XLII. Aleksander.
La dejé delante de su librería. Era una mierda, el vínculo que nos unía me exigía mantenerla cerca, pero no podía hacer otra cosa si quería verla feliz.
Los últimos días habían sido todo lo que podría haber soñado, pero no podía apartarla de algo por lo que había luchado tanto.
Ahora que la conocía mejor, aún era más consciente de lo importante que era para ella su librería y no la apartaría de algo que le hacía feliz.
No podía hacerle eso. Lira lo había aceptado todo; todo lo que yo le había dado y todo lo que le había exigido.
Había aceptado mi comportamiento posesivo, mis celos, mis gustos en la cama…
Incluso había aceptado la costumbre arraigada en la manada de que las parejas practicasen sexo delante del resto.
¿Cómo iba a negarle algo?
Además, estaba Iván… Él y su esposa la echaban de menos y no podía reprochárselo.
Lira tenía esa capacidad de meterse bajo la piel hasta volverse imprescindible.
Incluso yo, que al principio había tenido la absurda idea de apartarla, había acabado completamente cautivado por ella.
El vínculo era el responsable en buena medida de ello, pero sabía que había algo más… Ella era única y especial.
«Es nuestra… Solo para nosotros, solo para nuestra polla». Mi lobo no me dejaba en paz.
Una parte de mí… y mi lobo, ese cabrón implacable, queríamos esconderla, guardarla en la Guarida. Mantenerla lejos de resto del mundo. Pero sabía que eso no era posible… al menos, no del todo.
Había conseguido que se instalara en la Guarida conmigo y eso ya era una victoria. A cambio, le prometí a Iván que cenaríamos con ellos al menos una vez por semana.
Al menos disfruté de la satisfacción de llevarla pegada a mi espalda; con su vestido enrollado en su cuerpo, sus largas piernas a mis costados, sus brazos rodeando mi cintura y su coño desnudo mojando el asiento de mi moto. Juro que pude oler su excitación durante todo el trayecto.
La manada también reclamaba mi atención. Había asuntos que no podían seguir esperando, así que dejé a un par de hermanos vigilándola discretamente antes de marcharme.
De regreso a la Guarida, nada más bajarme de la moto, saqué el móvil casi por instinto y abrí la aplicación.
Le había confesado todo; las cámaras, la vigilancia… El tiempo que había pasado observándola desde la distancia. Para mi absoluta sorpresa, no se había enfadado conmigo, solo había sonreído mientras me preguntaba dónde estaban.
Ahora estaba guiñando un ojo a la cámara y yo no pude evitar sonreír.
En cuanto crucé la puerta del despacho, no pude evitar preguntarme cómo había sobrevivido tanto tiempo sin ella.
La necesitaba de una forma que no podía describir; me completaba de una forma que me costaba explicar.
Solo sabía que ella me proporcionaba la paz que necesitaba para enfrentarme al mundo.
Boris ya estaba dentro, esperándome… y la mirada derrotada que vi en su rostro me sorprendió. Repentinamente lo comprendí. Debía sentirse igual que yo cuando aparté a Lira de mi lado. La diferencia era que en mi caso todo había sido culpa mía…
–¿Cómo estás?
Negó con la cabeza frustrado. Ambos sabíamos por qué estaba preguntando.
–Apenas lo soporto… Ella es complicada. No quiere nada serio conmigo.
No tuvo que mencionar su nombre. Atenea, la amiga de Lira.
Eran inseparables y me parecía un auténtico regalo de la Diosa que fuera la pareja predestinada de mi Beta.
Había estado visitando la Guarida casi todas las noches desde que Lira se había instalado conmigo.
Por desgracia, por lo que Boris me había contado, le estaba poniendo las cosas difíciles.
–Quiere mi polla… pero no quiere el vínculo.
Negué con la cabeza. El sexo podía estar bien, pero el vínculo…
eso era lo que lo cambiaba todo. Nuestros cuerpos vibraban cuando estábamos juntos de una manera que solo el vínculo podía explicar.
Era como si Lira se hubiera convertido en una parte de mi misma esencia y yo de la de ella…
Como si ya no fuéramos dos, sino solo uno…
y cuando la tocaba o la besaba… cuando enterraba mi polla en su cuerpo, todas las sensaciones se multiplicaban hasta el delirio.
–Joder… eso sí que es tener mala suerte.
–Lo conseguiré –gruñó, tensando los puños–. La convenceré. No pienso rendirme.
–Lira puede ayudar… –Si alguien podía hacerlo, era ella.
–Y lo está haciendo… Sé que lo hace, pero Palas… –Se le escapó una media sonrisa cansada al usar su nombre como jáquer–. Es increíblemente terca.
–Confío en que lo lograrás.
