CAPÍTULO 45
BIRED
—Vámonos de aquí. No aguanto más sentirme observado —susurro sobre los labios de Carley. Me estoy haciendo adicto a esta sensación de conexión con ella.
Debería estar temblando, acabo de cometer la mayor locura de mi vida, y mira que he hecho unas cuantas gamberradas.
El simple gesto de que la mano de Car busque la mía al instante de posar las palabras sobre su boca me da a entender que no solo estamos en la misma página, sino que he descubierto que la loca compañera de aventuras que tenía puede ser algo mucho más.
Estoy por pedirle delante de todo el mundo que no me suelte nunca más, pero siento que les estaría dando un poder y una ventana a mi privacidad que no se merecen.
Las personas de esta fiesta son parte del teatro del que intento huir; caer en su trampa sería alimentar al demonio que me ha atado durante años.
¿Qué necesidad tengo cuando la salida está tan cerca?
Ahora es Carley quien tira de mí con todas sus fuerzas, nos lleva hasta el inicio de las escaleras y, solo con una mirada, entendemos lo que el otro quiere: subir y dejar esto atrás, al menos de momento.
Quien empieza a correr soy yo; sin embargo, ella me sigue tan de cerca, con los tacones en la mano, que me adelanta por la derecha, dejándome con la boca abierta.
—Quien primero llegue al coche gana —grita como una niña que ha cenado más dulces de los permitidos.
Justamente esa parte de niña es la que más me gusta de ella. Me fascina, la envidio y la deseo a partes iguales.
—Quien primero llegue a la caseta de los globos de agua, en el campamento, gana.
Frena en seco. Acabo de proponer un plan ideal, pero la ha despistado, así que ha perdido la ventaja que tenía sobre mí.
—¡Eres un tramposo!
Tira de mí hacia abajo, obligándome a equilibrar mi cuerpo sobre la escalera.
Si no fuera porque estoy tan centrado en ella, podría escuchar cómo nos critican desde abajo.
Nadie ha hecho tal aberración en años. Me echarán de todos los grupos de buena cuna por seguir mis deseos.
Ni siquiera puedo pensar en lo que mi madre estará diciendo.
Con tanto pensamiento idiota, Carley sale al exterior y alcanza mi deportivo en tiempo récord, ganándose la opción de conducir el coche.
Lanzo las llaves, que coge en un movimiento ágil. No dejaría mi coche a todo el mundo; sí a ella. Confío con los ojos cerrados, y eso es mucho decir para alguien como yo, que ha tenido que poner el freno en todos los aspectos de su vida.
Ya solo por ser la hermana de Stefan confío en ella con los ojos cerrados.
Por cierto, cuando mi mejor amigo vuelva de sus malditas vacaciones va a flipar en colores…
Carley conduce por las calles de Nojin como una loca. No es hasta que sube la colina y enfoca la verja que separa el campus del campamento cuando toca el pedal del freno.
—Si pretendías que cogiera miedo a ir en este asiento, lo has conseguido, nena.
Baja las revoluciones del coche cuando se acerca a la zona de acampada. No espero ni un segundo: me tiro en marcha, sin esperar a que aparque, porque la segunda prueba la tengo que ganar yo sí o sí.
La caseta de los globos de agua está en la zona media del campamento, junto con el resto de materiales.
En las baldas superiores hay varias cajas con globos de agua.
Me quito la americana del traje y la lanzo al suelo sin remordimientos.
Escucho los tacones de Carley acercarse sin control por el pavimento cuando estoy llenando el primer globo de agua.
Casi se me resbala de los dedos cuando ella entra muy segura de romper todo lo que haya hecho en su ausencia.
—¡Tramposo!
No reparo en su comentario. Lanzo el globo contra su vestido y este se rompe en cuanto toca el cuerpo de Car. Se ha derretido, lo entiendo.
—Eres hombre muerto, Arwan.
—Para eso tienes que encontrarme.
Cojo una de las cajas con los globos y salgo corriendo. Hay más grifos en el campamento donde seguir tramando mi batalla.
El grito que ha pegado Car ha despertado a Bruno y a Stela, que están en la puerta de la cabaña con cara de susto.
No son los únicos: algunos niños se ríen de cómo ha quedado la ropa de Carley y de cómo ella está trabajando como una loca para responder con el doble de fuerza de lo que yo lo he hecho.
—¡Batalla de agua! —alerta una de las niñas justo en el momento en el que un globo rojo rompe contra mi nuca. El tiro ha sido perfecto.
Corro como un loco. Carley, que ha sido más lista que yo, ha llenado más de un globo y me los lanza sin control. Mi traje ya no parece el mismo, está completamente empapado.
—Ten piedad, mujer.
—No soy tu mujer. —Con la carrera ha escuchado mal lo que he dicho, pero no la saco de su error porque está muy mona cuando se pone en modo competitivo.
—Algún día lo serás, Throw. Eso sí, nos quedaremos con tu apellido, me gusta más y a tu hermano le va a encantar.
Parece que a ella no le gusta tanto, porque me lanza un globo a la parte baja del pecho, intentando darme en los huevos cual loca dañina.
Corro hacia ella y la atrapo contra mi cuerpo. Tengo que frenar su movimiento y atarle las manos a la espalda para que no me haga daño. Comienza a reírse sin control, y me pega la carcajada con solo verle el rostro, descompuesto por el momento que estamos creando.
—Eres de lo que no hay, Bir.
—Pero te gusto.
—Me gustas demasiado.
—Entonces, ¿no somos solo amigos? —pregunto sabiendo la respuesta, dispuesto a besarla hasta que me diga lo que quiero escuchar, si hace falta.
—La definición de solo amigos se nos queda corta, ¿no crees?