Solo hasta Navidad (Soul Finder 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

CAPÍTULO

OCHO

LEVI

Cuatrocientas nueve horas de conversaciones.

Alma gemela.

Compatibilidad cien por cien.

Me recuerdo todo eso mientras me quedo ahí sentado, viendo cómo se acerca con una expresión que no le había visto nunca.

Está más que nervioso. Estupendo. Me gusta que lo esté.

Quiero verle la cara, necesito que me mire a los ojos y descubrir quién es el chico que veo cada día y que nada tiene que ver con ese otro que me hace temblar de necesidad por las noches.

Necesito descubrir la verdad. Dios. Me arde el cuerpo, la cabeza me palpita por la migraña que no se quiere ir y lo único que me apetece es mandarlo todo a la mierda.

Borrarlo de la aplicación y de mi vida, aunque sea lo último que quiero en el mundo. Necesito respuestas rápidas.

—Dime que no eres tú —murmura cuando se planta delante de mí, con ese cuerpo escultural enfundado en una camiseta blanca ajustada y vaqueros claros.

Intento no mirarle el cuerpo ni nada que no sean los ojos azules, aunque mi mirada se desvía a sus labios, brillantes por habérselos mordido de camino aquí.

Me inclino hacia delante y apoyo los codos en la mesa. Estoy tan cabreado que me apetece jugar.

—¿Que no soy quién? —Estiro el cuello para mirarlo.

Sé lo que ve cuando me mira: un tipo serio, inescrutable, borde.

Ya me lo dijo una vez. No soy para nada la persona que tenía en mente.

Sea como sea que se haya imaginado a Levi, no soy yo.

Saberlo me escuece. Muchísimo. Porque yo sí me lo he imaginado así.

Nadie que no tenga su aspecto podría ser Owen.

Al menos hasta que abre la boca y se convierte en ese tipo superficial al que le quiero pegar un puñetazo. Todos los putos días.

—Levi.

—Soy Levi Wright.

—Yo soy Owen Langston.

—Sé quién eres. Vengo cada día —le recuerdo—. ¿Cómo me llamaste? ¿El borde de la gorra?

Owen suelta una risotada. Se pasa la mano por el pelo; el movimiento consigue que se le suba la camiseta y pueda ver la fina línea de piel por encima de los vaqueros.

La tensión de los músculos, la piel dorada con una fina línea de vello.

Si se da cuenta de hacia dónde se dirigen mis ojos, no me dice nada.

—Dime que no eres tú.

—Cuatrocientas nueve horas, cien por cien de compatibilidad. —Esbozo una media sonrisa—. Lo siento, sí soy.

De pronto, Owen coloca las palmas sobre la mesa y se agacha hasta que nuestros rostros quedan muy cerca.

—No eres.

—Sí soy.

No me percato de lo que hace hasta que me arranca la gorra.

Sus ojos azules ahora estudian mi rostro.

No sé lo que ve, pero dudo que le guste.

Estoy cabreado y no me parezco en nada a él, todo sonrisas y comentarios graciosos con cualquiera que se le acerque, como si además de un buen café también se pudieran comprar sonrisas.

—No te imaginaba así.

—¿Y cómo me imaginabas? —Curvo los labios en una sonrisa nada bonita—. ¿Con tetas? —Chasqueo la lengua—. Lo siento, tengo polla y resulta que me gusta usarla. —Sé que recuerda nuestra conversación por la manera en que se le tiñen las mejillas.

—Yo… —Menea la cabeza, incómodo—. No soy así.

—¿Así cómo?

—Pues como ves.

—¿Qué crees que veo?

Se encoge de hombros, pero no se aparta. Su aliento dulzón me provoca una sacudida. Dios, ¿por qué es tan atractivo?

—Mira, sé que no te caigo bien.

—Punto para Owie .

—No me llames así.

—¿Por qué no? Te llaman así la mitad de las chicas que pasan por aquí.

—Pues por eso, joder. No soy esa persona. No contigo —añade, y veo el apuro en su rostro, la vergüenza. La culpabilidad.

—¿Insinúas que tienes doble personalidad? ¿Eres una persona aquí y otra online ? ¿O cómo va la cosa?

Owen entreabre los labios. La respiración se le acelera y su pecho sube y baja. Es la primera vez que lo veo así de nervioso y no pienso apiadarme de él. Así que sigo :

—¿Has mentido en Soul Finder o es el niñato que tengo delante el que miente?