–Al menos los ataques a nuestro sistema informático se han detenido… y he averiguado todos sus trucos.
Se me escapó una carcajada, seguro que lo había hecho.
No tardaron en aparecer Radomir y Mihail.
Como siempre, la Guarida era nuestro punto de encuentro.
La investigación seguía sin avanzar. No había rastro de nuestros hermanos… Se habían esfumado… desvanecido sin ninguna explicación.
Por suerte, Radomir tenía novedades.
–El Rey de los vampiros ha solicitado una reunión. Uno de sus chupasangres se presentó a mi puerta con el lugar y la hora.
Fruncí el ceño.
–¿A qué vendrá eso? –Me pregunté en voz alta. Repentinamente ambos Alfas me miraron.
–¿No tienes ninguna idea?
Ellos me habían sacado del Nocturna no hacía tantos días. Lo que no sabían era que mis encontronazos con Brian… se habían seguido sucediendo.
No respondí.
No tenían falta de saberlo. Eso era algo que solo me atañía a mí. Él había osado acercarse a mi compañera. Se lo había buscado.
–¿Dónde?
–En el parque del Norte. A las doce de la noche.
No me gustaba la idea de no pasar toda la noche con Lira, pero era necesario. Cuando regresase, recuperaría el tiempo perdido.
Lo que no esperaba… fue su reacción. Esperé a contárselo después de ayudarla a bajar de la moto de vuelta a la Guarida.
Una cosa era que me gustase que usara vestidos…
sin ropa interior y otra era que todos pudieran ver su coño desnudo a la luz del día.
En especial cuando había tantas posibilidades de que su adorable torpeza acabase con ella volando por el aire en alguna dirección.
Sabía que era algo hipócrita por mi parte teniendo en cuenta que habíamos tenido sexo a la luz de la hoguera casi todas las noches desde que la había reclamado, pero aquello era distinto.
–¿Ya te has cansado de mí? –preguntó, con una inseguridad que me pilló por sorpresa–. ¿Vas a irte con otra?
Eso dolió más de lo que debería.
–¿Por qué haría eso… si tú lo eres todo para mí?
–Aquella vez tú me dijiste… Tú…
No la dejé terminar. Por supuesto, era culpa mía. Lo que había hecho, seguía persiguiéndome… causándole dolor a mi compañera, a la mujer que amaba. Mi lobo aulló frustrado.
Furioso conmigo mismo, la cargué al hombro y corrí hacia nuestra habitación. No tenía mucho tiempo, pero iba a acabar con sus dudas. En cuanto entramos, cerré la puerta de un portazo.
–Escúchame bien. –La tomé entre mis brazos y la aplasté contra la pared mientras liberaba mi polla. No me detuve, tras soltar un gruñido, me enterré en su tembloroso cuerpo de un movimiento fluido–. Eres la única.
Se le escapó un grito ahogado… y yo me perdí en su calor.
Mi desesperación por ella iba creciendo con el paso de los días.
Había llegado a un punto en el que la posibilidad de pasarme las veinticuatro horas del día con mi polla enterrada en su bendito cuerpo se había convertido en mi fantasía favorita.
Yo sería completamente feliz y ella no tendría ninguna oportunidad de tropezar.
Por desgracia, no creía que Lira lo viese de la misma forma.
–Aleksander…
Con su cuerpo férreamente sujeto entre mis brazos, saqué mi polla lentamente de su coño… antes de volver a enterrarme de una dura estocada. Ambos gemimos a la vez ante el delicioso rozamiento.
–Desde que te encontré… no ha habido nadie más.
Sus manos se aferraron a mí, su respiración entrecortada mientras repetía el movimiento. La lentitud al retirarme seguida de la rapidez de la estocada provocó que nuestros gemidos se confundieran.
–¿Sabes por qué?
Una vez más salí para volver a enterrarme en ella aún más profundo y rápido. Nuestros gemidos se transformaron en gritos.
–Porque eres mi compañera. –No esperé a que respondiera–. Y eso significa que no hay ni jamás habrá nadie más en mi vida ni en mi cuerpo ni en mi corazón. Mi polla es tuya… al igual que tu coño me pertenece.
Apoyé la frente contra la suya antes de volver a repetir el movimiento.
Con cada envestida iba perdiendo más el control.
–Jamás dudes de mí… porque tú eres mi mundo. Te amo jodidamente tanto que todo lo demás ya no significa nada para mí.
Una vez más volví a enterrarme en ella de un golpe seco… pero esta vez la vi… Vi la comprensión en sus ojos un instante antes de que el placer estallara en su rostro y su coño ordeñara mi polla.
