Capítulo 30 #2
El silencio posterior posee peso. Broen contempla el pergamino, pero su rostro no muestra triunfo.
Roderick le ha entregado un clan después de negarle durante toda una vida hasta el derecho a conocer quién era.
Niall, en cambio, mira a los MacLeod como quien ve retirarse el suelo bajo sus pies y aún busca a quién arrastrar consigo.
—Sorley recibió ese documento cinco días después de la muerte de Roderick —continúa el padre Seumas—.
Me ordenó mantenerlo oculto hasta que Broen regresara.
Pretendía reunir a los hombres principales de ambos clanes.
Él conservaría a los Morrison y su hermano reclamaría el lugar que Roderick le había dejado entre los MacLeod.
Niall suelta una risa breve que no convence ni a sus propios hombres.
—¿Y debemos creer que maté a Sorley por un pergamino que podía destruir en cuanto apareciera?
Domhnall se inclina sobre el bastón.
—Debemos preguntarnos por qué intentaste matar al hombre que presenció su escritura, por qué necesitabas encontrarlo después de la muerte de Sorley y por qué apareció muerto el muchacho que podía explicar qué ocurrió aquella noche.
El hombre de Niall que dejó en Dùn Mhoireasdan con Ealasaid baja la cabeza.
Niall lo ve.
Y el miedo que cruza su rostro ya no está dirigido al padre Seumas.
—Coinneach —pronuncia, volviéndose hacia el hombre con una lentitud que pretende parecer advertencia y acaba revelando algo peor—. Levanta la cabeza.
El aludido obedece. Lo vi entrar detrás de Niall sin reparar en él. Ahora comprendo que eligió desde el principio el lugar más próximo a la salida y que no ha apartado los ojos de Altair desde que comenzó la reunión.
Domhnall también lo ha advertido.
—Acércate —le ordena.
Coinneach mira a Niall antes de moverse. El gesto apenas dura, pero basta para que varios hombres de los MacLeod se vuelvan hacia su laird. Quien necesita permiso para responder no teme equivocarse. Teme decir la verdad.
—No tiene nada que aportar —afirma Niall, colocando una mano sobre el hombro del hombre cuando este pasa a su lado.
Coinneach baja los ojos hacia los dedos que lo sujetan.
—Eso lo decidiré después de escucharlo —responde Domhnall.
Niall mantiene la mano allí un instante más. Después comprende cuántos hombres están observándolo y la retira.
Algo cambia entonces en el hombre. No adquiere valor de repente ni deja de tener miedo.
Sencillamente, mira el pergamino desplegado delante de Altair, después a los MacLeod que empiezan a apartarse de quien consideraban su laird, y comprende que Niall ya no puede protegerlo.
Quizá comprende también que jamás pensó hacerlo.
Broen rodea la mesa y se detiene a varios pasos de él.
—¿Qué sabes de Torcuil?
Coinneach aprieta la mandíbula. Niall emite un sonido de impaciencia y se dispone a intervenir, pero Darian abandona su lugar junto a Domhnall y se interpone con una naturalidad que transforma el espacio entre ambos en una frontera.
—Deja que responda —le aconseja.
—No acepto órdenes tuyas, MacNeish.
—Entonces considéralo una advertencia —replica Darian, mirándolo con una serenidad que no suaviza el sentido de sus palabras.
Coinneach se frota las palmas contra la túnica. Mira el pergamino desplegado, después a los MacLeod que han empezado a apartarse de Niall y calcula con rapidez cuánto vale todavía su silencio.
—Si hablo, quiero inmunidad.
Un murmullo recorre la sala. Niall se vuelve hacia él.
—No sabes nada.
Coinneach no lo mira.
—Quiero oír al laird MacAulay decir que no responderé por aquello que cuente.
Domhnall lo observa unos instantes.
—La tienes, si cuentas toda la verdad.
Coinneach traga saliva.
—Yo puse la tela del vestido de lady Caitlin en la mano de Torcuil por orden de Niall MacLeod.
—¡Miente! —La voz de Niall rompe al fin el control que ha sostenido desde su llegada.
Coinneach se vuelve hacia él.
—Me dijisteis que Sorley había traicionado a Roderick y que estábamos vengando a nuestro laird, protegiendo a los MacLeod de los Morrison. No que todo aquello fuera un ardid para conservar un puesto que nunca os perteneció. —Su mirada cae sobre el documento—. Ni siquiera sois MacLeod.
Niall da un paso, pero Darian extiende el brazo y lo detiene por el pecho.
—Cuida lo que dices —masculla Niall.
—Eso he hecho desde que degollamos al muchacho.
Las palabras dejan la sala inmóvil.
Coinneach cierra los ojos un instante. Cuando vuelve a abrirlos, ya no busca una salida. Habla deprisa, empujado por el miedo a que Niall consiga silenciarlo antes de terminar.
—Torcuil puso el veneno en el cordial. Niall le entregó la redoma y le prometió plata y un lugar en una de sus embarcaciones para abandonar Lewis. Después de la muerte, el muchacho exigió lo prometido. Bebía, hablaba demasiado y empezó a decir que acudiría a Broen si no recibía su recompensa.
Niall forcejea contra el brazo de Darian.
—¿Vais a aceptar la palabra de un asesino?
—Todavía no ha terminado —contesta Broen.
Su voz no se eleva, pero Coinneach se estremece al oírla.
—El día que fuimos a Dùn Mhoireasdan acompañando a la matrona nos ordenó llevarlo hacia Arnol —continúa—. Le dijimos que la embarcación lo esperaba allí. Cuando comprendió que no había ninguna, quiso huir. —Se pasa una mano por la boca y contempla el suelo—. Douglas le cortó el cuello.
El hombre junto al banco niega con la cabeza, demasiado tarde y con demasiada violencia.
—Tú también lo sujetaste.
—¡Calla!
—¿Dónde dejasteis el cadáver? —interviene Domhnall antes de que las acusaciones entre ambos se conviertan en ruido.
Coinneach traga con dificultad.
—En la grieta donde lo encontraron. Lo cubrimos con brezo y turba.
Más tarde, Niall me ordenó quedarme en Dùn Mhoireasdan con la matrona.
Vigilé el corredor mientras ella registraba la alcoba de lady Caitlin.
Cortó un fragmento del vestido y me lo entregó para que lo colocara en la mano de Torcuil.
Así lo hice antes de conducir a los cazadores hasta la grieta.
Miro a Niall. Ya no queda en él rastro de la altanería con la que entró. Tiene el rostro enrojecido y los labios separados, pero ninguna mentira parece bastante grande para cubrir cuanto acaba de oír la sala.
—Ealasaid confesó delante del padre Seumas, Colum y de mí —informo a Niall para cerrarle aún más las salidas.
La matrona espera junto a una de las paredes. Hasta ese momento ha permanecido medio oculta entre los asistentes, rígida dentro de su manto.
Al escuchar su nombre, vuelve la mirada hacia Niall.
Él no la mira.
—Es cierto —declara ella después de comprender que piensa dejarla caer con los demás—. Me ordenó cortar un fragmento del vestido de lady Caitlin durante el registro de sus aposentos. Dijo que serviría para demostrar una culpa que él ya conocía.
Broen se acerca a Niall. No desenvaina la espada ni levanta las manos. Se limita a detenerse delante de él.
—Ordenaste envenenar a Sorley y mandaste degollar a Torcuil para conservar un lugar que nunca te perteneció y luego intentaste deshacerte de Caitlin.
Domhnall no permite que Niall responda.
—Quitadle la espada.