UN DÍA ANTES DEL BAILE #2
—¡Querido muchacho! Esas cosas nunca deben decirse en voz alta. Ya sabes la tendencia de mamá a aparecer en los momentos más inoportunos como por arte de magia. —Empujó a Angus a una butaca con una fuerza sorprendente. En ese momento, era Cecil quien daba vueltas por la sala.
—Seguro que lo sabías —imploró Angus.
—Una cosa es saberlo y otra muy distinta reconocerlo —dijo el comandante con frialdad.
Siguió paseándose, sumido en sus pensamientos—.
Esto es muy grave. Dejando a un lado el dinero, un escándalo de esta naturaleza supondría la ruina de la familia.
Y justo ahora que acabamos de conseguir reparar nuestra reputación tras la quiebra...
—¡A la porra con la reputación de la familia, me enfrentaría a la cárcel!
Cecil pausó su deambular y asintió. Por cómo encogía los hombros, se notaba que estaba preocupado.
—¿Cuánto tiempo tienes?
—Me ha dado de plazo hasta el baile.
—Bien —dijo Cecil poco convencido. La celebración era la noche siguiente. Habría matado por disponer de una baraja de cartas, pues tener las manos ocupadas le ayudaba a pensar. A falta de ello, se puso a caminar de nuevo.
Había una forma de reunir la suma. Le llevaría unos días y no llegaría a tiempo para el baile, pero, en teoría, era factible.
Sin embargo, de pronto le entraron las dudas: era un contratiempo que lo apartaba de su plan.
Si obraba conforme a la idea que se le estaba ocurriendo para salvar a su sobrino, podrían surgir preguntas, y debía evitarlo a toda costa.
Miró a Angus, sentado en el sofá y con semblante desolado.
De lo que no cabía duda era de que, si se descubría la verdad sobre Hugh y Angus, la vida de este (y su libertad) habría llegado a su fin.
¿Hasta qué punto iría en serio aquella mujer?
Suspiró hondo mientras se preguntaba en qué medida amaba a su familia.
—Quizá tenga una solución.
Angus levantó la cabeza de golpe, con un rostro en que se agolpaba la esperanza.
—Aún no estamos fuera de peligro —le advirtió Cecil—.
Quiero que reflexiones con calma antes de responder a esta pregunta: ¿le interesa más el dinero o el escándalo?
El dinero siempre se puede conseguir, pero, si lo que de verdad le interesa es sembrar el caos, entonces hay muy poco que se pueda hacer al respecto.
Angus lo pensó.
—No lo sé. Él solo habló del dinero.
Cecil levantó una mano y negó con la cabeza.
—¿Él? ¿Quién es él?
—Su sobrino.
—¡Oh! —exclamó—. ¿Así que ha enviado a su sobrino a hacer el trabajo sucio? Entonces no es ninguna novata. Descríbeme la escena punto por punto tal y como sucedió.
Angus hizo memoria mientras miraba los árboles a través de la ventana.
—Fue esta tarde. Me estaba cambiando para tomar el té y llamaron a la puerta. Tonto de mí, lo invité a pasar.
Cecil cerró los ojos e intentó imaginar la escena.
— Lord Inverkillen, he oído que no se le da muy bien el backgammon . He venido a cobrar el dinero de la señora Blackwood .
— Me temo que ha hecho un viaje en balde —respondió Angus en tono altivo, como solía hacer para imponerse—. No he tenido tiempo de ir al banco y no dispongo de ese importe en efectivo. Tendrá que esperar .
— No, no —contestó Lawrence, agitando un dedo—, el juego no funciona así. Usted pierde dinero, nosotros se lo pedimos y nos lo da. Son reglas bastante sencillas. Hasta usted debería entenderlas .
— Por favor, deje eso —dijo Angus con voz fría. Lawrence había cogido una pitillera que le había regalado Hugh—. Es una suma considerable como para conseguirla tan deprisa ...
Lawrence no respondió, sino que se limitó a girarse y mirar a Angus .
— No suelo llevar tanto dinero en efectivo —espetó Angus, enfadado porque ese miserable, que desde luego no era ningún caballero, no entendía que lo estaba echando de la habitación—. Y mucho menos cuando vengo a visitar a mi familia .
Lawrence esbozó una sonrisa fría y dejó un paquetito sobre la cama .
— Mi tía espera que le pague antes de que termine el baile .
— ¿Y si no puedo reunir la suma para entonces? —preguntó Angus con una nota de pánico .
El sobrino se volvió y miró a Angus con un extraño gesto de comprensión .
— Ella quiere el dinero. Le sugiero que lo consiga. No conviene subestimarla. —Señaló el paquete que había sobre la cama y se marchó .
Aún mirando por la ventana, Angus se sacudió para volver al presente. Se giró hacia su tío y le explicó:
—Cuando se fue, abrí el paquete. Era un libro de Hugh. —Se recostó, agotado por revivir el recuerdo.
Cecil silbó entre dientes.
—¡Vaya con la mosquita muerta! Con lo poca cosa que parece, ¿quién iba a sospechar que era tan calculadora? Bueno, está claro que lo que busca es el dinero, no el escándalo, lo cual es una buena señal. Podemos lidiar con la situación.
—¿Podemos? —preguntó Angus, encantado de que su tío hablara en plural.
—Sí, querido. Dinero siempre se puede hallar.
Pero, por desgracia, con lo que tu hermanito me ha sacado por mis habitaciones, no tengo mucho encima.
Creo —dijo lentamente—, que deberías pasar el día en la sala de billar.
Juega sin piedad, como lo haría tu hermana, y exprime todo lo que puedas al coronel y al señor Rosenthal. Y a cualquiera que encuentres.
—No podré ganar lo suficiente antes del baile.
—No, pero todo ayuda. El resto tendremos que ganarlo esta noche jugando a las cartas y en el baile.
Esperemos que aparezca algún peso pesado, como lord Cosgrove.
Si lo emborrachas, podrías saldar la deuda antes del tercer reel .
—Se volvió para reprender a su sobrino con la mirada—.
Eso sí, y esto es imprescindible: no bebas ni una gota.
No hasta que recuperes toda la suma. Aprovecha la oportunidad o tendrás que pedirle el dinero a mamá.
—¡No! —chilló Angus—. Por eso he acudido a ti. No quiero que nadie más lo sepa. La abuela me mataría.
—Desde luego que sí, muchacho —murmuró Cecil con tono sombrío—. Bueno, tendrás que reunir todo lo que puedas. Yo te ayudaré. Algo es algo. Ya veremos cómo reunimos lo que falte en los próximos días. Ella tendrá que aceptarlo.
—¿Y si no lo hace?
Cecil suspiró.
—De eso ya nos ocuparemos a su debido tiempo. Ahora vete.
Angus salió corriendo para desplumar al coronel y al señor Rosenthal, mientras Cecil se preguntaba cómo sería la vida sin familia. «Tranquila», pensó.