No había nada más jodidamente hermoso que verla correrse… pero quería más. Con ella nunca era suficiente, así que mientras seguía profundamente enterrado en su interior… esperé a que se recuperase, antes de reiniciar mi asalto.
No le había mentido, a su lado siempre estaba duro… y mi polla se lo demostró una vez más.
–¿Lo entiendes?
Asintió mientras comenzaba a temblar y mi polla volvía a entrar y salir de su cuerpo.
–Dímelo.
Y, las horas que me quedaban antes de la reunión, me dediqué a escuchárselo decir en todas las posiciones y sobre todas las superficies posibles hasta que se quedó ronca y exhausta… y yo completamente satisfecho.
De momento.
Aún con su aroma impregnando mi piel, acudí a la reunión. No me molesté en ducharme. Quería que todos olieran su aroma en mí. Necesitaba gritarle al mundo que ella era mía… como yo era suyo.
En cuanto llegamos, lo vi. Junto al Rey estaba Brian… y no tenía buen aspecto.
Algo extraño porque hacía tiempo que habíamos tenido… nuestra última conversación. Los vampiros se recuperaban rápido… y sin embargo…
El Rey de los vampiros no se anduvo con rodeos.
–Os he pedido esta reunión por tres motivos. El primero… pediros disculpas.
Empujó a Brian hacia mí.
–He oído que este idiota ha estado rondando a tu compañera. No volverá a ocurrir. –Fijó sus ojos en él y este bajó la vista–. ¿Verdad?
–No… –Se giró hacia mí–. Alfa, lamento el malentendido.
Asentí, tenso pero satisfecho. No había esperado esa muestra de… consideración.
–Si un licántropo merodease alrededor de mi Reina… –Apartó a Brian de un manotazo–. No habría sido tan civilizado como tú…
Tuve que sonreír… No lo pude evitar. Para mi sorpresa, Dédrick y yo teníamos algo en común… Éramos enemigos, discrepábamos en todo; pero en lo que tenía que ver con nuestras compañeras, éramos iguales.
–No puedo estar más de acuerdo contigo… –concedí.
–Entonces espero que también estés de acuerdo con el segundo motivo de esta reunión. –Su mirada se afiló en mi dirección–. ¿Es tu manada la que controla el aeropuerto?
Me puse rígido.
–Sí, por supuesto. Mis antepasados lo construyeron. –No sabía de qué iba todo aquello, pero se lo dejé muy claro–. Es nuestro.
–¿Y entonces, cómo es que permites que se utilice para el tráfico de personas?
Su pregunta me pilló por sorpresa.
–¡Eso es imposible! –Antes de unirme a mi compañera, la pregunta de Dédrick habría provocado que me abalanzase sobre él pidiendo venganza por acusarme de algo así… pero ahora todo era distinto.
Ella… su cercanía, el vínculo que compartíamos me proporcionaba el temple del que siempre había carecido. Si mi manada había notado su influjo cuando todavía no la había reclamado… ahora que la había marcado, hasta yo era consciente del cambio que había operado en mí.
–¿Imposible? –Sus ojos no se apartaron de mí ni por un instante. Estaba analizando cada una de mis reacciones. No sabía si podía confiar en mí. Eso me molestó más de lo que esperaba. ¿En serio creía que tolerábamos algo así?–. Hemos acogido en el club a dos mujeres que aseguran lo contrario.
Siempre habíamos prohibido que se utilizase el aeropuerto para ese tipo de negocios, pero desde que Lira había entrado en mi vida… La posibilidad de que alguien traficase con mujeres como ella lo había convertido en algo que iba más allá de una prohibición. Iba a correr sangre.
–¡Esos italianos! –mascullé mi frustración mientras mi lobo se revolvía furioso. Si era cierto iba a acabar con la mafia italiana de una vez por todas–. Han estado rondando el aeropuerto y creía que habían captado la indirecta, pero veo que me he equivocado.
Una extraña expresión apareció en el rostro del Rey al ver mi reacción. Una que muy pronto entendí.
–Supongo entonces… –Habría jurado que una sonrisa se había asomado a sus labios–. Creo que también en eso estamos de acuerdo.
Asentí en silencio mientras comenzaba a trazar planes para eliminar a esos bastardos.
–¿Y el tercer motivo? –Ni Mihail ni Radomir habían encontrado a sus compañeras. Ellos tenían otras preocupaciones.
La expresión del vampiro cambió.
–Tengo una pista sobre vuestros hermanos.
–¿Cuál?
–Han sido secuestrados.
El aire se volvió pesado.
–Eso ya nos lo habías dicho.
–Es cierto, pero lo que no sabéis es que ayer también desaparecieron dos vampiros de mi horda.
Hizo una pausa antes de terminar.
–Y sé que NTL… Noval Tactical Labs … está relacionado con todos los secuestros.