Solo soy tuya (Los Cuervos de Perthshire 6) Capítulo 4 #3
13%

Capítulo 4 #3

—Precisamente.

—Colum, algunas personas nacemos con una reputación. Conviene cuidarla.

Desaparece por la ventana. Un instante después oímos un golpe, una maldición y su voz anunciando desde abajo que todo forma parte del plan.

Torren se levanta para comprobar que sigue entero. Altair se lleva los registros a una de las camas y Colum decide acompañar a Finn, quizá para impedir que devuelva tres documentos y regrese con siete.

El rincón junto a la mesa se vacía poco a poco hasta dejarnos a Darian y a mí junto al brasero.

Él permanece sentado.

Yo sigo de pie.

—Vas a aceptar —dice.

—Todavía estoy pensando.

—Llevas desde esta tarde pensando con la misma cara. Empieza a parecer una decisión.

Me acerco a la mesa y recojo una lista de nombres. Conozco a varios. Hombres que envejecieron junto a Sorley, familias que debían favores a nuestro padre, consejeros que me vieron marchar y encontraron más prudente mirar hacia otro lado.

—Aceptar me obliga a sentarme con los mismos hombres que apoyaron mi destierro —digo.

—Rechazar les permite elegir a otro mientras tú investigas desde un cuarto de invitados.

Doblo el documento.

—Podría obligarlos a escuchar sin sentarme en la silla de Sorley.

—Podrías. Después gastarías el doble de tiempo, amenazarías al triple de hombres y Finn acabaría robando el sello del clan para simplificar el proceso.

Desde el patio llega otra maldición. Darian ladea la cabeza.

—Quizá ya lo haya hecho.

Dejo la lista sobre la mesa.

—El consejo quiere utilizarme.

—Eso ocurre con casi todos los consejos. La diferencia está en cuánto piensas utilizarlos tú.

Darian apoya las manos sobre los brazos de la silla.

La luz del brasero acentúa las marcas de cansancio alrededor de sus ojos.

Ha cruzado hasta Lewis por mí, ha entrado en un castillo que pertenece a otro clan y mañana se enfrentará a hombres que podrían considerar nuestra presencia una amenaza.

Aun así, habla como si acompañar a un amigo hacia su pasado fuera otra obligación sencilla.

—Aceptar el mando mantendría abierta la investigación —digo—. También dejaría a Caitlin bajo mi autoridad.

—Caitlin conoce a quienes rodeaban a Sorley —señala Darian—. Puede ayudarnos a saber quién entraba en sus aposentos, con quién se reunía y quién tenía motivos para desear su muerte.

—También puede ocultarnos cuanto la perjudique. Tendría que mantenerla cerca.

Darian me contempla durante un momento.

—Puedes llamarlo vigilancia, pero lo que quieres es protegerla.

La palabra me irrita porque acierta en parte.

Antes de que la casaran con Sorley habría dado cualquier cosa por ser el hombre al que buscara cuando tuviera miedo. Hoy no soportaría descubrir que se acerca a mí solo porque teme más a todos los demás.

—Estás pisando terreno ajeno.

—He cruzado el mar para hacerlo.

Aparto la mirada hacia la ventana. La torre donde han encerrado a Caitlin queda al otro lado del patio. Desde aquí solo se distingue una línea de luz bajo una contraventana cerrada.

—Mañana aceptaré dirigir el clan hasta que se aclare la sucesión —decido—. La investigación seguirá abierta y nadie interrogará a Caitlin sin que alguno de nosotros esté presente.

Darian asiente, aunque cierta atención permanece en su rostro.

Darian se pone en pie y se dirige hacia la puerta. Antes de salir, vuelve la cabeza.

—No me preocupa que aceptes el mando —responde mientras recoge su capa—. Me preocupa que aún no sepas qué harás si descubres que fue ella.

La puerta se cierra detrás de él.

Sale sin esperar una respuesta que no tengo.

Sorley es mi hermano. Debería importarme quién vertió el veneno, debería sentir la necesidad de entregar al culpable al consejo.

En cambio, llevo semanas abriendo su carta para buscar una explicación que no escribió y, desde que he llegado, apenas consigo pensar en él sin que Caitlin aparezca en medio.

La posibilidad de que ella lo matara no me produce el horror que debería. Me hace preguntarme qué ocurrió aquella noche, qué le hizo Sorley antes de sentarse a la mesa y por qué decidió que ya no podía soportar un día más a su lado.

Después llega la pregunta que llevo diecisiete años evitando: ¿por qué se casó con él?

Eso me importa mucho más que vengar a Sorley, y por eso no puedo fiarme de mi propio juicio.

Aceptar el mando me permitirá averiguar por qué Sorley me hizo llamar, mantener abierta la investigación y evitar que el consejo ahorque a Caitlin para librarse del problema.

Si ella lo mató, seguirá viva mientras decido qué hacer con esa verdad. Si no fue ella, tendré tiempo para encontrar a quien utilizó su cordial para condenarla.

Miro hacia la luz de su torre.

Todavía le guardo demasiado rencor para creer en su inocencia solo porque deseo hacerlo. También me importa demasiado poco la muerte de Sorley para fingir que descubrir su culpabilidad bastaría para entregarla.

La posibilidad de que Caitlin lo haya matado no cambia mi decisión de sentarme mañana en la silla de mi hermano.

Ahora comprendo qué preocupa a Darian.

A mí también debería preocuparme.