Solo hasta Navidad (Soul Finder 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

CAPÍTULO

VEINTISÉIS

OWEN

Estoy delante del ordenador, con Zero a mi lado, y mis padres me miran como si fuese una aparición estelar, lo cual es normal dado todo lo que acabo de decirles.

Que mi novio era falso. Que lo conocí en Soul Finder, la app de la que ya les había hablado.

Que era mi alma gemela, esa persona cuyo nombre nunca les mencioné porque quería omitir que era hombre, pero del que hablaba cada día.

Que nunca ha habido nada entre Victoria y yo, que en realidad está prometida y que la gran mayoría de las chicas con las que me magreo también son mentira.

Que soy una mentira y que está bien que mi alma gemela lo sea cuando yo mismo estoy hecho de la misma pasta.

—Cielo. —Papá Jackson me mira con esa expresión que revela que está a punto de atravesar la distancia para darme un abrazo de los que me dejan sin aliento.

—Lo siento mucho. Soy lo peor.

—No, hijo. Nosotros lo sentimos. No sabíamos que te sentías así. Jamás se nos ocurrió que te estábamos haciendo daño.

—Nunca me habéis hecho daño. Soy yo, me he portado fatal.

—Shhh. Deja de llorar.

—No estoy llorando. —Pero no es verdad, llevo un rato limpiándome las lágrimas con poco disimulo. Mis padres son débiles a las lágrimas.

—Está bien. Miraremos vuelo e intentaremos estar allí mañana a primera hora.

—No, no, no. Por favor. —Mi voz suena desesperada—.

Haréis que me sienta peor si volvéis. Solo quería…

Necesitaba hablar con vosotros. Necesitaba que supierais que os quiero y que os echo de menos y que a veces me comporto como un hijo de mierda que no valora lo que tiene, pero que nunca he dejado de quereros. Ni un poquito.

A papá Logan se le llenan los ojos de lágrimas. Veo como Jackson le da la mano. De los dos, Logan siempre parece el más fuerte, pero no es verdad. Solo es un castillo que parece fuerte, pero se deshace en cuanto sopla el viento. Y el viento sopla con demasiada fuerza cuando se trata de mí.

—Os quiero mucho. Gracias por quererme.

—No seas bobo. Mierda, Jack. No podemos dejarlo ahí tanto tiempo.

—Cielo, nos ha pedido tiempo. Dos días. ¿Podrás aguantar dos días? —me pregunta papá Jackson en un intento por calmar a mi otro padre.

—Claro que sí.

—¿Con quién vas a cenar?

Por un momento, recuerdo ese «no vas a pasar las Navidades solo» que me calentó el alma. Mierda. «No pienses en él. No ahora. Espera a que ellos no estén. Solo unos minutos…». Respiro hondo .

—James. Me ha invitado a su casa. Ya sabes cómo es su madre. Comeremos hasta reventar. —Me sorbo la nariz y sonrío para mostrar mi mejor cara de chico feliz. Zero, a mi lado, me da un lametón en la barbilla y les ladra.

—Pequeño, a ti también te echamos de menos. —La voz de papá Jackson se distorsiona cuando le habla a nuestro perro como si fuera un bebé diminuto y no un perro de veintisiete kilos—. El veintiséis estaremos ahí. —Le da un codazo a papá Logan—. ¿Vale?

Mi padre asiente, pero no deja de fruncir el ceño. Bien. Sé que Jackson lo convencerá, que volverán el día que han prometido y todo estará bien. Nos estamos despidiendo cuando recuerdo una cosa que nunca les he preguntado.

—Papá. —Los dos me clavan la mirada y yo sonrío. ¿Cómo no hacerlo?—. Sabíais lo que James sentía por mí, ¿verdad?

Si la culpa pudiera medirse, no habría espacio en la pantalla para abarcarla.

Asiento y ellos se abrazan desde el otro lado.

¿Qué puedo decir? Hay poco que decir. Mi amigo me quiere, yo quiero a mi amigo.

Dos amores distintos, momentos distintos, personas distintas.

Mis padres me enseñaron a ver el mundo como una extensión de sus brazos.

Un refugio seguro, acogedor. Pase lo que pase, aunque el cielo se caiga y la vida se llene de ruido, eso es lo que quiero ser siempre para James; refugio, hogar.