Solo se vive una vez Capítulo 24
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Capítulo 24

Viajamos un rato más antes de que Jack me tocara la mano con suavidad.

—¿Cómo vas?

—Aterrada en silencio, aunque menos de lo que estaría si viniera sola. Hablar ayuda. Distrae.

Jack volvió a mirar por la ventanilla.

—Todavía queda un poco. ¿De qué te gustaría hablar?

Abrí las manos a ambos lados de mis muslos, al darme cuenta de que las había mantenido cerradas en puños desde que terminamos la conversación anterior. Las tenía sudorosas y me preocupaba manchar el satén del vestido si las apoyaba en el regazo.

—Cuéntame por qué te gustan tanto los jardines y el diseño: qué te atrajo a eso y cuál sería tu jardín perfecto —dije, reclinando la cabeza en el asiento y cerrando los ojos mientras Jack, con su voz profunda y melódica, empezaba a hacer justo eso.

—Madre mía.

Fuera, un hervidero humano rodeaba y desbordaba el teatro donde tendría lugar el estreno.

Los guardias de seguridad ya habían detenido el coche dos veces antes de dejarnos avanzar, tras mostrar el conductor la acreditación exigida, hasta que estuvimos más cerca de la entrada.

Veía las cámaras dispararse sin parar e, incluso a través del cristal oscuro y grueso de las ventanillas, oía los gritos y llamadas tanto del público como de los fotógrafos a los invitados que iban entrando.

Aún estábamos lejos, así que Dios sabía cómo sería el ruido una vez dentro del meollo.

—No puedo hacer esto —dije, presa de un pánico repentino, volviéndome hacia Jack—. No puedo, es demasiado.

Jack tomó mi mano, que otra vez había acabado en un puño tan apretado que los nudillos, y casi toda la mano, estaban blancos por falta de circulación. Me la abrió con cuidado, le dio un suave masaje para devolverle el color y luego la envolvió con la suya, grande y tranquilizadora.

—Puedes hacerlo, Lily.

—No puedo. De verdad que no. ¡Escucha el ruido! No puedo enfrentarme a todo esto. Por favor, solo quiero irme a casa.

Jack se giró más en el asiento para mirarme de frente.

—Si de verdad es lo que quieres, podemos hacerlo.

Podemos pedirle al conductor que dé la vuelta ahora mismo.

Pero tiene que ser lo que realmente quieres, en lo más hondo, y no solo un miedo temporal, aunque comprensible, por hacer algo que está fuera de tu zona de confort.

Si volvemos a casa y dentro de una semana sigues pensando que hiciste bien, perfecto.

Pero si crees que vas a arrepentirte, aunque sea un poco, de no haber hecho esto, entonces creo que quizá sería bueno seguir un poco más.

Sé que da miedo, pero estoy aquí contigo y no te voy a dejar.

Te lo prometo. Podemos probar un rato y, si ves que sigue siendo demasiado, pedimos el coche y nos vamos.

Aun así, habrás logrado algo enorme, sin contar la oportunidad de que la gente vea lo increíblemente guapa que estás esta noche. Sería una pena privarles de eso.

Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo, en una risa nerviosa.

—Sigues teniendo un pico de oro, ¿eh, Jack Coulsdon-Hart? —Al fin le sostuve la mirada, aunque seguía apretándole la mano con una fuerza que creo que nos sorprendió a los dos.

—Siempre está bien mantener la práctica cuando una habilidad se te da bien —bromeó, inclinándose un poco hacia mí—. Solo que ahora solo lo digo cuando es verdad… y créeme, esta noche es absolutamente cierto. Vas a ser la mujer más guapa de todas.

Reír me alivió un poco la tensión que me dejaba el cuerpo casi rígido hasta el dolor.

—Ahora sí que sé que mientes.

Jack me echó hacia atrás un rizo sobre el hombro izquierdo con la mano libre.

—Nada de eso. De hecho, no he hablado más en serio en mi vida.

