Solo amigos CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

CARLEY

Nunca he tenido capacidad para motivar al resto. Rina solía decirme que estaba mejor callada que diciendo consejos de mierda. Stefan no es que se quede atrás; mi hermano lo dice con más tacto, pero el concepto es el mismo. Puedo acompañar, pero no apoyar.

Esta situación debería despertar todos mis demonios, temores, llámalo como quieras. Dada la situación, he tenido que cerrarles la puerta antes de que salgan. Nunca he visto a Bired tan destrozado, y eso que lo conozco desde que era una mocosa.

Y no me gusta.

Lo odio, para ser más exacta.

Es una mierda comprobar que, cuando las personas que suelen ser la alegría del grupo, quienes te sacan una sonrisa en el peor momento, el alma de la fiesta; tienen un momento vulnerable, parece que la caída es el triple.

Te afecta a ti directamente, supongo que porque quieres sacarlos de ese contexto que los está arrastrando hacia un pozo oscuro, como ellos hacen contigo.

Es la sensación que tengo ahora mismo con Bir. Sé que tiene que transitar esta emoción, le viene bien; si no, nunca dejará de culparse por lo que sucedió o lo que puede suceder por culpa de su madre, pero no me gusta una mierda.

—No me vendas palabrerías, Car, no es el modo que tenemos nosotros de relacionarnos.

—¡No son palabrerías! —Me encantaría entender por qué ahora siento rabia de no estar a la altura, de que no me crea.

Joder, si es que odio verlo en este modo de tristeza.

Ha cometido un error, unos cuantos en los últimos tiempos, pero el mayor problema no son sus acciones, sino el peso que cree que tienen en la vida de los demás—.

No eres el dueño de tus hermanas, ni de tu madre, y mucho menos de la opinión que tengan de ti.

—Las quiero, son mi familia. A ti también te dolería hacerle daño a Stefan.

—¿Y no crees que lo sé? Por eso estás así, porque piensas que las tienes que proteger de absolutamente todo, incluso de ti mismo, y eso es mentira.

—Debería saber mejor que nadie lo que puedo y no puedo hacer.

—No puedes vivir de ese modo, Bir, te va a destrozar. Lo está haciendo.

Comienza a negar con la cabeza; hasta creo que intuyo que sus ojos se vuelven acuosos, pero los aparta de mi campo de visión antes de que pueda actuar.

—No me gusta verte así, vales mucho más que esta mierda.

—Valgo lo que hago, así que no me hagas…

Le pongo un dedo sobre los labios.

—No voy a permitir que vayas por ese camino de la autodestrucción. Si yo te digo que vales mucho es porque así es.

Parece que mi parte mandona lo hace recapacitar, porque no retira el dedo de los labios y me escucha con atención.

—Te he visto estar en todos los malos momentos de mi hermano.

¿Acaso no te acuerdas de lo que hiciste cuando se le cayó aquel trabajo al que tanto tiempo había dedicado?

—Asiente porque es imposible que ninguno de los dos nos olvidemos.

Ahí demostró no solo ser un buen amigo, sino parte de nuestra familia—.

¿Y es que tampoco te acuerdas del discurso motivacional que me diste cuando Rina se quedó en la mierda?

Eso no lo hace cualquiera; tienes que tener un corazón muy bonito para que salga bien.

Poso la mano en su pecho. Sigue zumbando como un caballo desbocado, aunque su respiración se ha acompasado. Ya no aprecio agua en sus ojos, aunque sí emoción. Solo espero que mis palabras le lleguen y le hagan pensar en lo que vale. En lo que los demás vemos de él.

—Me encantaría tener la capacidad de expresar verdaderamente lo que pienso, Bir, pero se me da de pena.

—No estoy apreciando lo mismo —susurra.

Aun así, los dos sabemos que no es cierto, que si yo pudiera abrirme el pecho en estos instantes y dejarle ver lo que verdaderamente me hace sentir, todo sería más fácil.

Su confianza se multiplicaría por mil, porque lo veo como la persona más buena, graciosa y empática que he conocido nunca.

Me ha apoyado en los malos momentos, ha estado con la persona más importante de mi vida cuando más lo necesitaba, y ahora mismo odio a su madre y a todo su entorno por hacerlo sentir de menos.

Como si sus decisiones no fueran suficientes, como si siempre tuviera que estar en un molde perfecto, sin aristas. Irreal.

Y, entre todas las cosas que es Bired Arwan, esa es la que menos peso tiene, porque él es muy real. Es realmente la mejor persona que he conocido nunca.

—Como no tengo ni idea de cómo hacer esto, y las emociones me están apabullando, voy a dejarme llevar para que sientas lo que de verdad debería atarte, y no esa sensación de mierda que ha despertado tu hermana.

—¿De qué hablas?

¿Sé de lo que hablo? No, porque no puedo ponerle nombre; no obstante, me doblo, dejando mi cara a un centímetro de la suya. Bir no se mueve, aunque su aliento me hace cosquillas sobre los labios.

Cuando estos se tocan, con delicadeza y suavidad, siento como si unos fuegos artificiales brillantes, de un color impresionante, explotaran a nuestro alrededor.

Hemos compartido este movimiento antes, he mordido y tirado de estos labios, pero nunca los había tratado con cariño, saboreando cada centímetro.

Besándolos con delicadeza, intentando que con un simple gesto entienda cuánto vale, cuánto lo valoro.

Es él quien rompe la tranquilidad del beso introduciendo la lengua en mi boca. Y, aun así, el movimiento es dulce. Nos mezclamos en una danza de sensualidad y cariño que no he sentido con nadie más.