Solo hasta Navidad (Soul Finder 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

CAPÍTULO

DIECINUEVE

LEVI

Lo siento removerse, murmurar en voz baja, y mi mente vuela.

Regreso a la noche en la que me quedé en su casa, a sus súplicas y gemidos entrecortados.

Regreso a todos los besos que hemos compartido, para mí tan reales y para él tan fingidos.

Quiero tocarlo. Jamás he querido algo con tantísima claridad.

Desde que me besó y lo tuve entre mis brazos aquella primera vez, apretado contra mí, supe que no habría retorno.

Porque sí, Ryder tiene razón: Owen me gusta de una manera absurda y desenfrenada.

Más que gustar, me he enamorado de él. ¿Por qué cojones negarlo a estas alturas?

Quiero a ese chico que me hace reír y sentir que nada importa mientras pueda quedarme unas horas con él en el silencio de mi habitación.

Hablar con él, vivir con él en esa burbuja que hemos creado, conocerlo, conocerme a través de él, sentirlo como jamás he sentido a nadie a pesar de que ni siquiera sabía quién era…

Joder. Ir a buscarlo fue un acto de fe. Quería verlo casi tanto como necesitaba respirar.

Y entonces todo se fue a la mierda. El chico que pensaba que lo era todo resulta que no era nada.

O eso creí. Owen tiene la manía de destrozar mis esquemas.

Al final, solo me queda él, mi alma gemela. Y eso es todo lo que necesito.

Y aquí estoy ahora, observándolo en la oscuridad de mi habitación.

Y ahí está él. El chico al que quiero se halla a mi lado, semidesnudo, probablemente cachondo, aún con los efectos del alcohol y sin tener ni idea de que he estado jugando con ventaja todo el tiempo.

Y no me atrevo a ponerle una mano encima.

Desde el mismo momento en que me habló por teléfono y supe dónde estaba me invadió una desazón tremenda. Es… como si hubiese estado perdiendo un tiempo precioso, como si nada tuviese el menor sentido. Owen buscando en otro cuerpo lo que yo me moría por tener. ¿Y para qué? ¿Por qué, joder, por qué?

—Duerme.

Hace ademán de girarse, pero lo coloco de espaldas y le paso un brazo por el abdomen para inmovilizarlo, haciendo lo posible por que nuestros cuerpos no se toquen demasiado.

No quiero que note mi excitación ni quiero notar la suya.

No puede haber nada entre nosotros, no esta noche, no cuando aún hay restos de alcohol en su cuerpo.

—Es que estoy pensando.

—¿En qué?

Mueve la pierna hacia la mía, de modo que nuestros pies se rozan. Siento un escalofrío que aumenta en cuanto acerca los dedos y me acaricia el brazo desnudo; caricias largas y lentas. Cierro los ojos y respiro hondo antes de volverlos a abrir.

—Quiero follar contigo. —Lo dice en un susurro que me lanza una descarga directa a los huevos.

Mierda.

—Sabes que no es el momento. —Muevo el brazo para detener sus caricias y la tortura a la que me está sometiendo sin pretenderlo, pero no lo pilla y vuelve a ello en cuanto me quedo quieto—. Vamos, duerme, Owen.

—Ya lo sé. No me refiero a ahora. Me refiero a mañana.

O a pasado mañana. O a dentro de un mes.

—Se remueve mientras yo lo sujeto para que no me mire.

No puedo, no ahora. Necesito mantener el poco control que tengo estando como estamos de cerca—.

Me refiero a algún día, sea cual sea ese día. Quiero follar contigo y eso me aterra.

Eso me sorprende. No entiendo a qué se refiere; tampoco sé si quiero entenderlo.

—No lo hago nada mal, creo. Aunque tendrás que juzgarlo por ti mismo.

—No estaba diciendo eso, ¿vale?

—Vale.

Vuelve a moverse y yo vuelvo a inmovilizarlo.

—Dios. No lo digas así, con ese tono. Se me pone durísima cuando lo haces.

Me contengo para no bajar la mano por su torso y descubrir cómo de dura la tiene. Para no quitarle toda la ropa y demostrarle lo bien que se lo puedo hacer.

—¿Qué es lo que te aterra?

—Eres mi alma gemela.

—Eso ya lo sabías.

—Sí, pero antes no te había tocado ni te había sentido.

