Capítulo 12 #2
Volví andando hacia la parte principal del jardín, sintiendo el deleite y la calma que me había transmitido desde el primer momento en que lo vi.
Esa sensación solo había ido a más desde que Jack empezó a trabajar en él y, aunque no llevaba mucho tiempo allí, la contención de las zonas más asilvestradas ya había empezado a marcar una gran diferencia en la forma general del jardín.
Alzando la vista hacia el cielo azul despejado, reflexioné sobre qué hacer conmigo misma aquel día.
Había pensado en hornear algo, pero hacía un día tan bonito que parecía un pecado quedarse dentro.
Aunque me había obligado a salir la noche anterior, eso no significaba que estuviera a punto de lanzarme a una ronda de compromisos sociales, pero sí sentía un impulso de estar al aire libre, en la naturaleza y, cosa poco habitual, más allá de mi jardín.
Entré de nuevo en la casa y empecé a mirar el mapa.
—Aquí tienes, cariño.
La camarera, risueña, dejó delante de mí un desayuno inglés completo con un aspecto delicioso.
Había decidido salir a dar un paseo y había encontrado una ruta en una aplicación de senderismo que parecía asumible, no demasiado lejos en coche, lo bastante apartada para ser tranquila pero no completamente aislada, desde el punto de vista de la seguridad.
Aquel pequeño café me había llamado la atención mientras conducía y, por un impulso, desvié el coche al aparcamiento antes de entrar, instalarme en una mesa de la esquina y colocar el Kindle como compañía.
El personal era amable, pero nada entrometido, la tetera era enorme y la comida era casera y riquísima. Cuando hube terminado casi una tetera entera yo sola, hice una visita rápida a un cuarto de baño deliciosamente limpio, por si acaso, antes de marcharme para aparcar en el inicio de mi ruta.
—Gracias, cielo —dijo la señora mientras cogía el dinero y la generosa propina que le había dejado—. Hasta otra.
Le hice un gesto con la mano y sonreí, y dentro de mí empezó a crecer un pequeño pensamiento de que sí, quizá me volvería a ver, pero paso a paso.
De pie en la cima de la colina, contemplé hectáreas de suaves colinas verdes salpicadas aquí y allá por alguna granja y respiré el aire limpio y fresco.
Tenía la suerte de vivir en el campo, pero había algo en el aire de allí —tal vez por la altitud— que parecía más puro y sentía que me llegaba más hondo a los pulmones.
Hacía mucho que no daba un paseo como aquel, pero no sería el último.
No estaba segura de qué opinarían Poppy y Félix.
Para ellos, probablemente, aquello seguía siendo hacer cosas por mi cuenta, pero al menos estaba yendo más lejos y lo estaba disfrutando.
Me sentaba bien: el aire fresco, el ejercicio, sobre todo teniendo en cuenta que mi trabajo consistía en pasar la mayor parte del día sentada.
Me daba la oportunidad de pensar, tanto en la vida en general como en un hilo concreto de la trama en la que estuviera trabajando mentalmente.
Las vistas preciosas que me rodeaban me inspiraban, y me llevaba pequeños fragmentos en la cabeza para entretejerlos en algunas ideas que tenía flotando para futuras novelas.
Saqué el móvil del bolsillo y encuadré un par de fotos, solo como recordatorio del día y para mirarlas luego cuando estuviera escribiendo.
Por impulso, le mandé una a Félix. Claro que allí no había cobertura, y eso, en cierto modo, me hizo feliz, pero el mensaje le llegaría en cuanto volviera a conectar con la civilización.
De camino a casa, sonó el teléfono, y contesté por el manos libres.
—¡Ese no es tu jardín trasero! —La voz de mi hermano salió por el altavoz.
—No, he salido a dar un paseo. Pensé que te alegrarías.
—Me alegro. ¿Estás sola?
—Sí.
—¿Y eso era seguro?
