CAPÍTULO 43
BIRED
—Madre —la saludo con un tierno beso en la mejilla. Se deja hacer, solo por las apariencias, porque odia el contacto físico.
—Maya —mi hermana pequeña, por el contrario, me pellizca el culo cuando le dejo un beso en la frente.
—No conoces la vergüenza ni su significado, Bired Arwan.
Esas palabras dañinas solo podrían venir de una voz como la de mi madre. Dado que no le he quitado ojo a Carley y acabo de comprobar que está con las mejores amigas de ella, sé que ha desarrollado un plan a mis espaldas que no me va a gustar.
He sido gilipollas al pensar que no iba a tener consecuencias lo que hice en la comida. Nadie se mete con Maggie Arwan, y es una lección que todos aprendemos a las malas.
—¿En esta ocasión a qué se debe el descontento, madre?
—Has traído a una barriobajera de tu mano. Te tengo dicho que las putas se quedan en tu cama, no deben salir de ahí. Espero que la madre de Elisa no se sienta ofendida y siga manteniendo la propuesta de matrimonio en pie.
Aprieto los labios con fuerza. Acaba de insultar a Carley y le da exactamente igual. No tengo otra opción que tragarme la mala hostia que sube por mi garganta.
—No me pienso casar con Elisa, madre.
—Claro que lo harás. Yo misma me encargaré de ello.
Maya, que está leyendo mi lenguaje no verbal, intenta hacer un comentario bromista, sin efecto. El ambiente está tan caldeado que ninguno es capaz de retirarse la mirada.
—A lo que deberías hacer frente es a mis palabras. No iba de farol con lo que dije en la mesa. Haré lo que me dé la gana a partir de hoy, siendo consciente de que las empresas recaen sobre mis decisiones. Estoy preparado para ello, pero no dispuesto a tragar con todo.
—Así se dice, hermano.
—Maya, vete. —Los ojos de mi madre no dejan los míos.
Me clavan en el sitio sin remordimientos.
Cómo no, Maya hace lo que le pide, aunque no se va muy lejos.
Puede escucharnos desde donde estamos—. Me ha costado muchos años tener el estatus que la familia ostenta en estos momentos.
Tu abuelo ha hecho grandes esfuerzos desde la política para ganar mayor credibilidad.
Incluso tu padre ha remado a favor de la obra, ¿quién te crees que eres?
—Una persona libre de decidir lo que quiere y no quiere en su vida.
Se ríe sin gracia.
—Esa libertad de la que hablas tiene consecuencias que no tienes ni idea de lo que supondrían en tu día a día. Has vivido desde niño protegido, no te he enseñado el mundo para que pudieras crecer como deberías.
—Como tú querías que lo hiciera.
—Era lo necesario, Bired. Todos tenemos responsabilidades, y la tuya es esta. Actuar para que la empresa funcione como debe. Duplique su cartera y las cosas vayan fluidas para todos.
Voy a responder cuando escucho una copa romperse contra el suelo. Me giro tan rápido hacia la zona donde está Carley que me sorprende lo precavido que puedo ser cuando me rodeo de este tipo de ambiente.
Donde todos creen que me estoy divirtiendo con bromas continuas, lo único que hago es recoger información que más tarde me puede servir de ayuda.
Ser el bufón está bien para conocer secretos inimaginables.
Es la única moneda válida en la alta sociedad, porque siempre vas a encontrar a alguien con más millones que tú, pero ¿con más secretos en el armario?
—¿Qué has hecho? —le pregunto a mi madre cuando su mejor amiga se gira hacia Carley, que la mira sorprendida.
—Lo que tenía que hacer. Lo mismo que tú deberías haber hecho. —Ni se inmuta. Aunque sepa que me puede destrozar, mi propia madre prefiere hacerlo antes que asumir que puedo tener opinión propia.
Camino decidido hacia la zona del destrozo. Todo el mundo está mirando hacia allí. Un vaso roto llama la atención siempre, es una alarma social a la que todos atendemos. Más cuando una de las señoras más conocidas está gritándole a Carley como si le hubiera quemado la casa.
—¿Qué está sucediendo? —utilizo un tono nada alentador. Cuando toco a Carley siento que está temblando. Es una mujer fuerte, ha tenido que suceder algo muy llamativo para que ella se encuentre en este estado.
—Bired, cariño —me dice la mujer con la que he crecido—. Esta chica se ha confundido, ha tropezado, ha roto el vaso y no quiere pedir disculpas. ¿Te puedes creer la clase de personal que se contratan ahora?
Solo con echar un vistazo a Carley se ve que no tiene nada que ver con el personal de la fiesta. Es una invitada. Además, justamente ella sabe que es mi invitada. De ahí que la rabia suba por mi cuerpo como lava ardiendo.
—Carley no es ninguna trabajadora, es mi invitada. Mi novia, para ser más exactos. Esperaba que conocieras el respeto, Amber.
—Por el amor de Dios, Bired… —empieza a decir con un tono de voz insolente que conozco bien. Es el mismo que usa mi madre.
—Carley —dice una voz profunda—, ¿cómo te encuentras?
No solo Amber se queda en silencio, sino que también yo mismo me quedo sin palabras. Quien está aparentando normalidad es nada más y nada menos que Michael Douglas. El hecho de que esté actuando como si la aceptara cambia las normas del juego.
Nadie se mete con él, es el dueño de absolutamente todo.
—Michael, bien, gracias.
No me gusta ver a Carley nerviosa. Olvido que Amber se merece una buena reprimenda y voy directamente a cubrir a mi novia falsa. Su cadera es perfecta para mi mano. Michael la mira a ella, sin obviar que yo estoy actuando como un perro guardián. Intuyo una ligera sonrisa, pero no lo puedo asegurar.
—Bired me ha comentado que habéis hecho oficial vuestra relación. Espero verte más por este tipo de eventos, eres más que bienvenida.
Amber ahoga un suspiro. Acto que me saca una sonrisa de suficiencia.
—Siempre que Bired me necesite, aquí estaré.
Las palabras de Carley me calientan el corazón. Lo que le he dicho antes era totalmente cierto. Que haya hecho esto hoy no quiere decir que lo vaya a seguir haciendo.
—Siempre te necesitaré a mi lado. —Uno mis labios a los suyos. No es un beso impostado, más bien es una declaración de intenciones. Quiero que entienda que esto ha dejado de ser una tapadera para que Michael nos crea.
La decisión del empresario estaba tomada antes incluso de acudir a la gala. Me ha querido poner a prueba, pero, conociéndolo, no sé si para impresionarlo a él o para que tome yo mismo una decisión que llevaba años postergando.
Tengo la bendita sensación de que es más la segunda opción.