—Te estás pasando, ¿vale?

—¿Por llamarte niñato o mentiroso? Porque creo que eres las dos cosas.

Aprieta la mandíbula.

—Nunca te he mentido.

—Pues… si no me has mentido a mí, estás mintiendo al resto.

Aprieta los labios. Los abre. Parece que va a hablar, pero no lo hace.

En fin. ¿Qué más dará? Fue mala idea desde el mismo instante en el que vine a verlo y me di cuenta de cómo era.

¿Qué esperaba? ¿Magia? ¿Estar equivocado?

No lo estaba. El grado de compatibilidad no vale nada cuando todo se basa en una puñetera mentira.

Me aparto y recojo mis cosas sin prestarle la menor atención. Me levanto, me pongo el abrigo y la mochila a la espalda, y luego cojo la gorra que ha dejado sobre la mesa y también me la pongo. Me siento más yo con ella.

—Espera.

—Tengo que trabajar. Te diría que ha sido un placer, pero aquí el mentiroso de los dos ya sabemos quién es.

Y, sí, puede que esté siendo gilipollas y que no esté teniendo en cuenta que soy el primer mentiroso. Soy yo quien apareció aquí con la idea de verlo, a escondidas, y quien ha seguido acudiendo cada día sin confesarle mi identidad.

Lo dejo atrás para dirigirme a la barra.

Pago mi cuenta y me despido de Jackson. Luego salgo de la cafetería con la sensación de haber dejado algo valioso atrás.

Se acabaron las charlas nocturnas, se acabó el sumar conversaciones y comprobar que la compatibilidad sigue intacta.

Se acabó Owen en mi vida. Me detengo con el corazón encogido.

Me sorprendo al darme cuenta de que ya no estoy cabreado.

Siento muchas cosas, pero no enfado. Yo…

no quiero que acabe. Me gusta Owen. Mi Owen.

Joder, me gusta muchísimo. Tanto que llevo meses sin poder pensar en nadie más que en él.

Me gusta tanto que me muero de rabia cada vez que una tía se le acerca y la toca como he imaginado que me tocaría a mí.

Me muero de celos, sí, y de rabia porque no es él y yo pensaba que lo era.

No es mi alma gemela. No sé quién es Owen, solo sé que no quiero perderlo.

Mierda.

—Cobarde —dice una voz a mi espalda.

Trago el nudo que tengo en la garganta y me doy la vuelta. Nada más hacerlo, me quita la gorra.

—Devuélvemela.

—Antes vas a escucharme.

—Pensé que no quedaba nada por decir.

Se acerca despacio.

—Nunca te he mentido. Siempre he sido yo contigo. El chico que has visto es… Yo… Mierda.

Asiento sin ganas. Tengo el corazón arrugado y los ánimos por el suelo. Del cabreo no queda nada. Solo quiero regresar a mi silenciosa casa y buscar a Ryder. Creo que es un buen día para echar un polvo.

—Escúchame, por favor. Solo… —Respira hondo. Está nervioso y quizá un poco desesperado. Quizá—. Dame una oportunidad. Vamos a alguna parte. Conóceme en persona y decide si quieres que desaparezca o no.

—¿Por qué? No soporto al tío que tengo delante y está claro que tú no me soportas a mí. ¿Para qué molestarnos? Hay guerras por las que no merece la pena luchar, deberías saberlo .

—Porque se me parte el corazón al pensar que no volverás a formar parte de mi vida.

Yo… no puedo ni pensar en que ya no estés.

Por favor, Levi. —Su voz, esa voz que tantísimas veces he evocado.

La he escuchado cada día llena de risas y comentarios vacíos que no hacían más que aumentar mi decepción.

En cambio, ahora suena tal y como lo hacía en mis pensamientos.

Voy a replicar, pero no hay nada que decir.

Lo estoy viendo y él me ve, los dos pensamos igual.

Cuatrocientas nueve horas de conversaciones.

Cien por cien de compatibilidad. Joder. Tengo el pecho en carne viva y sé que él siente lo mismo.

Le duele tanto como me duele a mí. Eso no es mentira. Owen, mi Owen, no es mentira.

—Bien. Demuéstrame que mereces la pena.