Capítulo 6
CAPÍTULO
SEIS
LEVI
Lo veo entrar con la mochila al hombro, lo que quiere decir que luego se pasará por el refugio de animales.
Entra con una sonrisa y dice un «hola» general sin mirar a nadie en particular.
Es un saludo genuino, simpático; Owen no tiene esa falsedad comercial que desarrollan algunas personas que trabajan de cara al público y a quienes no les gusta su trabajo.
Por eso quizá me jode tanto ese tonteo constante, ese toqueteo con casi cada chica que aparece en su campo de visión.
Porque no le pegan a la persona que es online .
Porque ni siquiera le pegan a la persona que es en la vida real.
Lo de la vida real es muy relativo. Para mí Soul Finder es la vida real, aunque esté prohibido mandarse fotos o quedar hasta llevar ciertas horas de conversación.
Por eso la creé. Como reacción al resto de aplicaciones para ligar que se basaban en fotopollas, abdominales untados de aceite o perfiles falsos que te decepcionaban nada más verlos; no porque no fueran tan guapos como en la foto, sino porque te habían mentido desde el principio.
Un día de borrachera, lo hablé con Ryder y, tras muchas cervezas, hipos y unos cuantos «amigo, cómo te quiero», los dos pusimos el plan en marcha.
Pero como a Ryder se la suda encontrar a alguien compatible —con que tenga rabo y lo sepa usar, le vale— fui yo quien se volcó de lleno en el desarrollo.
Su funcionamiento es muy sencillo: los usuarios no pueden subir fotos ni dar información que revele su apariencia física, nombre real, ocupación, ubicación exacta…
Lo que asegura que las conexiones sean por la personalidad, intereses y conversaciones genuinas.
Cualquier intento de revelar estos datos da lugar a la suspensión de la cuenta.
La plataforma usa un algoritmo de compatibilidad —al que al parecer me estoy dedicando en cuerpo y alma mientras mi supuesta alma gemela se lo pasa todo por el forro— que empareja a las personas según sus intereses comunes y su forma de responder a ciertas preguntas clave sobre la vida, valores y metas.
Creé el sistema para que tuviera en cuenta pasatiempos, objetivos personales y estilo de vida para conectar a personas con una mayor probabilidad de crear un vínculo emocional.
Owen y la camarera con la que normalmente tontea casi de forma teatral se ríen de algo.
Vínculo emocional mis cojones. Paso. ¿Cómo es posible que alguien con quien llevo tantas horas de conversación —cuatrocientas horas, a día de hoy, según me dice la pantalla en estos momentos— me resulte un extraño?
Creo conocerlo y, ¡zas!, hostión de realidad en toda la cara cuando entro en el Langston Books & Coffee.
Podría pensarse que tengo una vena masoquista por seguir viniendo a esta cafetería.
Pero lo cierto es que el sitio me encanta y que, a pesar de la disonancia cognitiva y del cabreo visceral que me produce ver al Owen de carne y hueso, se ha convertido en una especie de droga diaria casi más efectiva que el café.
Ignorando lo que pasa a mi alrededor, me recoloco la gorra y entro en varios de los chats en los que participo con mi alma gemela.
Por lo general, a estas horas solo entro con mi perfil de administrador, por temas de trabajo, pero también por la mala leche que me genera escribirle cuando estoy viendo a su hermano gemelo malvado, ligón y bastante «heterosexual».
Pero hoy estoy tan cabreado que necesito leer y releer todos esos mensajes que me han dado la vida durante tantas noches y que, a la luz del día, se evaporan como humo de una película de serie B.
Que, por cierto, me encantan. Como a él.
Como al «él» que no es este que tengo ante mí.
Cuatrocientas horas de conversación… Eso es el equivalente a irse quince días a un retiro donde solo estuviéramos los dos, un hotel perdido en las montañas de Eeriewood, por ejemplo, y pasarse las veinticuatro horas de esos quince días hablando, hablando, hablando.
Conociéndose, conectando. El equivalente a cien días hablando durante cuatro horas sin parar.
Doscientos días hablando unas dos horas.
Sí, lo tengo todo calculado. Y es más de lo que tienen muchas parejas y matrimonios.
Llevo meses hablando con Owen y, como creador de Soul Finder, soy más que consciente de lo difícil que es lograr una compatibilidad del cien por cien.
Es casi mítico, el Santo Grial de las compatibilidades, la leyenda para los que logran un noventa y nueve coma nueve por ciento y creen que no se puede llegar a más .
Y no, me niego a creer que este tío frente a mí sea mi alma gemela. Algo falla. Algo que necesito descubrir.