Solo hasta Navidad (Soul Finder 1) Capítulo 17
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Capítulo 17

CAPÍTULO

DIECISIETE

OWEN

Estoy delante del espejo. Me he puesto unos pantalones negros ajustados y una camisa igual de ajustada. Ropa para follar, como la llamaría James. Eso quiero, ¿no? Follar bien duro. Cualquiera me vale para eso.

Zero, que no ha dejado de dar vueltas para llamar mi atención, me ladra. Una, dos, tres veces. Luego me empuja y, al final, se deja caer sobre mis pies.

Suspiro y me agacho. No puedo evitar esbozar una sonrisa cuando acerco la mano y hace la croqueta hasta quedar con las patas hacia arriba.

—Toca mimos, vale. Diez segundos —le advierto. Él gimotea y saca la lengua, muy contento de que le rasque la barriga. Me río—. Vale, treinta segundos.

Al final, me quedo dos largos minutos mientras pienso de nuevo en el porqué de mi enfado.

No he hablado con Levi desde que me marché de su casa con mucha prisa, alegando que mis padres me necesitaban con urgencia.

Si él sabe que era mentira o no, no lo sé; pero desde luego que yo no iba a seguir ahí sintiéndome patético y sin quitarme de la cabeza que Ryder y él tenían un pasado sexual en común y que quizá no era tan pasado como Levi quería hacerme creer.

Le rasco una última vez la tripa a Zero antes de dar un par de palmadas para que se levante y yo lo haga con él.

Tengo pelos por todas partes, por lo que me dedico unos segundos a pasarme el quitapelusas.

El móvil me vibra en el bolsillo y compruebo que se trata de James.

Me asomo a la ventana para ver el coche rojo aparcado frente a mi casa.

Genial. Al menos no estaré solo y tendré chófer para regresar a casa, si no me quedo en una de las habitaciones de la rubia buenorra, cosa que estoy decidido a hacer.

Bajo corriendo y me despido de mis padres de camino a la salida, donde me pongo los zapatos y rebusco en los cajones hasta dar con los condones. Me guardo un par en la cartera justo cuando papá Jackson se acerca.

—Cielo, ¿has quedado con Levi?

Se me encoge la tripa. Levi. Claro, joder. Mi falso novio. Mierda.

—Eh, no. Bueno, sí. —Mi padre enarca las cejas—. No lo sé. Está ocupado con el curro, así que iré con James y si puede se unirá a nosotros más tarde.

—No te estarás acostando con otras personas, ¿no? —Tiene la mirada clavada en mi bolsillo.

No puedo evitarlo; me ruborizo.

—Claro que no.

—No habréis discutido, ¿verdad? —Se me acerca como un depredador a su presa.

Es como si pudiera leerlo todo en mi cara y, joder, jamás ha tenido tanta puntería como ahora—.

Hijo, no hagas nada de lo que puedas arrepentirte.

Puede que hoy estés enfadado, pero el enfado no dura para siempre.

La culpabilidad sí. Créeme, sé de lo que hablo.

—No estoy enfadado, y no voy a acostarme con nadie más, papá. —Ninguna de las dos cosas es cierta, pero él no tiene por qué saberlo.

Cojo el abrigo que he dejado colgado en el perchero y me lo pongo.

—Dile a James que la próxima vez entre y se quede un rato con nosotros. Hace tiempo que no lo vemos.

—Vale.

—Y avisa si no vienes a dormir.

—Vale —repito.

Abro la puerta y ya me estoy alejando cuando mi padre me dice desde atrás:

—No olvides lo que te he dicho.

Lo miro a los ojos. Su expresión de preocupación me rompe el corazón.

Y me siento mal, fatal, por estar mintiéndoles sobre el novio perfecto que no tengo.

Lo peor es lo bien que ha encajado Levi con mis padres.

Dudo que el hecho de que sea hombre tenga algo que ver.

Mis padres lo adoran de verdad, lo hacían cuando solo era el borde de la gorra de la mesa del fondo y lo hacen ahora que creen que voy a casarme con él, a tener una casa con jardín y a adoptar a muchos bebés en un futuro no demasiado lejano.

Me voy porque mirarlo me duele y se supone que voy a pasarlo bien. A beber, a follar, a olvidar a Levi Wright y todo lo que me hace sentir. Necesito olvidar que tengo un alma gemela que nunca será para mí.

Un rato después, me encuentro en una casa enorme con más habitaciones de las que imaginé y he perdido la cuenta de las cervezas que me he bebido.

Y de los chupitos de tequila. Y de esos otros de licor que me han dejado un regusto dulzón en el paladar.

También he perdido a James, que en algún momento puso cara de estar viendo un accidente tremendo y se largó vete a saber dónde, dejándome con la rubia buenorra que no deja de restregar el culo contra mi polla.

