Capítulo 4
CAPÍTULO
CUATRO
LEVI
El miércoles por la tarde, nada más llegar a casa, me doy una ducha y me dejo caer en el sofá. Estoy molido y tengo la cabeza embotada.
—Bien, ya estás aquí. —Ryder asoma la cabeza al otro lado del pasillo, con la cuchara de madera en la mano—. Estoy terminando de hacer la cena. ¿Tienes hambre?
—Mucha.
Mi amigo levanta el pulgar y desaparece en el interior de la cocina.
Siempre hace lo mismo cuando sabe que me he excedido currando.
Y siempre me excedo, así que él siempre me ayuda con las tareas básicas.
Sé que lo hace como una manera de agradecerme que lo deje quedarse en casa.
¿Cómo decirle que es él quien me hace un favor?
Odio estar solo, vivir solo entre tanto silencio.
Esa es una de las razones por las que trabajo en la cafetería cada día, a pesar de lo lejos que me queda de casa.
Me gusta el ruido, la gente, el saber que soy invisible siendo visible.
Es mucho mejor ser invisible cuando no lo eres que serlo en una casa llena de silencio y ausencias.
Independizarme me dio alas, pero también trajo soledad a mi vida.
Odio sentirme solo. Quizá por eso me dio tanta rabia que Owen se quejara de sus padres cuando echo tanto de menos a los míos.
Mi amigo entra con una bandeja llena de comida y yo me levanto para ayudarlo a traer las bebidas.
Comemos rápido, compartiendo tonterías sobre el trabajo, y en nada hemos acabado y nos estamos comiendo un pedazo de la tarta de queso que hace cada día el padre de Owen; la mejor tarta de queso que he probado nunca.
Luego recogemos y decidimos ver una película que silenciamos cuando lleva media hora porque a ninguno de los dos nos convence.
—¿Te apetece follar? —me pregunta.
—Estoy bien.
Ryder enarca las cejas y se pasa la lengua por el labio inferior mientras se dedica a hacerme un grandísimo repaso.
—¿Una mamada? —Se inclina hacia mí. Le doy un empujón para apartarlo—. Venga ya. Correrte no te hará ningún mal, ¿sabes?
—Me corrí esta mañana.
—¿Por qué ya no quieres follar conmigo?
—Pues porque no. Creo que es mejor que sigamos siendo solo amigos.
—Siempre lo hemos sido, y siempre hemos follado. Es por ese tío, ¿no? El de la app . Tu alma gemela.
—No es por él —replico.
—Mientes. Desde que lo conociste dejaste de buscarme.
Antes venías o yo te entraba y lo pasábamos bien.
Pero desde que lo conoces es… como si le estuvieras siendo fiel.
Y es absurdo. Ese tío es gilipollas y estoy convencido de que no ha renunciado al sexo por ti.
Solo hay que ver la cantidad de tí as a las que magrea.
Sí, Ryder conoce mi pequeño secreto y le he contado lo que veo cada día en la cafetería. No debería habérselo dicho, pero me sentía muy frustrado y él es el único que lo sabe todo de mí.
—Claro que no ha renunciado al sexo, y yo tampoco.
—Los sueños no cuentan, Levi.
—Cállate.
—Joder, rompiste las reglas por él. Eres el puto creador de Soul Finder, y rompiste la regla básica de no buscar información sobre usuarios. Ni siquiera creo que sea legal lo que hiciste.
—Fue perfectamente legal. Le hice preguntas y él me dio respuestas.
—Eres el amo y señor de la aplicación; tú pones las normas, tú te limpias el culo con ellas.
Hiciste trampas y lo sabes. Lo viste en persona.
Es gilipollas. Punto. Y, aun así, sigues perdiendo el tiempo hablando con él.
Es más, sigues perdiendo el tiempo yendo a esa cafetería para verlo cuando está claro que es gilipollas.
—¿Sabes cuántas horas llevamos hablando? Tenemos un cien por cien de compatibilidad. ¿Te haces una idea de lo jodido que es? No puedo dejar de hablarle. No puedo, Ry.
—¿Por eso le eres fiel?
—No le soy fiel para nada. Solo me gusta hablar con él. —Veo cómo me mira, así que añado—: Vale. Tienes razón. Me gusta. Joder, me gusta un montón. Pero solo es virtual.
—No puede ser solo virtual. Tú no eres de amores platónicos.
—Bueno, pues resulta que, cuando se trata de él, sí lo soy.
—¿Has pensado en decirle quién eres? ¿Presentarte?
—No.