Solo se vive una vez Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

En una especie de oleada elegante, una mujer a la que reconocí como lady Coulsdon-Hart se abrió paso entre el gentío y vino hacia nosotros, con calma y sin prisa ninguna.

—Prepárate —murmuró Jack por lo bajo, y yo hice un esfuerzo por no soltar una risita.

—Jack, cariño, cuánto me alegro de que hayas podido venir.

Por lo que había entendido, aquella reunión estaba organizada específicamente en honor de Jack, así que sugerir que no viniera resultaba un comentario extraño. No sabía si de verdad se alegraba de verle o si era una pequeña puya por su larga ausencia, camuflada de frase inocente.

—Madre. —Jack sonrió, besó su mejilla y aceptó el abrazo, algo rígido, que ella le ofreció justo cuando su marido se plantó a su lado.

—Jack. —Asintió.

—Papá. —Jack respondió al saludo con otro gesto de cabeza.

Santo cielo. Ahora entendía perfectamente por qué Jack había pasado tanto tiempo de su adolescencia en nuestra casa. Te vas años fuera y esto es todo el calor que te dan al recibirte.

—No sabía que trajeras a alguien. ¿No vas a presentarnos? —Su madre me dedicó una sonrisa con el calor de un polo de hielo.

—Claro. Esta es mi amiga Lily. Lily, mi madre.

Su madre me tendió la mano y no tuve claro si tenía que estrecharla o hacer una reverencia y besársela. Opté por estrecharla, soltar un rápido «encantada» y repetir el gesto con su padre.

—¿Lily? —El conde miró a su esposa y luego a Jack—. ¿No es Lily la mujer en cuya casa te estás alojando?

—Exacto. —Jack asintió.

—Ay, cariño. —Su madre soltó una risita y tiró de él unos pasos aparte, aunque siguieron claramente dentro de nuestro alcance—. Si no querías venir solo esta noche, podría haberte encontrado a alguien mucho más adecuado que tu casera.

—¡Madre!

Jack intentó zafarse con discreción de la mano que ella había posado sobre su brazo, sin montar una escena, y dio un paso hasta colocarse de nuevo a mi lado. Tenía la mandíbula apretada y las manos hundidas en los bolsillos, con la rabia y la vergüenza mezclándose en sus facciones perfectas.

—No soy su casera —dije con una voz mucho más segura de lo que me sentía—. Jack es un viejo amigo y tengo una habitación libre, así que se queda conmigo hasta que vuelva a poner en marcha su vida. Solo es una amiga echándole una mano a un amigo.

Le dediqué lo que esperaba que fuera una sonrisa conciliadora, pero dudaba mucho que lady Marsden fuera a ordenar la retirada de la artillería en breve.

Su madre me sonrió. Desde luego, si se quedaban sin hielo, bastaría con que acercaran los vasos a su mirada para que la temperatura de cualquier cosa bajara varios grados.

Yo me mantuve firme con toda la calidez que pude reunir, sin intención de jugar al mismo juego.

No pensaba quedarme ahí de pie viendo cómo trataban a Jack, o a mí, como si fuéramos poca cosa.

Todo cobraba sentido ahora; si esos hubieran sido mis padres, probablemente yo también me habría largado al otro lado del mundo.

—Voy a por unas bebidas —dijo Jack, apoyando de nuevo la mano en la parte baja de mi espalda—. Ya hablaremos luego.

Les dedicó a sus padres una sonrisa tirante antes de guiarme con suavidad hacia una zona de barra atendida por dos empleados impecablemente uniformados.

—¿Qué le pongo, señor?

—Whisky. Irlandés. Doble. Sin hielo. Gracias —pidió Jack, con rapidez, antes de volverse hacia mí.

—Perdona, debería haberte preguntado primero. Ha sido una descortesía.

—Ningún problema. Tú lo necesitas más que yo. Yo tomaré solo un zumo de naranja, por favor. —Sonreí a la joven detrás de la barra.

En un par de minutos los dos teníamos bebida en la mano y nos retiramos a una zona más tranquila del salón. Jack dio un trago largo, como si disfrutara del fuego del licor al bajar.

—No sé ni por dónde empezar a disculparme por mi madre.

—No tienes que disculparte. Puedo manejarla. Puede que no me guste mucho socializar, pero eso no significa que me deje pisar cuando salgo, ni que permita que avergüencen a mis amigos. —Le miré y le guiñé un ojo. Sonrió por primera vez desde que habíamos cruzado el umbral de aquella casa señorial.

—No dejas de sorprenderme.

—¿Ah, sí?

—Sí.

Abrí la boca para contestar, pero me cortó la llegada de una mujer ultraglamurosa, subida en tacones de quince centímetros, con un conjunto claramente de alta costura que realzaba al máximo su figura estilizada.

