Solo soy tuya (Los Cuervos de Perthshire 6) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Si vas a reclamar el mando de los MacLeod, tendrás mi apoyo. La mayoría de los hombres de ese clan son más leales a Roderick que a su hijo y los MacAulay pueden ayudarte a llegar hasta ellos antes de que Niall los obligue a escoger.

Levanto la vista hacia él.

Hace unos instantes no quería las tierras de Roderick, ni sus hombres, ni un título que llega demasiado tarde para reparar nada.

Podía continuar como he vivido durante años, fuera de la ley de otros clanes, durmiendo donde nadie supiera encontrarme y obligando a Niall a perseguirme hasta que uno de los dos acabara muerto. Mi vida nunca ha necesitado un ejército detrás para pertenecerme.

Pero ya no se trata únicamente de mi vida.

El poder que hace un momento me parecía otra condena adquiere una utilidad que no puedo rechazar.

Si reclamarlo me proporciona hombres capaces de guardar las puertas tras las que duermen Caitlin y mi hijo, tendré que aprender a soportar también el nombre de quien me lo dejó.

Hasta ahora, el embarazo la mantenía con vida porque llevaba al supuesto heredero de Sorley. Acaba de convertirse también en la razón por la que podrían intentar matarla.

Pero Domhnall no entrega guerreros porque le inspire compasión la tardía desgracia de un hijo bastardo. Ha gobernado demasiado tiempo para ofrecer algo sin asegurarse primero de que puede beneficiar a su clan.

—Habla.

—Uig conservará su autonomía. Las rutas MacAulay no pagarán tributo a los MacLeod, nuestros puertos continuarán bajo nuestra autoridad y reconocerás nuestros derechos de pesca, comercio y paso.

—Los reconoceré.

—Quiero esas garantías por escrito —añade—. Tu palabra puede bastarme mientras estés sentado delante de mí. Dentro de veinte años, los consejeros MacLeod podrían recordar que quien gobierna Lewis también puede pretender gobernar sus costas.

—Entonces tendrán un pergamino que les recuerde hasta dónde llegan tus derechos.

Una leve distensión cruza su rostro. Hemos resuelto la parte sencilla.

—Queda la cuestión de los Morrison —continúa Domhnall—. Ya te han elegido como laird y el nacimiento de un hijo de Sorley no anulará esa decisión. Cuando el muchacho alcance la edad necesaria, tendrá tanto derecho como tú a reclamar el mando.

—Entonces no hay nada que resolver hoy.

—No he dicho que lo haya. Puedes conservar el mando Morrison y reclamar el de los MacLeod.

Nadie te obliga a renunciar a uno para aceptar el otro.

Pero algunos temerán que los intereses MacLeod pesen más que los suyos y exigirán nombrar al niño heredero y que la tutela permanezca en manos de parientes Morrison.

—Lo que otros teman no cambia mis intenciones.

—Cambiará sus alianzas y puede que algunos hombres consigan convencer de que el niños necesita protección frente a ti.

—¿Qué propones?

Domhnall se inclina hacia la mesa.

—Eòghan está dispuesto a casarse con lady Caitlin.

La estima y, por lo que he visto durante estos días, ella se siente segura a su lado.

Si aceptara, el niño conservaría el nombre de Sorley y su derecho a reclamar algún día el mando de los Morrison, pero crecería aquí, bajo protección MacAulay.

Ninguna facción Morrison podría llevárselo para gobernar a través de él y nadie podría acusarte de conservar a un posible sucesor bajo tu techo para impedirle ejercer sus derechos.

La mano que aún conservo en el respaldo se desliza hasta quedar colgando junto al muslo. Necesito apartarla antes de romper la madera y ofrecer a todos una reacción que todavía no estoy dispuesto a compartir.

He visto a Eòghan tratar a Caitlin con consideración.

Le habla sin obligarla a defender cada palabra y ha conseguido devolverle alguna sonrisa durante estos días.

Puede ofrecerle una fortaleza, el respaldo de los MacAulay y una vida alejada de Dùn Mhoireasdan.

Escuchar esas ventajas en boca de su padre debería tranquilizarme.

Todo cuanto dice tiene sentido.

También tiene el efecto de arrancarme la piel.

Solo veo a otro hombre junto a ella al despertar. Lo imagino recibiendo entre las manos a mi hijo, enseñándole a montar, ocupando ante todos el sitio que yo habré cedido para proteger una mentira.

El dolor llega sin estrépito y se instala en el centro del pecho, donde cada respiración tropieza con él.

