Solo amigos CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

CARLEY

—Déjame que llame a Lucy, ella nos puede ayudar.

—No es solo Lucy, Bir, es el hecho de que me vas a meter en un mundo que odio.

Aunque Stefan y Bired hayan sido amigos desde tiempos inmemoriales, su mundo y nuestro mundo no se han conectado jamás.

Bir podía pasar días en casa, venir a alguna reunión de mi familia, pero ya está, todos sabíamos que él pertenecía a otra sociedad.

Una donde Rina siempre quiso entrar, por ejemplo.

El lujo no es lo único que destaca en ella; el cinismo, la maldad, la manipulación y un sinfín de etcéteras en los que me da miedo encontrar. Y no solo por mí, sino porque soy consciente de que el hombre que tengo delante está deseando huir de ese brillo que todo lo emborrona.

Si las cosas han salido tan bien estos días es porque está más relajado, conectado con su yo verdadero. Atento a las cosas importantes y no a las imposiciones de su familia. No podría moldearme para meterme ahí, ¿qué tipo de persona sería?

—Confía en mí. Solo voy a llamar a mi hermana para que nos ayude con la mentira. Necesitas el trabajo, Car, y no vas a dejar que subsane el error con mi dinero, ¿a que no?

—Por supuesto que no. No necesito tu dinero.

—No necesitas mi dinero, pero sí dinero, así que atiende a lo que Lucy diga, haremos esto, lo pasamos juntos y después cada uno puede continuar con su vida.

Cuando busca el teléfono móvil en el pantalón del uniforme me fijo en sus movimientos como una autómata. No porque esté conforme con lo que acaba de decir, sino porque mi cabeza se ha quedado enganchada en el «cada uno puede continuar con su vida».

No nos hemos confesado amor eterno. No nos hemos confesado amor, directamente. Sin embargo, ¿qué es lo que he sentido durante todos estos días?

Mis parejas anteriores eran un chiste, no puedo decir que haya estado enamorada nunca o dentro de una relación sana.

Lo que tengo con Bired es algo más similar a un rollo, como lo que conozco.

No obstante, con él siento que puedo ser yo misma.

Todas las facetas de mi «yo» no solo las acepta, sino que las comparte.

A su lado el tiempo parece que cambia, pasa volando y podría robarle horas al sueño con tal de poder seguir hablando con él o haciendo las gilipolleces que hemos descubierto que nos encantan.

No me canso de Bired Arwan y eso es algo que no me ha sucedido nunca. Porque yo me canso de la gente, me saturan, me hacen volverme cínica para seguir siendo sociable. Es una sensación extrañísima, una por la que Rina siempre me castigó, pero incontrolable.

¿Y si siento amor y no me he dado cuenta?

Lo miro y su pelo me parece perfecto.

Lo miro y sonrío porque sus ojos son lo más parecido a mi colección de canicas extrañas.

Lo miro y me da un miedo terrible todo lo que está sucediendo.

—Lucy, necesito tu ayuda.

—Ya estoy ayudándote ocultando tu verdadera ubicación, no sé qué más puedes necesitar de mí, hermano.

Parecería un reproche si al otro lado de la pantalla la preciosa chica no estuviera sonriendo. Los Arwan, pese a no compartir la genética completa, son preciosos, sin excepción.

—Verás… —comienza a decirle por alto lo que ha sucedido, obviando las partes más importantes, como nuestra noche de pasión antes de empezar el campamento y detalles así, que agradezco.

Cuando termina, escucho un golpe seco.

—¿Qué ha sido eso? —pregunta Bired.

—Mi cabeza contra la pared.

—Lucy...

—No, déjame. Necesitaba comprobar si seguía teniendo paciencia.

Me río por lo bajo.

—No estás ayudando, enana, y me dijiste que lo harías.

—Estás intentando que duplique mi ayuda sin control, Bir, pero ahora eso no es lo importante, en otro momento me cobraré el favor. La clave en estos momentos es que Carley sobreviva al nido de víboras, ¿no es así?

Los dos nos ponemos en el objetivo de la cámara. Yo miro a ambos hermanos y Bired asiente, muy convencido de que es eso lo que necesita.

Cualquiera diría que me van a asesinar en una gala benéfica…

Digo yo que con ponerme un vestido bonito y estar bien maquillada servirá.

Michael es inteligente; si no, no hubiera conseguido todo lo que ha hecho, pero no deja de ser un millonario con mucha gente a la que atender.

No va a estar pendiente de nosotros toda la gala.

—Si eres demasiado simpática dirán que buscas atención. Si hablas poco pensarán que eres una estirada. Si sonríes mucho, que eres ingenua. Si no sonríes, que eres una borde.

—Qué maravilla de ambiente.

—¿Verdad? Por eso solemos recaudar mucho dinero. La culpa funciona mejor cuando la gente va bien vestida.

Bired resopla.

—Lucy... —la señala solo con decir su nombre.

—¿Qué? No estoy mintiendo.

Se toma unos segundos antes de volver a hablar.

—Escúchame. Lo único que necesitas hacer esa noche es ser educada y no dejar que nadie te haga sentir pequeña. ¿Estás asustada?

La pregunta de Lucy me sorprende, por eso miro a Bir y descubro que él también me está mirando. No me juzga, solo espera mi respuesta.

—Un poco.

—Es normal. —Su respuesta llega tan deprisa que me tranquiliza—. La primera vez que fui a una gala terminé escondida veinte minutos en un baño.

Abro mucho los ojos.

—¿En serio?

—Completamente. Elara tuvo que venir a buscarme.

No me esperaba esa confesión. Muchísimo menos de alguien que pertenece a ese mundo.

—¿Y luego qué pasó? Llevas toda la vida en esto.

—Luego descubrí un secreto.

—¿Cuál?

—Que todos parecen muy seguros de sí mismos hasta que hablas cinco minutos con ellos.

No lo entiendo y ella ríe. No creo que con mala intención, pero se le han achinado los ojos como si fuera Maléfica.

—La mayoría están tan preocupados por parecer perfectos que ni siquiera disfrutan de la fiesta.

Me quedo pensando que quizá el miedo no sea tan distinto. Yo llevo años intentando encajar con personas que tampoco terminaban de hacerlo consigo mismas. Quizá cambie el escenario y no tanto las inseguridades. Solo necesito ser más fuerte que ellas.

—Voy a mandaros un paquete —finaliza Lucy. La seguridad que muestra augura que van a ser unos días interesantes.