Solo un juego más (Car Hockey 1) 2. Benji #3
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2. Benji #3

Elliot se sitúa en medio de la estancia vestido solo con sus pantalones negros de compresión favoritos (con agujero en la nalga izquierda incluido) y la camiseta a juego, y comienza a mover el esqueleto.

No es el mejor bailarín, aunque ha mejorado tanto en los últimos años que es imposible resistirse a sus movimientos de brazos y cadera.

Mucho más a su buen humor y al carisma que derrocha por cada poro.

Elliot tiene un carácter de mierda y es un borde de cuidado, pero cuando está de buenas…

te roba el corazón. También es nuestro mejor jugador.

Los chicos le silban y aplauden mientras se visten y yo choco la mano con las de mis compañeros y bailoteo hasta mi sitio junto a Jonny, contagiado del ambiente que se respira siempre entre estas cuatro paredes.

Julián entra en el vestuario como un vendaval, ataviado con su traje oscuro más serio y equipado con su inseparable tabla de entrenador y su mala hostia de siempre.

Patrick, nuestro preparador físico, el mismo que nos hace sudar lo que no está escrito en los entrenamientos, lo sigue de cerca. Julián señala a Elliot con el dedo.

—A tu sitio. Ya. Y vístete.

Elliot acorta los pasos que los separan sin dejar de moverse al ritmo de la pegadiza melodía, acerca su rostro al de Julián más de lo que se considera políticamente correcto, y canta en un inglés perfecto la parte de la canción que suena sobre nuestras cabezas:

— Monday, Tuesday, Wednesday, and Thursday. Friday, Saturday, Saturday to Sunday.

Patrick ríe. Julián cruza los brazos y lo mira con mala cara, pero no lo empuja hacia atrás, y yo sé que en el fondo está aguantándose la sonrisa de su vida.

No puede evitarlo. Conozco a muy pocas personas que no caigan rendidas ante Elliot, y Julián nunca tuvo la más mínima oportunidad.

Elliot por fin obedece, siempre le obedece, y vuelve a su sitio a vestirse.

Julián se acerca a Jonny y le enseña la alineación de esta noche en un visto y no visto. Comienza a gritarla en voz alta:

—Primera línea delantera: ¡Jonathan, Benji y Elliot! —Los chicos gritan sus ovaciones—. En la defensa: ¡Jorge y Emilio! —Más ovaciones—. Portero: ¡Diego! Segunda línea delantera…

Elliot, Jonny y yo casi siempre vamos juntos. Tenemos la mejor química del mundo en el hielo.

Comienzo a vestirme antes de que me caiga la bronca del siglo. Julián es implacable dentro de la pista, y fuera de la pista…, joder, fuera de la pista también.

Coquilla, espinilleras, medias, pantalones, patines, camiseta de compresión, hombreras, coderas, camiseta, casco y guantes. Ese es el orden. Siempre. A no ser que te llames Elliot Schmidheiny.

Jonny lo mira de reojo y, al verlo con los patines puestos, pero sin los pantalones, niega. Es la segunda persona más supersticiosa sobre la faz de la tierra. Tiene veinte rutinas diferentes que llevar a cabo antes de un partido y no se salta ni una. Antes muerto.

Cuenta con todo mi apoyo, por supuesto. La primera persona más supersticiosa sobre la faz de la tierra soy yo. Elliot dice a menudo que a ambos nos faltan un par de veranos, por eso de espabilar, pero ahí está con sus pantalones de compresión de la suerte, con agujero incluido.

—¡Chicos! —nos grita Julián tras deleitarnos con la primera parte de su discurso prepartido—. Es la hora del calentamiento. ¡Elliot! Te quiero relajadito ahí fuera, ¿entendido?

—Entendido.

Se acerca a él y se inclina hasta que sus cabezas están muy juntas.

—Hablo en serio. Ignora las provocaciones y concéntrate en el puck. —Julián se gira hacia Jonny y hacia mí—. Esto también va por vosotros dos. —Los dos asentimos—. Sobre todo por ti, Jonathan.

—Está todo bajo control.

—Eso espero.

Doy varios golpes con el stick en el suelo al mismo tiempo que Jonny. Elliot lo hace después. El partido de hoy es complicado, emocionalmente hablando. Más complicado que, no sé, la teoría de cuerdas.

—Bien. —Julián da una palmada y se yergue—. Vamos a jugar al hockey.

Nos colocamos en círculo y Jonny pone la mano derecha en el centro.

—¿Qué somos?

Colocamos las manos encima de la de él.

—¡¡¡ JAGUARS !!!

—¿Y qué hacemos?

—¡¡¡Ganamos!!!

—¡Ganamos! —repite él.

—¡Y comemos Demonios! —dice alguien por ahí.

Todos estallamos en risas mientras movemos las manos arriba y abajo y gritamos:

—¡Ja-gu-arsss! ¡Ja-gu-arsss! ¡Ja-gu-arssssss!

El vestuario se llena de más rituales y mis compañeros comienzan a salir enfilados hacia el hielo. Elliot, Jonny y yo nos quedamos los últimos, como siempre. Nos miramos a través del visor del casco.

—Tíos —nos dice Jonny—, vamos a por ellos.

—¡Eh! —nos grita Julián una vez más—. ¿Tengo que ir a por vosotros?

Elliot eleva los ojos hacia el cielo, Jonny choca su casco contra el de él y yo sonrío. Me quedo tras Elliot y Jonny y los observo caminar sobre sus cuchillas, feliz.

No supe que lo que sentía al estar en el hielo era felicidad hasta mucho después. Al principio solo me sentía libre. Después me hice dependiente de él, como el verano del sol.

No soy tan iluso como para creer que Ricardo se ha olvidado de mí. Sé que la posibilidad está ahí y que puede venir a buscarme en cualquier momento, a pesar de que ahora soy un Schmidheiny. La gente como él no teme un apellido. Pero de momento…

Comienza el espectáculo.