—Así que aquí es donde te escondes. —Las palabras, con un acento aristocrático impecable, venían acompañadas de una sonrisa de labios carnosos que habían tenido ayuda evidente de un cirujano plástico.

Jack se volvió hacia ella.

—Persephone. Qué alegría verte. Estás impresionante, como siempre.

Dio un paso atrás para no dejarme completamente al margen de la conversación. Resultaba difícil saber si el cumplido había sido sincero, pero estaba claro que la alegría de ella al ver a Jack sí lo era.

—Ay, Jack. —Le dio un golpecito en el brazo, dejando la mano apoyada ahí un poco más de la cuenta—. Siempre has sido un encanto.

Se volvió hacia mí.

—Dicen que los halagos no llevan a ninguna parte, pero conmigo son la mejor llave que existe.

Soltó una risa aguda, casi de campanilla, y se abrazó un poco más al bíceps de Jack.

Él, en cambio, se puso a estudiar el fondo de su copa con enorme interés.

Era evidente que había historia entre ellos, y me intrigaba saber de qué tipo y hasta qué punto.

Como escritora, me interesaban las personas, cómo funcionaban y cómo pensaban.

Mi autoimpuesto aislamiento había cortado bastante mi capacidad de observar ese tipo de cosas, y ahora me daba cuenta de cuánto echaba de menos ver cómo interactuaba la gente y la inspiración que podía extraerse de ello.

La mujer me tendió la mano.

—Lady Persephone Forbes. —Sonrió mientras me la estrechaba—. Me presento yo misma, porque está claro que Jack no va a hacerlo. Menos mal que es tan guapo, porque de lo contrario no se saldría siempre con la suya.

Esbocé una sonrisa neutra.

—Lily Madison.

—Encantada de conocerte, Lily. Me han dicho que Jack está viviendo contigo.

Las noticias volaban en aquella fiesta.

—Así es. También me está ayudando a rediseñar el jardín.

—Oh, qué encantador y… servicial. Siempre fue muy bueno con las manos. —Apretó el bíceps y le lanzó una mirada de cervatillo.

Me giré hacia el resto de la fiesta un momento, intentando disimular la sonrisa que se me escapaba.

Daba la impresión de que el pasado de donjuán de Jack Coulsdon-Hart le estaba pasando factura.

Sabía que no debería reírme, pero mi único intento de seducirle había acabado en una palmadita en la cabeza delante de todas mis amigas, así que, aunque no estuviera dispuesta a quedarme viendo cómo su madre nos pisoteaba, tampoco me negaba a disfrutar un poquito del apuro de Jack a manos de una de sus numerosas exnovias.

Lady Persephone se volvió un momento para llamar a un par de personas. Jack inclinó la cabeza hacia mí.

—No creas que no te estoy viendo reírte por lo bajo.

—No sé de qué hablas —dije, mirándole directamente a esos ojos llamativos con la expresión más inocente que pude poner.

Él hizo un leve gesto de negación.

—Y tampoco creas que esa cara inocente me engaña. Está claro que de ingenua tienes poco.

Me llevé teatralmente una mano al pecho y formé una «o» de sorpresa con la boca.

En sus labios jugueteaba una media sonrisa que, en su día, estando muy bebida, creo que llegué a calificar de sensual.

Objetivamente hablando, seguramente lo seguía siendo, pero era difícil mirar objetivamente a un hombre tan guapo como Jack Coulsdon-Hart.

Se acercó un poco y, al hacerlo, sus labios rozaron casi mi oreja mientras susurraba «No me engañas…

» en mi pelo, antes de enderezarse y volverse para atender a Persephone, que intentaba recuperar su atención.

—Voy a por otra copa.

—Voy contigo —dijo Jack, intentando escapar, pero Persephone ya iba un paso por delante.

—Estoy segura de que a Lily no le importará buscarte la bebida. No puedes desaparecer durante años y luego negarte a que te agasajen en tu propia fiesta de bienvenida.

—No es una fiesta de bienvenida —protestó Jack, pero su objeción fue desestimada con firmeza, y en cuestión de segundos varias personas más se unieron a aquel pequeño corro que empezaba a formarse a su alrededor, dejándome a mí fuera.

No tenía claro si aquello era intencionado o no, pero vi el ceño de Jack fruncirse al darse cuenta y su mano se alargó hacia atrás para atrapar mis dedos justo cuando yo pasaba detrás de él para dirigirme a la barra.

Apreté sus dedos en un gesto mezcla de apoyo y tranquilidad.

Me incorporé un poco, apoyé la mano en su hombro para equilibrarme y le susurré al oído que estaba bien.

Él volvió la cabeza, cruzó su mirada con la mía y respondió con otro apretón de dedos antes de soltarme. Entonces me dirigí a por una bebida.