Solo amigos CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

CARLEY

Sin el beso que me acaba de dar no hubiera bajado a la Tierra.

Seguiría pensando que estoy soñando y que las palabras de Bir son parte del trato macabro en el que nos hemos metido.

El beso que me ha dado no se puede fingir.

Tampoco puede fingirse la sonrisa que le ha salido después de separarse, al comprobar mi sorpresa.

Mucho menos cuando Michael nos ha dado una especie de bendición que no sabía que necesitaba.

—Estás cometiendo un gran error, Bired —comenta la mujer que ha intentado que parezca gilipollas delante de toda la gala.

—No es de tu incumbencia, Amber. Ni tuya ni de nadie.

Sin esperar a que nadie diga nada más, ni la propia persona a la que teníamos que convencer, Bir tira de mí hacia la pista de baile. No es que esté abarrotada, pero sí que hay alguna pareja bailando la música calmada que se reproduce por los altavoces.

—Eso que acabas de hacer es muy peligroso. —Quizá no conozco todas las consecuencias que puede tener, pero estoy segura de que le costará más de un disgusto.

—Necesitaba hacerlo.

—No sé si es responsable haberlo hecho por mí.

—Lo he hecho por mí, Car, aunque también por ti. Nadie debería desprestigiarte por tu origen, y mucho menos alguien que ha llegado a la alta sociedad gracias a los múltiples matrimonios que ha tenido. Que no hablamos ni de uno ni de dos.

Me río tan fuerte que hasta tengo que apoyar la cara en su hombro. Sienta muy bien esto de poder estar relajada a su lado.

La música cambia justo cuando empezamos a bailar.

—Nunca he bailado pegada a nadie —aseguro.

—Siempre hay una primera vez para todo. Y si es juntos, mucho mejor, ¿no crees?

—¿Por qué tengo la sensación de que algo ha cambiado aquí?

—Porque nosotros hemos dado carpetazo a nuestras mayores ataduras. Es lógico que sintamos el cambio, o al menos lo veo de ese modo.

—No creo que haya podido despegarme del todo de la sensación de no ser yo misma que Rina me dejó. —Temo romper el momento bonito, más cuando su mano cae hacia mi cadera y me mece al ritmo de la música.

—Ni yo conseguiré que las opiniones de esta gente me den igual por mandarlos a la mierda. Aunque me parece bonito empezar el camino a tu lado. Ir intentando que las cosas cambien.

—Suena como que me estás pidiendo matrimonio, Arwan.

Enfatiza la mueca de bribón que suele lucir.

—No seré tan atrevido, pero sí que le propondría a la señorita que me acompañe de cerca, para ver qué nos deparan los próximos meses.

Me muevo con agilidad a su lado mientras las luces de la pista cambian de color.

Siento que estamos creando un mini mundo donde solo nosotros tenemos un pase.

Ahora mismo no escucho nada a mi alrededor.

No tengo ni idea de si alguna de las zorras pijas va a saltarme a la yugular.

Tan solo soy capaz de percibir la sonrisa del chico más carismático que he conocido, y el que más confianza ha depositado en mí en los últimos tiempos.

Y eso que no es fácil, principalmente porque ni yo misma sé qué quiero en mi vida.

Aunque puede que últimamente tenga una cosa clara: quiero descubrirlo a su lado.

—¿Me está proponiendo el buen hombre con el que bailo que salga con él?

Se lleva la mano al pecho, dejando mi cadera fría sin su toque.

—Sería todo un honor, aunque no quisiera ofenderla, está muy por encima del valor que merezco.

Le doy un golpetazo en el hombro y ambos nos echamos a reír.

Nuestras frentes, como es habitual, chocan con los movimientos de nuestros cuerpos.

Una atracción irracional me lleva a depositar un tierno beso en sus labios.

Tan solo es un roce. Un gesto que me recuerda lo esponjosos que son, lo calientes que están siempre.

Lo dispuesta que estaría a besarlos sin control.

¿Qué se sentirá al no pedir permiso para besar a alguien al que tienes muchas ganas de besar porque sabes que la otra persona está en la misma situación que tú?

—Quiero descubrir adónde nos lleva esto, Bir —susurro tan cerca de sus labios que no solo besa mis palabras, sino que se las traga.

—Estamos de suerte porque yo quiero descubrir lo mismo. Aunque no va a ser sencillo, mi madre no va a poner las cosas fáciles, y lo de Michael puede ser un espejismo.

—Cuando se acabe el campamento no tengo trabajo —añado a la lista—. Fácil no va a ser, no.

—Dime que tú también tienes la sensación de que todo se resolverá a su debido tiempo si lo hacemos de la mano.

—Aunque suene raro e irracional porque llevamos en la vida del otro muchos años, también tengo esa sensación.

Y me hace reír como una idiota.