IX. Aleksander.
Ella era pequeña, torpe, vulnerable…
Y su evidente excitación me decía lo que yo ya sabía, que a pesar de que era humana ella también lo notaba… notaba que éramos compañeros.
No era la primera vez que algo así ocurría, que la Diosa elegía una humana o un humano para alguno de nosotros, pero… ¿por qué me tenía que ocurrir a mí?
Si al menos fuera… más fuerte y letal.
Pero Lira, ese era su nombre… uno que me costaba reconocer que me encantaba, era la criatura más delicada que había conocido en mi vida.
Era humana, una friqui de libros de los que yo ni siquiera había oído hablar. ¡Como si me hubiera interesado la lectura alguna vez!
Tras la cena, para mi absoluta vergüenza lo había investigado, había buscado en mi móvil información sobre literatura fantástica. Inmediatamente mi pantalla se había llenado de referencias a El señor de los anillos , Harry Potter , Juego de tronos … ¿Qué era toda esa mierda?
Ella era todo lo que no quería, pero era lo único que todo mi ser anhelaba… con mi lobo al frente.
«¡Ve a por ella, reclámala!».
Y cada día me negaba a escucharlo…
Me mantenía ocupado con los negocios de la manada.
–Alfa, no necesitas mancharte las manos…
Pero yo me las manchaba… desesperado por sentir dolor o encontrar consuelo… rompiendo huesos, amenazando e hiriendo…
No es que me faltaran distracciones. Mangielo seguía tensando la cuerda y yo ya había decidido darle caza para recordarle exactamente dónde estaban los límites. Justo antes de arrancarle la garganta por su osadía.
Supervisaba cada cargamento y cada entrada de armas…
mientras el resto de la manada peinaba la ciudad buscando a ese hijo de puta escurridizo que se había creído más listo que nadie.
Y cada vez que encontrábamos uno de sus nuevos escondites, me encargaba personalmente de hacer una visita de cortesía.
Por desgracia, la rata siempre conseguía escapar antes de que llegáramos…
aunque eso no impedía que dejara un mensaje a los hombres que dejaba detrás, acompañado de unos buenos puñetazos y advertencias.
–Con el Aeropuerto no se juega –les repetía una y otra vez–. Más vale que se lo hagas llegar a tu jefe.
Mi otro motivo de preocupación eran los hermanos que habían desaparecido. Estábamos registrando cada uno de los lugares donde podían estar retenidos, pero no nos limitábamos a eso.
Tras la conversación con los otros Alfas, habíamos comenzado a vigilar a los vampiros.
Todavía no había visitado el club de su Rey, pero no lo descartaba si seguíamos sin pistas.
De momento, había decidido limitarme a observarlos, no quería levantar sospechas.
Esperaba que cometieran algún error que nos permitiese localizarlos.
Incluso había comenzado a restaurar un Mercedes-Benz 300 SL que sabía que me mantendría ocupado durante meses.
La tranquilidad del taller, las piezas perfectamente ordenadas, el olor a metal y aceite y las horas ajustando cada detalle con precisión casi obsesiva conseguían despejarme la mente mejor que cualquier otra cosa… Pero no esta vez.
Nada servía.
Cuando anochecía y la fiesta en el bar de la Guarida comenzaba… Trataba de demostrarme que ya lo había superado arrastrando a mujeres desnudas a mi regazo, mujeres que solo me provocaban rechazo y que… era incapaz de follarme…
Contenía mis ganas de arrancarme la piel cuando me obligaba a tocarlas, controlaba la repulsión cuando admiraba sus tetas o sus culos en voz alta… mientras mi lobo aullaba.
Solo cuando no podía más me levantaba y me iba desesperado.
Me subía a la moto y mi cuerpo tomaba el control para llevarme al lugar donde sabía que la encontraría.
Tras la primera noche, Boris me escoltaba, aunque no lo necesitaba. Por fortuna, nunca preguntaba nada; simplemente permanecía a mi lado, cubriéndome las espaldas en silencio. Sabía que no obtendría respuestas y sospechaba que tampoco las necesitaba. Era demasiado evidente lo que estaba ocurriendo.
En cuanto me bajaba de la moto…
En cuanto picaba a la puerta y percibía su dulce aroma y escuchaba su risa…
Mi cuerpo encontraba la paz y mi mente comenzaba a hervir.
Lira era una invitada fija en las cenas de Iván y Masha… y yo me convertí también en un invitado más.
Mi amigo humano tampoco me preguntó nada. Él me conocía demasiado… Él nos conocía demasiado y mi evidente necesidad de estar cerca de la pequeña humana le decía todo lo que necesitaba saber.
Así que se limitaba a poner un cubierto más y esperar mi aparición con una sonrisa… que yo deseaba borrar de un puñetazo.
Las cenas siempre iban igual…
Yo la observaba absorto.
Iván y Masha le hacían preguntas nada sutiles que trataban de determinar si podía llegar a aceptar mi naturaleza y… en algún momento ella ya no podía aguantar más su evidente incomodidad y salía huyendo.
¡Justo el momento que estaba esperando!
«¡Al fin!».
El momento que mi lobo y yo estábamos esperando.
Me encantaba cazar a mis presas… así que vivía para cazarla a ella.
–¿Por qué eres tan torpe?
La pregunta salió sin pensar en una de mis primeras persecuciones; cuando la había interceptado antes de que rodase por las escaleras.
¡Realmente era un peligro andante!
–¿Y por qué te molesto tanto?
¿Esa era la sensación que daba?
Preferí ignorar la pregunta.
¿Qué iba a decirle?
Deseaba tocarla, besarla, agarrar su coleta y obligarla a tomar en su boca mi polla…
Me moría por follarla… reclamarla como a mí me gustaba, en cualquier momento o lugar… Pero ella solo era una humana… una que no era para nada lo que había esperado.
Demasiado dulce, demasiado frágil, demasiado… Lira.
Y, a pesar de eso, volvía una y otra vez a buscarla… disfrutando de nuestros breves instantes juntos… y del tacto esquivo de su piel.
Primero fueron los abrazos… para evitar que se partiese la crisma.
Observar como encajaba entre mis brazos me proporcionó una satisfacción inesperada… y a mi lobo ideas.
«Tómala y márcala ya».
Después unos cuantos besos castos, apenas un roce en los labios, durante la despedida ante su puerta… que encendieron mi sangre.
«¡Tómala y márcala ya!». Y a mi lobo le dieron las ideas habituales.
Y el día que tomé sus labios y la devoré como quería… El día que acaricié su calor… descubrí que además de frágil… era demasiado inexperta y eso me gustó más de lo esperado.
«¡¡¡Tómala y márcala ya!!!». Nada nuevo para mi lobo.
Pero también… todos aquellos instantes robados confirmaron lo que ya sabía. Ella no era para mí.
Lira no podía ser mi compañera.
La Diosa podía haberla elegido… pero ella nunca sería mía.
El único problema era que mi lobo, mi corazón y mis entrañas se negaban a aceptarlo.
Así que noche tras noche regresé… sin que nada ni nadie pudiera impedirlo.