Respiré hondo y solté el aire despacio, aflojando apenas el agarre sobre su mano, para enseguida reforzarlo, en un gesto silencioso de que había oído sus palabras y las agradecía, aunque me costara creerlas.

—¿Qué te gustaría hacer? —preguntó sin presión alguna en la voz. La decisión era totalmente mía.

—Sigamos un poco más.

Jack puso su otra mano sobre las nuestras y se reclinó en el asiento mientras seguíamos avanzando, a paso de tortuga, hacia la zona de llegada.

Antes de lo que esperaba —y desde luego antes de lo que deseaba—, nos detuvimos y dos hombres con trajes oscuros abrieron cada una de las puertas. Jack se volvió hacia mí sin prisa.

—¿Lista?

No lo estaba, pero debía estarlo. Había trabajado duro para llegar a este momento y, aunque me aterraba, sabía —como él había dicho— que si no lo hacía me arrepentiría toda la vida.

Además, tenía que hacerlo por Mike. Él no había vivido para ver mis logros, pero siempre había creído en mí, animándome, empujándome a seguir.

Ojalá pudiera estar aquí para verlo; ojalá, dondequiera que estuviera, supiera cuánto le quería por ayudarme a llegar hasta aquí.

Miré a Jack.

—Sí.

Él sonrió de oreja a oreja, me apretó la mano y salimos cada uno por nuestro lado del coche.

El ruido era abrumador. Entre el gentío, los curiosos y la avalancha de medios gritando nombres en todas direcciones, con los flashes explotando casi sin pausa, aquello parecía un caos apenas controlado.

Me concentré en las indicaciones de Zinnia: caminar por la alfombra hasta entrar, llamarla y, una vez dentro, encontrarla a ella y a parte del equipo de la editorial.

Había estado mucho tiempo con Zinnia, pero había cambiado de editorial un par de años después de la muerte de Mike.

Sentí entonces que necesitaba cambiarlo todo.

La empresa original era un gran conglomerado y, aunque las fiestas glamurosas me parecían atractivas al principio, nunca habían sido lo mío y, después de Mike, muchísimo menos.

Con ellos había ido tirando, en un lugar decente dentro de la lista media, pero cuando leí sobre una nueva editorial emergente, algo —quizá Mike desde otro plano, como me gustaba pensar— me empujó a escribirles.

Fue entonces cuando todo empezó a funcionar y ahora estaba aquí, en Leicester Square, camino de una alfombra roja, sintiéndome dentro de un sueño surrealista.

Eché una mirada a Jack mientras avanzábamos, agarrada a su brazo.

Estaba tranquilo, relajado, como si esto fuera parte de su día a día.

Y también… era difícil no verlo. Iba increíblemente guapo.

No me habría sorprendido que alguien lo confundiera con un actor.

De pronto, él pareció notar que lo miraba, y sus ojos verdes se giraron hacia los míos, azules.

—Lo estás haciendo genial —dijo, apoyando su otra mano sobre la mía en el brazo, acercándose un poco para que pudiera oírle entre el ruido.

—Vale. —Le sonreí, agarrándole quizá más fuerte de lo normal. Ya veía la puerta del teatro. Casi estábamos. Un obstáculo menos. Entonces alguien me reconoció y empezaron a gritar mi nombre por todas partes, o más exactamente, el seudónimo con el que firmaba.

—Solo mira hacia arriba y sonríe —me animó Jack.

Yo seguí aferrada a él, pero también hice lo que decía, intentando que pareciera natural para no convertirme mañana en la imagen viral de una autora aterrorizada bajo los focos.

Más adelante vi a varias personas con micrófonos, vestidas de etiqueta, hablando a cámara o entrevistando a otras personas, iluminadas por focos adicionales.

Reconocí algunos canales, otros no; supuse que serían extranjeros o de las muchas cadenas satélite.

Nunca había estado muy puesta en televisión.

De repente, alguien se precipitó hacia mí, llamando por mi nombre de pluma.

—¿Astoria? ¿Astoria?