—Necesito mear —le informo.

Ella se ríe. Está tan borracha como yo, quizá más. Fuera está todo oscuro y la estancia no puede estar más llena. La música tecno inunda mis oídos y siento que me va a estallar el cerebro.

—Ven, te acompaño.

Me dejo guiar entre la gente. Empujones por aquí, saludos por allá, besos en la mejilla… Dios. ¿Quién es toda esta gente y por qué me conocen?

—Me dijeron que eras bisexual. —Me pregunta la rubia con una mano en mi cintura. Estoy a punto de caerme cuando apoya su peso en mi cuerpo—. ¿Es verdad?

—Sí.

—Corre el rumor de que tienes novio. ¿Eso también es verdad? —Llegamos al baño del pasillo y, al intentar abrir, alguien grita desde el otro lado que está ocupado—. ¿Vamos al de arriba? —Se muerde el labio inferior.

Suelto un hipo. Ella se me pega un poco más cuando me detengo junto a la puerta.

—¿Estás bien?

—Sí, solo necesito mear. —Apoyo la espalda contra la pared y permito que todo gire y gire. Siento el estómago revuelto, el cuerpo pesado, la cabeza embotada.

—Entonces, ¿no tienes novio? Porque podemos subir arriba a divertirnos un rato, tú y yo solos .

—Necesito ir al baño —repito, ignorando cualquier intento de flirteo.

—Eso es un sí —dice con una sonrisita.

Tira de mi mano y me conduce escaleras arriba.

Siento cada movimiento del pie como si levantara kilos y kilos de hormigón.

Mierda. Estoy tan mareado que no me doy cuenta de cuándo entramos en la habitación ni de cuándo tengo a la rubia sobre mí; sus labios presionando los míos, su cuerpo estirado hacia mí, su lengua enlazada a la mía.

Me besa con ganas y yo solo puedo pensar en que necesito mear y que todo me sabe a licor de crema.

La rubia tira de mi camisa y comienza a desabrocharme los botones.

Me empuja hacia la cama y se coloca encima de mí con las piernas abiertas y el sexo buscando fricción con el mío.

Respiro hondo y echo la cabeza hacia atrás.

Pero mi polla no reacciona. El alcohol no me deja pensar más que en las ganas que tengo de mear y en que todo está mal.

«El enfado se pasa, la culpabilidad se queda». Odio que mis padres tengan razón, pero odio más no hacerles caso cuando sé que la tienen.

Odio estar en esta cama, con ella. Odio que me toque. Odio que no sea él, joder. ¿Por qué no me conecté anoche? No lo hice y luego no fui a trabajar a la cafetería con la excusa de pasarme por la universidad a entregar un trabajo inexistente. Odio las ganas que tengo de vomitar. Mierda.

—Para. —La sujeto de las manos para apartarla—. No me encuentro bien.

—¿Quieres vomitar?

—Creo que sí. ¿Puedes traerme una infusión? —le pido con la intención de que se marche y no porque tenga pensado tomármela. Solo quiero que desaparezca, buscar un sitio seguro, lejos de ella .

—Ve al baño mientras. Vuelvo enseguida. —Y se va.

Me apresuro a levantarme. Me tengo que agarrar a la cama para no caerme.

Entro en el baño de la habitación y hago pis lo más rápido que puedo.

También me echo un poco de agua. ¿Estoy pálido o son cosas mías?

No lo tengo claro. Salgo deprisa y avanzo por los pasillos hasta dar con otra de las habitaciones, ni idea de cuál.

Busco un lugar donde esconderme y decido que el enorme armario empotrado de la esquina es un buen sitio.

Cierro con cuidado y me siento en su interior, entre la ropa que cae del perchero.

Saco el móvil y busco el número de James. No me lo coge, así que espero a que me devuelva la llamada mientras abro la aplicación. Son más de las diez, la hora a la que ambos nos conectamos.

Se me encoge el estómago y siento una arcada cuando descubro que está en línea. He empezado a sudar, quizá por el armario cerrado o quizá por los nervios de verlo ahí. ¿Esperándome? Lo más probable es que no. Puede que solo quiera chatear, hablar de libros, encontrar otra alma gemela.

No. No. No.

A la mierda.

La cabeza me sigue dando vueltas, pero estar sentado ayuda. El agua que me eché sobre la nuca también. Me siento mejor, más despejado, más yo. Listo para hablar con él. Sí.

Owen:

Estás conectado.

Levi:

Siempre me conecto.

Owen:

Pero estamos enfadados.

Levi:

Ah, ¿sí? ¿Por eso me dejaste plantado ayer?

Gracias por avisar. No tenía ni idea.

Owen:

No te rías de mí.

Levi:

No se me ocurriría reírme de ti.

