Capítulo 7 #2
Victoria me besa en la mejilla y se levanta, llevándose consigo los platos que hemos usado.
Y yo me quedo ahí, con todas mis dudas y la estrella dorada de compatibidad parpadeando en la pantalla de mi móvil.
Me pregunto qué hace conectado. No sabía que se conectara de día.
Tampoco lo sabría si lo hiciera, dado que yo no lo hago nunca.
Llevo las tazas a la cocina, limpio la mesa que acabamos de usar y me planto delante de la barra con el móvil en la mano.
A esta hora la cafetería está tranquila.
Hay clientes asiduos ocupando sus sitios favoritos, algunos nuevos que leen en los sillones, un padre con sus dos niños en el suelo con un libro.
También están el borde de la gorra en la mesa del fondo y dos adolescentes muy acaramelados unas pocas mesas a su derecha.
Pienso en todo lo que me ha dicho Victoria, en la posibilidad de quedar con Levi en persona.
Traspasar la barrera virtual y ser algo más que una estadística en su móvil.
¿Me gustaría? Sí, joder. Pero también me aterra que solo sea una quimera, un algoritmo mal formulado.
Tengo miedo de que la magia se rompa cuando estemos cara a cara, que no sea lo que imagino o yo no sea lo que él necesita.
Pero ¿a quién voy a engañar? Ahora que me lo he planteado no podré quitármelo de la cabeza.
Y entonces se me ocurre una cosa loca, descabellada, pero tan perfecta que no comprendo cómo no se me había ocurrido antes.
He tenido a mi alma gemela delante todo el tiempo, la persona que puede apartarme de todos los intentos de mis padres por emparejarme, una persona que es compatible conmigo y que resulta que no me quiere meter la polla.
Abro el chat y le escribo:
Owen:
No sabía que te conectaras de día.
Levi:
No lo sabes todo de mí.
Owen:
Ah, ¿no? Pensé que sí.
Tú lo sabes todo de mí.
Levi:
Lo dudo.
Owen:
¿Insinúas que te oculto algo? Porque no lo hago.
Levi:
Tengo trabajo. Hablamos en otro momento, ¿vale?
Owen:
¿Estás bien? Te noto raro.
Levi:
No está siendo un buen día.
Owen:
¿Te gustaría que nos viéramos?
Levi:
¿A qué viene eso ahora?
Owen:
Es que nunca lo hemos hablado; lo de quedar y todo eso. Eres de Eeriewood, lo sé, y somos amigos. Podemos ser amigos en persona, ¿no?
Levi:
Insisto, ¿por qué ahora?
Owen:
Es que yo…
Si no quieres no pasa nada. Sé sincero conmigo.
Levi:
Siempre lo soy.
Owen:
Lo sé. Pero dudo que nadie te haya pedido algo como esto…
Levi:
Suéltalo.
Owen:
¿Puedes hablar? Si estás trabajando puedo pedírtelo esta noche.
Levi:
Estoy trabajando, pero puedo hablar. Mi trabajo es flexible, ya lo sabes.
Owen:
Vale, bien.
Levi:
Te estás yendo por las ramas.
Owen:
Necesito que te hagas pasar por mi novio.
Levi:
¿?
Owen:
Es por mis padres, ¿vale?
Levi:
Vale.
Owen:
¿Eso es que sí?
Levi:
Desde luego que no.
Owen:
Has dicho «vale», lo he leído.
Solo sería hasta los días previos a Navidad, que es cuando se van. Quieren irse tranquilos de viaje y están muy pesados con que necesito tener pareja. Una pareja hombre y, claro, ya sabes que no estoy por la labor de hacer lo que me dicen.
Levi:
Así que quieres que haga de novio delante de tus padres.
¿Y en qué consistiría exactamente? ¿Tendría que cogerte de la mano, darte besos y todo eso o basta con que haga acto de presencia?
Owen:
Creo que lo más lógico es que haya besos y alguna caricia, claro. Sería muy raro que no los hubiera.
Levi:
¿Eres cariñoso con tus parejas delante de los demás?
Owen:
No, para nada.
Levi:
¿Entonces?
Owen:
Ellos creen que sí.
Levi:
No lo entiendo.
Owen:
Te lo explicaré en persona. Es… complicado.
Levi:
¿Y si tengo novio?
Owen:
¿Tienes novio? Nunca me hablas de eso, aunque te pregunte. Es lo único que no hablas conmigo.
Levi:
No tengo novio, pero tampoco se me da bien fingir tenerlo.
No se me da bien fingir de ninguna de las maneras, por lo que no creo que sea buena idea. Tus padres lo notarían.
Owen:
Yo me encargo de que se lo crean, por eso no te preocupes.
Levi:
¿Y qué se supone que vas a hacer?
Owen:
Muchas cosas, ya lo verás.
¿Levi?
Levi:
No me he ido.
Owen:
Puedes decirme que no, ¿vale? No quiero malos rollos entre nosotros. Joder, no debería haberte pedido nada. Lo siento.
Levi:
Vale.
Owen:
Vale.
Levi:
Quedemos, ahora. Y me cuentas cuáles son tus planes.
Owen:
Espera, ¿estás aceptando?
Levi:
He dicho «vale». Dos veces.
Y ahora dime un lugar para quedar y voy para allá.
Owen:
Estoy trabajando.
Pero me puedo escaquear.
Levi:
¿Dónde estás?
Owen:
En la cafetería de mis padres. ¿Y tú? ¿Estás en casa?
Levi:
Estoy en una cafetería. Suelo trabajar fuera de casa.
Owen:
Vale, mándame la ubicación. Salgo en media hora, así que puedo ir yo a buscarte.
Cinco segundos. Eso es lo que tarda en enviarme la ubicación. Me quedo mirando la pantalla con el ceño fruncido.
Owen:
¿Cómo has sabido dónde estoy?
Levi:
¿Perdona?
Owen:
La dirección. Langston Books oscuros, insondables con esa gorra que mantiene medio rostro en sombras, la mandíbula apretada, los hombros tensos. Joder.
Me odia. Ese tipo, sea quien sea, me odia.
Y si resulta que es él, si es Levi, entonces adiós a la amistad, adiós a todo.
Adiós a la compatibilidad del cien por cien, porque resulta que no soy para nada lo que él necesita.
Debe de haber visto lo peor de mí. Todo mi teatro representado de mala manera en la cafetería. Me arde la cara de vergüenza.
—Voy a atender. —Le señalo al borde de la gorra, sea quien sea.
Mi padre sigue la dirección de mi mirada.
—Oh, yo atiendo a Levi, no te preocupes .
Levi. Joder. Mierda.
—¿Por qué sabes su nombre?
—Todo el mundo lo sabe. Owen, hijo, ¿qué te pasa hoy?
Me rasco la cabeza y me guardo el móvil en el bolsillo.
Necesito calmarme. Cuento hasta tres, pero no es suficiente.
Tampoco puedo seguir contando porque mi padre no deja de escudriñarme con la mirada y sé que está esperando una respuesta.
Todo el mundo lo sabe menos yo, porque no me he molestado en saberlo, porque me importaba una mierda el borde de la gorra.
—Nada. Yo atiendo a Levi, ¿vale?
Él asiente, no muy convencido, de modo que me pongo uno de mis disfraces y esbozo una sonrisa que apenas siento.
—De verdad, papá, estoy bien. Solo me duele un poco la cabeza. Termino con él y me voy.
—¿Seguro que no quieres que me ocupe yo? No me importa.
—No, tengo una cosa que hablar con el borde de la gorra.
—Con Levi —me recuerda.
—Sí, claro.