Ba… bal… baba?

Julián suspira…

—Que me llame mañana a primera hora.

—Sí, señ…

… y cuelga.

—Te he dicho que no lo cogieras, tío —le dice Jonny, quejumbroso—. Mañana la va a pagar con nosotros en el entrenamiento. Y si ya de normal es brutal, cuando Elli lo cabrea es mejor elegir muerte.

—Mañana…

Drama. Mañana se avecina drama…

—… no tenéis entrenamiento.

—¡Hostias, es verdad! Fiestaaa.

… pero esta noche…

—Yo me piro —anuncio—. Rory me está esperando en mi cuarto. ¡Por fin!

Tanto Álvaro como Jonny me levantan los pulgares. La llamada de Julián es agua pasada, y yo subo las escaleras, feliz, dispuesto a echar el polvo de la semana. Entro en mi dormitorio y está todo tan oscuro que, joder, no veo nada, pero sí distingo un bulto en la cama.

Me quito la camiseta, me suelto el botón y bajo la cremallera del vaquero. La anticipación me puede.

Me tumbo en la cama, encima de Rory, y me lanzo a su boca. No dejo ni que inhale antes de agarrarle un mechón de pelo de la nuca, estrellar los labios contra los suyos y meterle la lengua en la boca. Sigo supercachondo y estoy superempalmado.

Me meto a fondo en el interior de su boca y gimo. Nos devoramos como posesos. Joder, qué bien sabe. Hay alcohol, pero también algo más. Algo dulce, suave e… insubordinado. Rebelde.

El corazón me empieza a latir muy fuerte y exploro a tientas su cuerpo hasta que llego al dobladillo de su camiseta. Me cuelo por dentro hasta que rozo con las yemas un pezón, firme y duro.

Se me hace la boca agua. Lo aprieto con los dedos y mi polla se muere del gusto cuando empuja sus caderas hacia las mías.

Meto la cara debajo de la estúpida camiseta y capturo el pezón con los labios.

Lo muerdo y le saco otro gemido y otro movimiento de caderas.

Uno que podría haberme atravesado a mí de lado a lado.

Vale, a la mierda la ropa. Le quito la camiseta y nos sentimos el pecho, el abdomen y los hombros sin barreras de por medio. Y el calor. Ambos ardemos.

Mi boca atrapa su otro pezón. Gimo. Gime. Gemimos. Estoy a punto de correrme y ni siquiera nos hemos bajado los pantalones.

Hundo la boca en su cuello y succiono hasta que me quedo sin aire. Nuestras caderas siguen tocándose y frotándose. Joder, me voy a correr. Me voy a correr. Necesito deshacerme de estos pantalones como sea.

Presiono mi cuerpo contra el suyo y me los bajo como puedo, ropa interior incluida. Me agarra del culo con una mano y la polla con la otra y…

«No te corras, Benji. Joder, no te corras tan pronto. O, espera. Córrete y vuelves a empezar».

Sí, vale. Eso es. Eso es lo que voy a hacer.