Solo soy tuya (Los Cuervos de Perthshire 6) Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

Miro a Broen. Permanece junto a la mesa, con los brazos cruzados y el cansancio de quien preferiría enfrentarse a Niall antes que continuar escuchándolos.

—Colum hablará cuando quiera hacerlo.

—Han pasado tres años —señala Altair—. Empiezo a sospechar que no quiere.

—Quizá disfruto viéndoos inventar explicaciones —dice Colum mientras recoge el pliego—. Cada invierno son mejores. Finn llegó a decidir que soy hijo ilegítimo de un rey y me secuestraron para pedir rescate.

—De un rey muerto —aclara Finn—. No quería que apareciera para desmentirme.

La sombra de una sonrisa cruza el rostro de Colum pero, al recoger una jarra de cerveza, roza el antebrazo de Broen con el suyo. El contacto apenas dura un instante, pero tiene algo de calidez.

—¿Qué hizo por ti? —le pregunto a Darian cuando las voces se calman.

Broen se vuelve entonces. Algo cambia en su postura, una tensión distinta a la irritación con la que ha recibido las otras historias.

—Demasiadas cosas para escoger una —murmura, y luego suspira en profundidad—. Pero, si tengo que hacerlo…

Darian tarda en responder.

—Se quedó —dice al fin—. Cuando volvimos a encontrarnos, yo llevaba años perdido entre hombres que sobrevivían juntos hasta que dejaba de convenirles.

Broen ya había enterrado a sus hijos y no le quedaba ninguna obligación hacia los MacNeish.

Podría haber tomado cualquier camino y nadie se lo habría reprochado.

La quietud se adueña de Broen.

—Aun así, se quedó conmigo —continúa Darian—. Me ayudó a encontrar a quienes seguían vivos y a levantar un lugar para los que no tenían adónde regresar. Cuando yo solo pensaba en todo cuanto quería destruir, él me obligaba a recordar qué pretendíamos construir.

—Tú habrías hecho lo mismo.

Darian niega despacio.

—No lo hice. Yo llevaba años marchándome de todas partes. Tú fuiste quien decidió quedarse.

Nadie intenta aliviar lo que ha dejado en la estancia.

Durante todo mi matrimonio, Sorley me habló de su hermano como si el destierro hubiese demostrado una traición. Me contó que Broen había elegido otra familia, otro clan y otra vida porque marcharse siempre le había resultado fácil.

Llegué a odiarlo algunos días por sobrevivir lejos de mí. Necesitaba odiarlo para soportar que no regresara.

Ahora descubro que, incluso destrozado, se quedó sosteniendo cuanto pudo salvar.

Broen se acerca y apoya los nudillos sobre la mesa, cerca de mi mano sin tocarla.

—No tienes que mirarme así.

—¿Cómo te miro?

—Como si ellos acabaran de convencerte de algo.

—Acaban de contarme qué hiciste durante los años en que no pude verte —respondo—. Creo que tengo derecho a mirarte mientras intento reunir al hombre que recuerdo con el que ellos conocen.

Broen baja los ojos hacia mis dedos. Los suyos avanzan por debajo de la madera hasta rozarlos.

—No hice nada extraordinario.

Finn deja la copa con un golpe suave.

—Ahí está el defecto que intentábamos explicarle.

—El otro es que se vuelve insoportable cuando alguien le da las gracias —añade Torren—. Si Caitlin quiere castigarlo alguna vez, ya conoce el método.

—También puede abrazarlo —propone Altair—. Suele quedarse rígido y mirar alrededor en busca de una guerra que le permita escapar.

Broen los contempla uno por uno.

—Niall podría llegar en cualquier momento y estáis aquí contando estupideces.

—Llevamos cuatro días preparando la caída de Niall —replica Darian—. Podíamos dedicar unos minutos a recordarle a Caitlin por qué ninguno de nosotros permitirá que afrontéis solos lo que ocurra después.

Esta vez Broen no encuentra una respuesta que pueda protegerlo. Sus dedos se cierran alrededor de los míos bajo el borde de la mesa.

Desde el adarve llega un grito.

Todos volvemos la cabeza hacia la ventana. Un guardia cruza el patio en dirección a la sala grande y otro aparece sobre la empalizada, señalando la bahía.

Darian se levanta primero.

—Tres embarcaciones desde el norte.

Las banquetas raspan el suelo. En unos instantes, el calor que había llenado la estancia se transforma en la atención de los hombres que han sobrevivido porque aprendieron a moverse juntos.

Broen suelta mi mano para llevar la suya a la empuñadura de la espada.

Antes de salir, sin embargo, me mira.

Ahora sé que ese hombre capaz de cubrirme con su cuerpo no solo ha aprendido a proteger.

También ha vendido aquello que necesitaba, ha velado junto a puertas abiertas, ha caminado al lado de caballos cargados con amigos heridos y ha permanecido entre ruinas para sostener a otros mientras nadie pensaba en sostenerlo a él.

Me acerco y le arreglo el pliegue del tartán y el broche sobre el hombro. Es cuanto puedo permitirme delante de la puerta abierta.

—Cuando esto termine —murmuro—, pienso darte las gracias por todo.

Broen me observa con desconfianza.

—No hay nada que debas agradecer tú.

—No he dicho que vaya a utilizar palabras.

Detrás de él, Finn ahoga una risa. Colum sale al patio con demasiada prisa y Altair vuelve la cara para ocultar una sonrisa que no engaña a nadie mientras Torren murmura:

—Es la mujer perfecta.

Broen permanece inmóvil un instante. Después coloca la mano en mi cintura y me conduce hacia la sala grande, olvidando por completo que todos están mirando.