Una mujer negra altísima y preciosa, enfundada en un vestido rosa fucsia y con el pelo recogido en lo alto, señaló a una asistente, que me preguntó en un susurro emocionado si podrían hacerme unas preguntas para un conocido canal de entretenimiento.

Incluso yo lo conocía, así que debía de ser importante.

Separaron a Jack unos pasos hacia un lado, detrás de mí. Miré por encima del hombro y vi cómo la asistente y la presentadora se fijaban en él.

—Si puede esperar un momento, señor, no tardaremos —dijo la joven.

Jack asintió, se metió las manos en los bolsillos y se colocó detrás de la cámara, para no quedarse plantado en mitad de la alfombra como un pasmarote.

—Hola, encantada de conocerte, Astoria.

—Hola —contesté, concentrándome en respirar para evitar soltar un gallito.

—Voy a hacerte un par de preguntas, ¿vale?

Genial —se contestó ella sola, sin perder un segundo.

La luz de la cámara se encendió y, de pronto, ambas quedamos bañadas en lo que parecían los focos de un campo de fútbol.

Ella ni se inmutó, pero a mí me impresionó.

Busqué a Jack: se había movido un poco para que pudiera verlo.

Su sonrisa discreta me tranquilizó y sentí cómo bajaba un poco mi pulso.

—Aquí conmigo está Astoria James, autora de la exitosa novela en la que se basa el estreno de esta noche. Astoria —giró hacia mí—, este es el primero de tus libros en convertirse en película, ¿verdad?

—Sí, así es —respondí al micrófono que tenía ahora delante de la cara. El aparato se volvió hacia la presentadora.

—¿Y cómo te sientes al estar aquí esta noche? Al fin y al cabo, eres famosa por ser algo ermitaña.

Apreté el bolso un poco más y noté el calor subiéndome a las mejillas, confiando en que las capas de maquillaje que Jemima me había puesto ocultaran el rubor.

Sabía que la mujer estaba haciendo su trabajo, aunque la pregunta me parecía indiscreta.

Pero ese era el mundo ahora: todo el mundo quiere saberlo todo, sea asunto suyo o no.

Y al venir esta noche, sabía que me exponía a preguntas incómodas.

No esperaba que fuera ante una cámara, pero así eran las cosas. Sonreí y contesté:

—Es verdad que valoro mi privacidad, pero mucha gente ha trabajado muy duro para que mi libro haya tenido el éxito que ha tenido. Y estoy muy agradecida a Bella Dupree por amar la novela tanto como la ama y por impulsar que llegara a convertirse en una gran producción cinematográfica.

La mujer pareció satisfecha con la respuesta. Miró otra vez por encima de mi hombro, detrás de la cámara. Supuse que buscaba ya a la siguiente persona que asaltar y que iba a terminar la entrevista, y me alegró que hubiese sido tan breve.

—Una pregunta más antes de que te vayas. Ya que hablamos de finales felices… ¿debemos creer los rumores que dicen que vas a tener el tuyo propio con el heredero de un condado? —me sonrió con unos dientes tan blancos que parecían casi translúcidos.

No supe qué decir. Sospechaba que quizá alguien podría hacer algún comentario esta noche, pero contaba con poder esquivarlo. No esperaba una emboscada en directo sobre mi relación con Jack.

Tragué mi miedo. Sé valiente, Lily. Sonreí, recordando que ella solo estaba haciendo su trabajo.

—Nunca me gusta revelar el final de una historia —dije, sonriendo y dándole una leve inclinación de cabeza para indicar que la entrevista había terminado.

Ella captó el mensaje, me dio las gracias y siguió con su pieza a cámara mientras yo me alejaba. Jack apareció enseguida a mi lado y me tomó de la mano. Sin pensarlo, se la apreté fuerte.

—¡Lo has hecho genial! —dijo, con una sonrisa que iluminaba su cara.

—No esperaba esa última pregunta. ¿Ha sonado bien?

—La has manejado de maravilla. Con mucha clase.

Reí, mirándole.

—Dicho por un heredero, lo tomaré como cumplido.

—Lo es —sonrió él.