Capítulo 12
—No creo que hubiera podido hacerlo sin ti —dijo Jack cuando bajamos del coche, ya de vuelta en la casa. No había sido un trayecto largo, pero había estado callado todo el tiempo y no me había atrevido a interrumpir sus pensamientos.
—Claro que podrías —dije—. Eres más fuerte de lo que crees.
—Tú también.
Alcé la vista hacia él mientras sacaba la llave de mi bolso de mano.
—Puede que sí.
Se rio y pude oler el whisky caro flotando en el aire quieto de la noche.
—Nada de «puede». Mi madre intimida a todo el mundo.
Hasta el vicario tiembla en su presencia, ¡y él tiene a Dios de su lado!
Pero tú te has quedado ahí plantada y nos has defendido a ambos.
No estoy seguro de que nadie haya hecho eso nunca, desde luego no por mí.
Cualquier mujer que me gustara y que mi madre considerara inadecuada —que eran la mayoría— salía huyendo en cuanto la conocía.
—Sí, pero eso es distinto —dije, esperando a que él entrara por la puerta, ahora que la había abierto.
Absorto en sus pensamientos, parecía no haberse dado cuenta de ese detalle, así que alargué la mano y tiré suavemente de él hacia dentro.
—¿Ah, sí? ¿En qué es distinto?
—Porque aquellas mujeres estaban relacionadas contigo en plan romántico. Yo no. Puede que no le guste, pero tampoco soy una amenaza y ella lo sabe.
—No estoy seguro de que le guste nadie —dijo, paseando hasta la cocina y dejándose caer en el sofá, aflojándose la corbata mientras lo hacía, de manera que quedó colgando suelta alrededor del cuello.
Menos mal que mi yo de diecinueve años no estaba ahí, porque ni mi yo de treinta y nueve podía negar que ahora mismo estaba tan bueno que daban ganas de decir una palabrota.
—Supongo que tu padre le gustaría, o al menos en algún momento le gustó lo suficiente como para casarse con él.
Jack soltó una carcajada hueca.
—La verdad es que no sabes nada de la aristocracia, ¿verdad?
—Claro que lo sé. He escrito varias novelas románticas históricas, que lo sepas, y me tomo la documentación muy en serio.
—A lo mejor tendrías que haberme dicho que querías documentarte aquella vez que viniste a hablar conmigo. Las cosas podrían haber sido distintas.
—Ja. En tus sueños.
Jack no contestó.
—¿Cómo que no sé nada del tema, a todo esto?
—Casarse por dinero y por títulos puede parecer un poco anticuado, pero te aseguro que no ha desaparecido del todo.
—¿Tú harías algo así?
—No. Y ese ha sido precisamente el problema, al menos desde el punto de vista de mis padres. Ellos se casaron con «la gente adecuada», aunque no estuvieran enamorados, y conocen a mucha más gente que ha hecho lo mismo, así que no entienden por qué estoy tan en contra.
—Ya veo. ¿Crees que Edward se casaría con la persona adecuada o solo por amor?
Giró la cabeza sobre el respaldo del sofá para mirarme. Tenía los ojos preciosos, pesados por el cansancio y el alcohol e, imaginé, por todo el estrés que había acumulado aquella noche. Tal vez también un poco de alivio porque esa parte, al menos, ya había terminado.
—¿Lo preguntas por una amiga?
Moví la rodilla para darle un golpecito a la suya.
—Lo pregunto porque soy escritora y ser curiosa es un rasgo necesario.
—Félix me ha dicho que prefieres llamarlo ser cotilla.
—Tiene razón, porque es una descripción más exacta, pero tú te has tomado varias copas y estaba intentando ponértelo fácil de entender.
Él devolvió el gesto, empujando mi rodilla con la suya.
—Te informo de que tengo todas mis facultades bajo control.
—Me alegro de oírlo. En cuanto a Edward, por si te interesa, creo que ya está medio enamorado de ti, así que solo tienes que decirlo.
—Oh, cállate.
Se rio, y todo su cuerpo se relajó por primera vez en toda la noche.
—Pero, siendo sincero, no lo sé. No creo que lo hiciera, pero Ed también aspira a una vida tranquila.
De momento ha logrado esquivar la presión saliendo con gente que, en general, encaja en el molde que mis padres aprueban, pero obviamente nada serio ha salido aún de ninguno de sus líos.
Estoy seguro de que empezarán a soltar indirectas y a hacer comentarios dentro de poco, si no lo han hecho ya.
—¿Crees que será tan fuerte como tú para resistirse?
Jack resopló de una forma extraña.
—No estoy seguro de que huir al otro lado del mundo cuente como ser fuerte.
—No seas tan duro contigo mismo. Hiciste lo que tenías que hacer por tu propia cordura. Eso lo entiendo.
Sentí su mirada en mí, pero seguí mirando al jardín.
—Sí. Creo que lo entiendes.
Sus palabras fueron suaves, y supe entonces que él, aunque nadie más, comprendía los pasos que yo había dado después de la muerte de Mike.
—Pero supongo que no podemos huir para siempre.
—Podemos intentarlo a conciencia.