Te sentía, pero con palabras. Me acostaba calentito por dentro, pero mi cuerpo no sabía lo que era tenerte.

Y hoy…, cuando Lina se me acercó… —Suspira hondo—.

Sentí que todo estaba mal. Tenía sus manos sobre mi cuerpo y solo podía pensar en ti, en lo caliente que te sentí cuando me agarrabas por detrás en mi cama y en lo mucho que deseaba que me tocaras.

Apenas me tocaste, Levi, y me hiciste perder la cabeza.

—¿A dónde quieres ir a parar?

—A que si follo contigo creo que no querré estar con nadie más. Eso me da miedo. Eres…

—¿Soy…?

—Mi alma gemela.

Me río. Siento un pellizco doloroso en el pecho.

«Mi alma gemela». El corazón se me acelera.

Quiero acercarme a él, tocarlo, meterle la lengua en la garganta, beberme sus gemidos, hundirme en él, demostrarle lo bien que podemos encajar.

Quiero morderle el alma y que la marca de mis dientes se le quede impresa para siempre.

Que no necesite estar con nadie más que conmigo. Dios, estoy tan celoso… Mierda.

—Hoy estás de lo más repetitivo —asevero en un intento de restarle importancia.

—¿A ti no te pasa? ¿Es solo cosa mía? Es como si fueses el antes y el después, el gran punto de inflexión. Como si después de ti no hubiese nada más. Como si todos los caminos me llevaran a este momento. Levi, yo… creo que podrías ser tú.

—¿Te refieres a…? —El pellizco ahora me provoca un dolor insoportable.

—Sí.

—Venga ya, Owen. No te enamoras de una persona solo por follar.

—No puede hablar en serio. Me niego a que lo reduzca todo al sexo.

El sexo puede ser increíble, pero nosotros, juntos…

Eso sí que es increíble. Necesito que se dé cuenta de lo que somos, de lo que hemos sido todo este tiempo dentro de nuestra burbuja y lo qu e podemos llegar a ser fuera.

Necesito que me sienta más allá de la piel y el deseo.

—No es solo por eso. Follar es solo un ingrediente más. Es la parte física. Cuerpo y corazón van conectados de alguna manera. No sabía cuánto hasta que te conocí.

Necesito que se calle, que deje de decir todo eso que hace que quiera colocarme sobre él y acabar con todo de una vez.

Si supiera que follar con él haría que me viera como algo más que a un novio falso con el que terminará a la llegada de la Navidad, me lo follaría de todas las maneras posibles.

Se lo haría hasta que me quisiera. Y luego se lo seguiría haciendo para que lo recordara.

Lo haría encantado todos los putos días de nuestra vida.

—No has dicho nada sobre la mente. El cerebro también cuenta.

—Mi cerebro no tiene nada que hacer frente a mi corazón. No cuando se trata de ti.

—Estás borracho, Owen. Necesitas dormir.

—Quiero que me folles. Lo quiero ahora y lo querré por la mañana. Y quiero… lamerte el lunar. Me pone mucho tu lunar, Levi.

El pulso se me acelera. Qué difícil es mantener la mente en blanco cuando cada una de sus palabras es como un arcoíris.

—Bien, pues entonces pídemelo por la mañana y ya veremos.

—Te lo pediré, ¿vale?

—Vale.

Sonríe. Y yo me muero por besar esa sonrisa.

A la mierda. Me acerco a él y lo sujeto de la mandíbula.

En la oscuridad de la habitación, busco sus labios.

Su aliento cálido me golpea y consigue que se me ponga todavía más dura.

Owen abre los labios, me muerde el dedo pulgar y un momento después se lo mete en la boca.

Se me escapa un jadeo cuando me agarra la muñeca y se saca el dedo, despacio, para un momento después besarme la palma.

Besos pequeños acompañados de suaves mordiscos.

—Hemos dicho mañana —le recuerdo con voz grave.

—Has empezado tú —susurra a la vez que desliza la lengua por las líneas de mi palma.

Le aparto la mano sin hacer demasiada fuerza y le inmovilizo la muñeca contra el colchón.

Luego busco su boca y le doy un beso que me sabe a pasta de dientes, a un deseo voraz y también a verdad.

«Almas gemelas». Jamás había sentido algo así de intenso por nadie, como si todo empezara y terminara en él, como si fuéramos dos partes de un todo.

Y quizá sea así, somos dos partes de un todo intentando volver a encontrarse.