He cedido demasiado de mi vida a las decisiones de otros. Sorley se quedó con Caitlin, Roderick me dejó crecer bajo el nombre de otro hombre y ahora Domhnall pretende resolver la paz de Lewis entregando mi familia a su hijo.

—Es una solución excelente para los MacAulay —consigo decir de forma neutral.

—También mantendría a Caitlin y a la criatura lejos de quienes quisieran servirse de ambos contra ti.

—Los mantendría bajo tu autoridad.

—Bajo mi protección.

—La diferencia dependería de lo que te conviniera en cada momento.

Domhnall sostiene mis ojos.

—Gobernar dos clanes no será sencillo, Broen. Si Caitlin se casa con mi hijo…

—Eso no va a ocurrir —lo interrumpo. La voz me sale tan baja que Domhnall hace el gesto de acercarse para oírme.

Darian aparta despacio el hombro de la pared, mientras Altair levanta los ojos hacia mí.

—Eòghan no pretende imponerle nada. Hablará con ella —aclara Domhnall—. Será mucho mejor esposo que Sorley.

—Puede ahorrarse la conversación.

La calma que Domhnall había mantenido hasta entonces se endurece.

—El afecto que sientas por Caitlin no te concede autoridad para rechazar una propuesta en su nombre.

—Caitlin ya ha elegido.

Domhnall me observa durante unos instantes. Su mirada desciende hacia mi mano, que continúa cerrada junto al muslo, y regresa a mi rostro.

—No la he oído decirlo.

—Me lo dijo a mí antes de marcharse.

Aún siento los dedos de Caitlin alrededor de mi cara y recuerdo la obstinación con que sostuvo mis ojos antes de pronunciarlo.

No estaba suplicando protección ni buscando una frase con la que retenerme. Me dijo que solo era mía con la voz de una mujer que había pasado demasiados años perteneciendo a otros y acababa de decidir por sí misma dónde quería estar.

No pienso recibir esas palabras y fingir ahora que carecen de valor porque la solución de Domhnall resulte más conveniente para Lewis.

—Una confesión hecha en privado no es un compromiso ante el clan —señala Domhnall—. Puede haber dicho algo que no esté preparada para sostener cuando sea consciente de las consecuencias para su hijo.

—Si ha cambiado de parecer, será Caitlin quien me lo comunique —respondo, acercándome a la mesa—. Y ella decidirá si mantiene lo que me dijo. Hasta entonces, no permitiré que dispongas otro matrimonio para ella sin consultarla.

—Nadie ha dispuesto nada —replica Domhnall—. He ofrecido una posibilidad que protegería a la viuda de Sorley y evitaría una lucha por la tutela de su hijo.

—También colocaría al heredero Morrison bajo el control de los MacAulay. Es una posibilidad excelente para Uig.

La franqueza le molesta, aunque no intenta negarlo. Domhnall mira el pergamino extendido y pasa el pulgar por el borde de la mesa antes de volver a encararme.

—Gobernar exige pensar más allá de lo que deseas, Broen.

—Llevo haciéndolo desde que llegué a esta isla.

Domhnall me observa durante unos segundos. La molestia aparece despacio en su rostro mientras ordena cuanto no he dicho.

—Así que la quieres para ti.

—Sí.

—En Dùn Mhoireasdan estaba convencida de que podían ahorcarla y arrebatarle a su hijo. Tal vez creyera que necesitaba aferrarse a quien pudiera protegerla. En Ardroil ha podido cambiar de opinión.

Las palabras alcanzan el lugar donde llevo toda la tarde golpeándome.

—Hasta que lo oiga de su boca, tu hijo se mantendrá lejos de ella. No voy a volver a apartarme cada vez que otro hombre decide que sería mejor para ella.

Ya no soy el muchacho que confundió el miedo de una mujer con una decisión libre porque resultaba más sencillo apartarse que soportar la posibilidad de que ella no lo quisiera.

Domhnall dirige la atención hacia el sacerdote.

—Aunque lady Caitlin confirme su voluntad, ¿pueden casarse?

El padre Seumas se frota despacio un nudillo.

—El parentesco por afinidad constituye un impedimento. Requiere una dispensa.

—Entonces la conseguiremos —insisto.

—La Iglesia no se conformará con vuestra impaciencia —señala Domhnall—. Tendrás que esperar a que te den el permiso para ocupar el lugar de tu hermano.

El asco que me produce esa formulación se mezcla con una furia demasiado antigua. Toda la vida de Caitlin vuelve a quedar reducida al hombre que la poseyó primero y al hombre que pretende reclamarla después.

—No quiero ocupar el lugar de Sorley. Quiero el mío. Y esta vez tendrán que matarme para apartarme de ella.