CAPÍTULO 27
BIRED
Solo cuando Carley saca una bandera blanca, todo el mundo frena en esta locura de agua que he creado con la única intención de que Emma logre desconectar durante unas horas de su infierno.
En mis planes está hablar con Michael Douglas para ayudarla.
Él, mejor que nadie, puede convencer a la familia de la pequeña de que lo que están haciendo es una aberración.
Y si no es él, ya encontraré el modo de ayudarla.
No quiero que, cuando sea adulta, recuerde mi cara como la del traidor que la pudo ayudar y pasó de ella como si nada.
No podría vivir con ese pensamiento. Más cuando las declaraciones de la niña son lo bastante fuertes como para que me preocupe que cometa alguna locura.
—Ha estado bien —me dice cuando pasa por mi lado.
Me relaja ver una sonrisa de oreja a oreja en su rostro y el brazo de uno de sus compañeros de competición rodeándole el cuello.
He descubierto que entre ellos son muy competitivos; hay pocos puestos en las categorías superiores, pero en los momentos clave demuestran que la inocencia de la infancia sigue presente en sus vidas.
Se olvidan de todo mientras están jugando.
Es una pena que perdamos esa esencia en cuanto crecemos y la vida adulta nos asfixia.
Mi teléfono empieza a sonar sin control.
Este uniforme de mierda tiene tantos bolsillos que no sé en cuál de ellos está, pero es tan intensa la vibración que hasta me preocupo de que alguien me haya cambiado el teléfono.
Cuando logro descubrir que está en la pernera derecha, en uno de los bolsillos camuflados, veo el nombre de mi hermana Elara en la pantalla.
Al instante sé que todo lo que pase a partir de ahora no será como esperaba o hubiera deseado.
Todos los hermanos Arwan somos un aquelarre.
Las víctimas de Maggie podríamos llamarnos, pero Elara, además de ser la mayor, también es la más chaquetera.
Tiene un carácter más moldeable; es por eso por lo que siempre ha sido la favorita de nuestra madre.
Le gustan las apariencias, le hacen la vida más sencilla, así que es complejo que, de primeras, apoye cualquiera de las censuras que nosotros queremos llevar a cabo.
Si hubiera sucedido algo y tuviera alguna forma de eludir las consecuencias, quien me llamaría sería Lucy, y, en todo caso, Maya; nunca Elara.
—Dime —respondo intentando que no note mi nerviosismo en la voz.
—¿Dónde se supone que estás, Bir?
Echo un vistazo a mi ropa mojada. Es un milagro que el teléfono se haya salvado, porque no hay un trozo de mi vestimenta que no haya sido víctima de las pistolas de agua.
—Trabajando. ¿No te ha contado mamá o Lucy que iba a estar en el campamento de Michael Douglas?
Pega tal resoplido que me la imagino no solo recogiéndose el pelo de la cara, sino cerrando los ojos y tocándose el puente de la nariz para encontrar algo de calma.
Hay muchos gestos que ha heredado de nuestra madre.
Odia que se lo digamos, pero es la fiel sucesora de Maggie Arwan, aunque a su favor tengo que reconocer que no es maligna. Solo se deja llevar por el mal camino.
—Bir, dime exactamente qué estás haciendo en ese campamento. No me creo ni una palabra de lo que ha contado Lucy.
Mierda.
Estoy en problemas, porque Lucy es la hermana más convincente.
—Verás...
—Te has metido en un nuevo lío, ¿no es así?
—¡No! ¿Y por qué lo dices como si mi día a día fuera entrar y salir del calabozo, hermanita?
Vuelve a resoplar.
—Me han llamado esta mañana diciendo que tenían imágenes tuyas boicoteando el circuito del DRS, ¿te suena de algo?
Malditos gilipollas. Quien está detrás de todo eso son los del periódico universitario.
Como Michael los ha frenado, han tenido que joderme de algún modo.
Los Arwan causamos odio en aquellos que no tienen la misma posición social.
Nunca entenderán que yo quiero ponerme de su parte, no en contra de ellos.
—Todo tiene una explicación, Elara.
—La única explicación que le encuentro a todo esto es que, como no hagas algo cuanto antes, vamos a perder uno de los contratos más importantes para la empresa. ¿Sabes lo que he tenido que hacer yo este verano?
Como para no saberlo, mi hermana ha tenido que firmar un contrato en el que se compromete a casarse por conveniencia solo para que su padre y, de forma indirecta, también nuestra familia no se vea salpicada por un escándalo.
Toma mi silencio por un asentimiento, así que continúa en un tono de enfado que entiendo y respeto.
—Me han pedido dinero, y se lo he dado. Más tarde saldaremos cuentas tú y yo. Eso no es lo importante, Bired. El hecho de que te dé todo igual empieza a ser un problema gordo. No somos unos niños, nuestras acciones tienen consecuencias, y cuando entiendas eso, podremos trabajar todos a una.
—Te juro que... —se me rompe la voz antes de poder acabar la frase.
¿Qué le puedo jurar a mi hermana? Tiene razón, he actuado como un niñato solo por diversión.
Me he enfadado por tener que estar aquí, porque es una puta mierda y porque siento que me han castigado como cuando era adolescente.
Claro que, si mis actos son como hace diez años, no sé qué espero del trato de los demás.
—No quiero que me jures nada, quiero que actúes como una persona con dos dedos de frente.
No soporto al personaje que has creado. Todo el puto día con la broma a cuestas como si no te importara nada.
¡Te importa, Bir! Demuéstralo de una vez o nos perderás a todos, y tú también lo harás en el camino.