Su risa fue profunda, le resonó en el pecho, y luego noté que se movía a mi lado. Un beso suave rozó la parte superior de mi cabeza.
—Gracias por venir esta noche. Sé que no habrá sido fácil para ti, pero te lo agradezco más de lo que imaginas. Solo saber que había una cara amiga allí lo ha cambiado todo.
Se incorporó.
—Había muchas caras amigas allí.
Sonreí, levantando la vista hacia él.
—Todas encantadísimas de tenerte de vuelta en el redil. Perséfone, sin ir más lejos. Lo siento, lady Perséfone.
—Percy está casada.
—Una vez me dijiste que eso no supone gran diferencia la mayoría de las veces en tu mundo.
—A mí no me parece mi mundo, y para mí sí marca una diferencia.
Me esforcé por levantarme, y Jack me tendió la mano.
La acepté y tiró de mí hacia arriba, lo que por lo visto le resultó más fácil de lo que pensaba, porque de pronto me encontré extremadamente cerca de su pecho; puse la mano sobre él para estabilizarme y la suya fue a parar a mi cintura.
El aroma ya tenue de su loción de afeitado flotaba todavía, y por una fracción de segundo quise quedarme ahí, respirarlo.
Pero entonces la realidad me dio un buen empujón.
—¡Ups! —dije, con un tono un pelín demasiado alegre, y di un paso atrás, girándome al mismo tiempo.
—¿Lily?
—¿Sí?
Eché un vistazo rápido hacia atrás, pero seguí andando, yendo hacia la placa para calentar leche y prepararme una bebida. Cuando no dijo nada más antes de que llegara, miré hacia él. Se estaba mirando fijamente los pies.
—¿Jack?
Alzó la cabeza de golpe.
—¿Eh?
—¿Querías decirme algo?
Vaciló un instante antes de negar con la cabeza y sonreír. —No. Nada. Lo siento. Ya no estoy tan acostumbrado al alcohol, pero esta noche necesitaba infundirme valor con la bebida.
—No pasa nada. No estás borracho.
—Tampoco estoy sobrio. —Eso es verdad. Anda, sube a la cama. Tienes pinta de que te vas a quedar dormido de un momento a otro. Descansa. Estoy segura de que ha sido una noche agotadora emocionalmente para ti.
—No creo que para ti haya sido precisamente un paseo.
—No estamos hablando de mí, y estoy bien.
Parecía inseguro.
—De verdad. Como tú mismo has dicho, es un buen ensayo para el evento de Londres.
—Eso supongo. Y al menos en ese no tendrás que lidiar con mi madre, así que debería de ser pan comido.
—Eso esperamos —respondí, antes de hacerlo subir las escaleras a base de gestos.
Sentada en silencio, sorbiendo mi bebida caliente, repasé la noche.
En realidad, para mí, la idea de ir esta tarde había sido peor que el propio evento.
No podía hablar por Jack, pero para Edward y para mí al menos era evidente que él no había disfrutado nada del circo que se había montado en torno a su regreso.
Jack sabía fingir muy bien en público. Quizá fuera parte de la educación, pero yo sabía por experiencia que había un límite de tiempo durante el cual podías hacerlo antes de que aquello te sobrepasara o perdieras de vista quién eras de verdad detrás de la máscara.
No tenía ni idea de qué le había pasado por la cabeza a Jack esta noche cuando había dicho mi nombre.
Estaba de pie, en las sombras, así que me había resultado difícil leer su expresión, pero no me creía que fuera solo el alcohol.
Había algo más, pero estaba claro que no estaba tan dispuesto a compartirlo como había creído al principio, y yo no pensaba presionarle.
En su momento, sufrí bastante con la gente que me empujaba desde todos los frentes para que hablara, para que saliera, para que saliera con alguien, en realidad para que hiciera todo aquello que yo no tenía ningún deseo de hacer.
Y aunque entendía que todos esos deseos nacían de una buena intención y de corazones que me querían, era demasiado.
La gente tiene que hacer las cosas cuando está preparada.
Jack, claramente, no había estado preparado para compartir el pensamiento que se le arremolinaba por la cabeza, pero si algún día lo estaba, yo estaría encantada de escucharle.
Apagué la lámpara auxiliar, comprobé que las puertas estuvieran cerradas con llave y subí a acostarme.
No se filtraba luz por debajo de la puerta de Jack y no se oía ningún movimiento dentro.
Se le veía agotado, así que esperaba que una combinación de cansancio, alivio y alcohol le ayudara a dormir bien.
A la mañana siguiente me sorprendió un poco ver la puerta de la habitación de Jack entornada y ni rastro del susodicho en toda la casa.
Con mi infusión de hierbas en la mano, me di una vuelta hacia el garaje y vi que mi viejo coche no estaba.
No había esperado que madrugara tanto hoy, siendo domingo y con lo que debía de ser algún tipo de resaca, aunque no fuera terrible.
Pero bueno, era libre de entrar y salir cuando quisiera.
Ese era el trato y, mientras se sintiera lo bastante relajado y a gusto como para hacerlo, eso a mí me bastaba para ser feliz.