Owen:

Hoy no, ¿vale? Mi padre tenía razón.

Levi:

¿En qué exactamente?

Owen:

Sobre la culpabilidad. Te muerde por dentro, ¿sabes? La culpa nunca se va. Tendría que haber hablado contigo antes de hacer una cosa así. Pero es que estaba muy enfadado…

Levi:

Owen, ¿de qué hablas? ¿Estás bien?

Owen:

No.

Creo que no.

Es decir, estoy seguro de que no. Me siento fatal.

Levi:

¿Dónde estás?

Owen:

En un armario.

Levi:

Pensé que ya habías superado esa parte…

Owen:

No en ese armario.

En el de Lina. O en el de sus padres. Espera, quizá es el de la habitación de invitados. No lo sé. Tiene muchas habitaciones.

Levi:

¿Lina?

Owen:

Daba una fiesta y me ha invitado. La vez pasada no vine.

Levi:

Supongo que hablamos de una de las tantas tías con las que ligas.

Owen:

Es una rubia buenorra. Seguramente la has visto.

Levi:

Coqueteas con mil rubias buenorras.

Owen:

Ya no. Desde que empecé contigo no coqueteo con nadie.

Pero ayer me invitó y yo estaba enfadado, así que le dije que sí.

Levi:

Claro.

Owen:

Me quiere follar. Por eso no fui la vez pasada. No me apetecía.

Levi:

Claro.

Owen:

Pero hoy quería hacerlo. Me apetece mucho echar un polvo, ¿sabes? Hace mucho que no lo hago.

Vi cómo te tocaba y cómo te hablaba y pensé… Me apetece mucho follar.

Levi:

Empiezas a parecer un disco rayado, Owen.

Espera. ¿Te refieres a Ryder?

Owen:

Yo nunca te he tocado así y esa familiaridad con la que… Da igual.

Levi:

Eres consciente de que solo quería ponerte celoso, ¿no? No sé a qué tipo de prueba quería someterte, es idiota; pero has caído en su trampa. Joder, pensé que te habías dado cuenta.

Owen:

Te has acostado con él.

Levi:

Hace tiempo que no.

Owen:

¿Cuánto?

Levi:

El suficiente.

Owen:

Pero lo has hecho. Más veces que conmigo.

¿Te digo las veces que lo hemos hecho?

Cero. Sé contar.

Levi:

No seas absurdo.

Además, no voy a pedir perdón por haber follado. Tú lo has hecho más que yo, seguro.

Coño, que se supone que somos novios y me acabas de decir que estás ahí precisamente para eso.

Owen:

Solo quería olvidar.

Levi:

¿El qué?

Owen:

El tacto de tus manos. Todo lo que siento cuando estás cerca de mí.

Levi:

No hablas en serio.

Owen:

Odio sentirme así. Odio lo que sentí cuando vi cómo te tocaba.

Levi:

Ryder solo quería jugar contigo. Cree que eres gilipollas.

Owen:

¿Le has dicho que soy gilipollas?

Levi:

Me dijo que te había visto un par de veces en la cafetería, de lejos, antes de saber que eras mi alma gemela. Que siempre estabas tonteando con unas y otras. Lo cual es cierto.

Se sorprendió cuando le hablé de nuestra compatibilidad y hablamos de ese Owie de día que ambos habíamos descubierto. No cree que seas bueno para mí, por eso se comportó como un idiota.

Owen:

A lo mejor tiene razón.

Levi:

¿En que es un idiota? Estamos de acuerdo, pero ahora mismo creo que tú también lo eres.

Owen:

Me refiero a que no soy bueno para ti.

Levi:

No digas tonterías. Además, solo fingimos ser novios, ¿recuerdas?

Owen:

No soy bueno para nadie, ¿vale?

Levi:

¿Cuánto has bebido?

Owen:

Un poco.

Levi:

¿?

Owen:

Un poco mucho. Creo que, si me levanto, me caeré. Y tengo ganas de vomitar la comida. No recuerdo qué comí. Llevo un rato pensando en eso.

Creo que es la habitación de una mujer porque hay vestidos que parecen caros y resbalan de lo sedosos que son.

Levi:

Envíame la ubicación.

Owen:

¿Vas a venir a buscarme?

Levi:

Lo haré si me pasas la ubicación.

Owen:

¿Vas a venir buscarme a la casa de Lina?

Levi:

No se me ocurre otro motivo para pedirte su dirección.

Owen:

Levi.

Levi:

¿Qué?

Owen:

No has dicho «vale». Antes.

Levi:

Para estar borracho te fijas en todo.

Owen:

No lo has dicho.

Levi:

Porque no me vale, joder. Y ahora dime dónde estás para que pueda ir a sacarte del puto armario.

Owen:

Ya estoy fuera.

Levi:

No del todo.