—Hay muchos paseantes con perro por esa zona y vi a un montón de gente. Simplemente no tuve que interactuar con ellos, así que fue una situación en la que todos salimos ganando y, sí, me lo pasé bien, gracias por preguntar.
Puse los ojos en blanco.
—Esa iba a ser mi siguiente pregunta, pero estoy seguro de que ya has puesto los ojos en blanco.
Era un poco irritante que mi hermano me conociera tan bien.
—Y me alegro de que hayas ido más allá de tu jardín trasero por una vez. En realidad, me he enterado de que es la segunda vez en dos días que sales.
—Las noticias vuelan.
—Jack me dijo que ibas a acompañarle a la fiesta de sus padres, pero entre tú y yo, no estaba seguro de que fuera a pasar de verdad.
—Bueno, tú lo ofreciste como voluntario para acompañarme al estreno, así que no es que tuviera mucha alternativa. Habría sido bastante desagradecido por mi parte rechazarle cuando él necesitaba apoyo.
—Cierto, pero las cosas sociales no son precisamente lo tuyo, ¿no?
—Desde luego que no, y esta era una cosa social bastante interesante, ya que lo dices. ¿Has conocido a su madre?
Félix se echó a reír.
—Oh, sí, la inimitable lady Coulsdon-Hart. Es lo que se dice un personaje, ¿eh?
—Desde luego que lo es.
—No es de extrañar que Jack pasara tanto tiempo en nuestra casa, ¿verdad?
—No, eso me quedó muy claro anoche. Su hermano parece majo, por cierto. Nunca había llegado a tratarlo de verdad. No para hablar, al menos.
—Sí, Ed es un buen tipo. Creo que Jack le echó mucho de menos cuando estaba fuera.
—Por lo que Edward dijo anoche, el sentimiento era mutuo. Creo que está encantado de tener de vuelta a su hermano mayor en el país.
—¿Y qué tal fue lo de anoche? ¿Cómo viste a Jack?
—Como que preferiría estar en cualquier otra parte menos allí, pero dio buena imagen, como se esperaba de él, supongo.
—¿Siguen intentando casarle con la persona «adecuada», entonces?
—Por todas las miradas que le lanzaban, sí, yo diría que ese es el plan general. Su madre estaba horrorizada de que se presentara con su casera.
—¿Su casera? Impagable.
Félix soltó una carcajada.
—Lo sé —dije, riendo con él—. Me encargué de corregirla bastante deprisa en ese punto.
—¿Ah, sí? —La sorpresa en su voz era evidente.
—Claro que sí. Sabes que nuestro arreglo no va de eso y la forma en la que lo dijo era degradante tanto para mí como para Jack.
—Aun así, me sorprende un poco. La gente no suele plantarle cara a lady CH. Puede ser bastante intimidante. Y menos la gente que normalmente casi no sale de casa.
—No sé. A lo mejor eso jugó a mi favor. Ha pasado tanto tiempo que se me habrá olvidado cuándo se supone que tengo que sentirme intimidada.
—No deberías sentirte intimidada nunca.
—Desde luego se quedó bastante impactada. No creo que esté acostumbrada a que le contesten, sobre todo caseras corrientes como yo.
Los dos volvimos a echarnos a reír.
—Dios, ojalá hubiera estado allí. Estoy tremendamente orgulloso de ti, espero que lo sepas.
—Gracias.
—¿Y dónde está Jack hoy?
—Ni idea. Cuando me he levantado ya se había ido, y tampoco es que me haya levantado especialmente temprano.
—Vale. Igual le mando un mensaje para ver si está bien después de lo de anoche. Y, Lily…
—¿Sí?
—De verdad me alegra que hayas salido hoy.
—Entonces te alegrará aún más saber que me he metido un estupendo desayuno caliente en un pequeño salón de té que he visto de camino.
—¿Quién eres y qué has hecho con mi hermana?
Me volví a reír, me despedí de mi hermano, le mandé recuerdos a Poppy y a los niños y le dije que los vería a lo largo de la semana, antes de colgar y conducir el resto del camino de vuelta a casa.