CAPÍTULO 38
BIRED
He tenido que volver a llamar a Michael; en esta ocasión ha sido para que me diera permiso de salir del campamento y me levantara el puto castigo de mierda que me ha puesto durante al menos un par de días.
Dado que Carley está despedida hasta nuevo aviso, porque el muy cabrón no ha querido escuchar hablar nada sobre este tema, hemos venido ambos a mi apartamento.
Las maletas de Carley son las mismas con las que llegó al campamento; teme que no consigamos convencerlo, así que no ha dejado nada en la cabaña.
Por más que le digo que eso es imposible, que somos muy buenos mentirosos, considera que Michael es perro viejo y nos ha puesto en esta situación sabiendo muy bien lo que hace.
Teme que hasta quiera reírse de nosotros, cosa que veo completamente imposible.
El millonario puede ser muchas cosas, pero no una mala persona.
Solo hay que ver las putadas que le hizo su sobrina Iris y ahí siguen, como una familia de bien.
Y sé que no es impostado como en la mía, se quieren de verdad.
—¿Estás nerviosa?
Hemos decidido pedir algo a domicilio, pasar la noche previa viendo películas de mierda e intentando organizar todo el marrón que se nos viene encima.
Carley, en un afán de ser una persona responsable y organizada, ha cogido papel y boli, lo ha esparcido por todo el suelo de mi salón y no deja de apuntar cosas que le voy diciendo.
Tales como: cuáles son los matrimonios que tiene que temer, qué personas son las más importantes, cómo tiene que actuar si le dicen cualquier gilipollez.
La estrategia que vamos a seguir es la misma que a mí me ha servido durante toda la vida: parecer los más graciosos de la fiesta, que nada nos importa, y así todo el mundo querrá estar con nosotros.
Que es justo lo que quiere mi madre, que llame la atención en el buen sentido mientras ella logra contactos interesantes.
—Si digo que no, miento. Aunque tu hermana me haya dejado un vestido precioso, si la mona se viste de seda, mona se queda, Bired. No tengo clase, y tu madre lo va a notar al segundo de conocerme.
Siempre me ha parecido raro que mis dos mundos no se crucen. Quizá raro no es la palabra adecuada, ya que he sido yo quien los ha mantenido al margen. Más por precaución hacia los hermanos Throw que por otra cuestión.
—Acabarán todos enamorados de ti, no tengo ninguna duda.
Y es a lo único a lo que me aferro. Si he permitido llegar con esto tan lejos es porque tengo la seguridad de que Carley es capaz de desenvolverse en cualquier ambiente. Incluso en el más inhóspito, como es el que mañana conocerá.
Si su sonrisa es matadora, cuando te lanza datos sin sentido en medio de una conversación, ahí te enamora. Los idiotas con los que mañana tendremos que cenar no están acostumbrados a tales actos, y siempre que se haga con medida les encanta.
Mi madre y su escrutinio es otra cuestión más compleja de predecir.
—Eso es mentira, Bired. Y quiero ser una chica fuerte y parecer segura de mí misma, pero esto es muy difícil.
Tira al suelo todos los papeles que tenía en la mano.
Se ha pasado más de una hora escribiendo sin control.
La he intentado disuadir, pero me ha pegado cuatro gritos, así que la he dejado.
Tengo tablas en el tratamiento ideal hacia las mujeres, mis tres hermanas me han curtido en el arte de mantenerme en silencio cuando es necesario.
Ahora mismo no lo es porque la frustración le está atando una soga al cuello.
Piso alguno de los folios porque es imposible acercarme a ella sin hacerlo.
—¿Desde cuándo Carley Throw es una floja?
Me clava la mirada. Está intentando no decir nada, sin embargo no logra su propósito, tiene que morderse el labio inferior y apretar muy fuerte para que las palabras no salgan a borbotones.
—¡A ver si me he equivocado y tengo que cambiar de pareja!
Y, sin pedirle permiso, aprieto el botón del hilo musical. El salón se llena de un ritmo marchoso, los papeles parecen tener menos peso cuando las notas musicales alegres rebotan en ellos. Incluso el labio de Carley parece menos blanco conforme se relaja.
—Soy la mejor compañera que vas a tener en tu vida —sisea entre dientes.
—¿Ah, sí? Demuéstralo.
Los dos necesitamos demostrar que estamos en el mismo barco. Que podremos con todo lo que suceda mañana por la noche. Y no es una exageración por mi parte, más bien una forma de aliviar el peso que también cargo sobre mis hombros.
Necesitamos convencer a Michael de que estamos juntos, y quizá no solo eso. Desde que hablé con él tengo una duda que ronda por mi cabeza sin control. Solo podré despejarla en la gala, con Carley bajo mi brazo y con mi madre revoloteando a mi alrededor.
Si todo sale bien, podremos volver al campamento para la semana restante; si todo se va a la mierda… Tendré que llamar a Stefan y rogarle por mi vida. Mi mejor amigo es muy territorial con el bienestar de su hermana.
Carley se toma muy en serio lo que le he pedido. Demuestra su valentía tirando los papeles a un lado, poniéndose en pie y quitándose la camiseta de abuela que se había puesto para no despistar. Esas fueron sus palabras, no las mías.
El primer movimiento de cadera me deja sin respiración, es imposible que pueda retirar la mirada de ella, Carley es un espectáculo la mires por donde la mires. Atrae la atención aunque no quiera hacerlo.
Para no cortar el momento, hago lo mismo, pero con un tono cómico que causa la primera carcajada por su parte. Aquí es donde quería llegar, a escuchar este sonido que ahora mismo siento celestial.
El estrés nos estaba pasando factura, ninguno de los dos sabía cómo actuar con el otro.
Ella empieza a cantar a pleno pulmón, aprovecho que me sé la canción para hacer exactamente lo mismo. Nuestras cabezas se juntan, haciendo que nuestras frentes bailen del mismo modo que lo estamos haciendo nosotros.
Ambos dejamos que nuestros cuerpos floten entre los folios, arropados por la música y los gritos que nosotros mismos damos.
Si no fuera porque el imán invisible me atrae hacia ella, no la acercaría a mi cuerpo.
No le pediría permiso con la mirada, y mucho menos dejaría que nuestros labios se volvieran a encontrar.
Como ese maldito imán existe y, desde que conozco lo que me hace sentir, no soy capaz de frenarlo, hago justamente lo que no debería.
Dejo que la calidez de su boca me haga sentir cosquillas en todo el cuerpo.
Esto tiene que salir bien sí o sí, no tengo otra opción.