CAPÍTULO 37
CARLEY
—Tía, esto es una pasada.
Stela y yo hemos tenido que hacer hueco en la cabaña para que entren los múltiples burros de ropa que ha enviado Lucy al campamento.
Solo mi compañera de cuarto sabe que me han echado.
Marisa, tras llorarle durante horas, me dio unos días para hacer las maletas, y lo que necesitara, así que me quedaré aquí hasta la gala.
Después veré cómo soluciono el resto. Supongo que Michael la llamó para darme esta opción, porque el día que me echó estaba muy segura de que me fuera cuanto antes.
—Yo no estoy tan convencida de ello —aseguro revisando las múltiples combinaciones que puedo sacar de todo.
La ropa es preciosa, además de ser de mi talla. El único problema que veo en todo esto es que no me siento con la suficiente confianza como para que salga bien.
No he parado de darle vueltas desde que Bir buscó la forma de solucionar este embrollo. A él le parece una buena solución, pero a mí no tanto. El mundo de las apariencias es dañino, solo hay que ver cómo las hermanas de Bired, y él mismo, no tienen una vida propia, solo la que marca su apellido.
Le juré a mi hermano que, por mucho que me gustase vivir bien, no caería en ello.
Tenerlo tan cerca puede deslumbrarte cuando eres joven.
Y eso sucedió: cuando empecé a llevarme mejor con Bired quise ir a todas las fiestas a las que me invitaba, quería estar en su casa.
Quería su vida. Si no fuera por Stefan no sé qué hubiera sucedido, porque cuando mi hermano me prohibía acudir o me decía que no era oportuno, me enfadaba con él hasta tal punto que Bired retiraba la invitación para que no supusiera un problema entre nosotros.
Ahora entiendo el porqué, y eso que no he pisado la maldita gala benéfica.
—¿Por qué no estás segura? Estás viviendo el sueño de una princesa. —Stela toca uno de los vestidos más bonitos que, sí, justamente parece de una princesa.
—Este verano estaba pasando la peor época de mi vida. En realidad, no sé por qué hablo en pasado. Quizá porque, como nunca tengo ni idea de lo que siento, no logro diferenciar si la he superado o he aprendido a vivir con las heridas.
—Lo dices por tu mejor amiga —afirma Stela con seguridad. Hemos hablado en alguna ocasión del impacto que ha tenido Rina en los últimos meses de mi vida.
Asiento y ella parece comprender más de lo que mis palabras exponen.
—No quiero sentir que he puesto un parche durante unas semanas porque haya estado entretenida, al final es lo que siempre hago. Buscar una causa que atender para no procesar mis emociones.
—No creo que sea así, Car. Has reído y llorado en apenas una semana, y lo que te ha pasado ahora no es fácil de digerir.
—A eso voy, ¿quién soy realmente? ¿Alguien a quien le da igual que la echen del trabajo porque siempre encuentra una forma de no pasar hambre?
Porque siempre me sucede lo mismo, no tengo seguridad ni en el trabajo.
Solo hay que ver la idiotez que he cometido con Bired sabiendo las consecuencias.
El dinero del campamento me solucionaba dos meses de alquiler.
Stela, que hasta ahora se ha mostrado como un apoyo silencioso, ajusta su cuerpo en la cama, más cerca de mi posición, e intenta mantener la sonrisa.
—No soy buena dando consejos, y cuando los he dado los han tirado por el váter, por el hecho de que con mi edad no puedo saber nada de la vida y todas esas cosas.
Solo con ver el aspecto físico de Stela, tan mona, tan pequeñita, con esa cara de princesa…
me puedo imaginar por qué está diciendo esto.
Todo el mundo la trata como alguien que no tiene ni idea de nada, es muy fácil sentirse superior a una persona que es todo sonrisas, carisma y facilidades.
No quiero decir que me parezca a ella, pero cuando intentas que los demás se sientan cómodos a tu alrededor, pierdes algo de ti en ese proceso.
Nunca más vuelves a importar porque siempre hay algo más importante que tú.
—Lo único que veo aquí es a una chica muy fuerte intentando remar en contra de todo para lograr que los demás estén en equilibrio continuo.
Dices que te has perdido, y yo creo que te estás encontrando, Carley.
Debe de ser muy incómodo darte cuenta de que las cosas que siempre has hecho te hacen daño, pero si no permites que esa incomodidad te atrape, jamás saldrás del círculo.
Lo que acaba de salir de su boca son las palabras más certeras, duras y bonitas que me han dicho nunca. Y eso que, en parte, son de una desconocida.
Por más tiempo que hayamos pasado juntas esta semana, Stela no conoce cómo es mi día a día dentro de la rutina, y aun así ha dado en el clavo.
Si no permito sentir incomodidad, aunque sea en una gala de pijos, ¿cómo voy a saber lo que quiero o rechazo en mi vida?
—Entonces tendremos que buscar el vestido más bonito, ¿no? Tengo que impresionar a unos cuantos millonarios con mi presencia.