Solo amigos CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

CARLEY

Llevo dos horas sintiéndome una mierda de persona.

—¿Carley, estás bien? Si quieres puedo traerte algo para que cenes. No es bueno que acudas a la hoguera con el estómago vacío.

Stela ha ido a cenar con el resto de compañeros, pero a mí no me ha apetecido. Después del encuentro con Bir me he quedado dándole vueltas a mis palabras una y otra vez.

Le he hecho daño y no sé identificar con qué o en qué medida, aunque me hago una idea de la gota que ha colmado el vaso.

He intentado hacer un croquis mental, y la conclusión a la que he llegado es que no me gusta que mis palabras hayan causado daño.

En otro momento hubiera pensado que se debía a que Bir necesitaba de mí una versión que no le he dado.

Vaya, que el problema era mi actuación, pero en este caso mi problema he sido yo misma.

No he estado a la altura y necesito hablar con él.

—No te preocupes, me acerco ahora a coger algo para comer. Unas patatas o algo así. Por cierto, Stela, ¿Bir ha ido a cenar con el resto?

Niega con la cabeza.

—Bruno ha dicho que se encontraba haciendo algo del trabajo, pero no ha dicho el qué.

Si Bir ha puesto como excusa el trabajo, solo puede referirse a algo de su familia, que no deja de ser trabajo.

—Genial, gracias. Voy a coger algo de comer para él también.

—¿Os esperamos en el lago? Hemos quedado para echar unas partidas al Uno antes de que comience la hoguera.

—Eso está hecho. —Pretendo solucionar el malestar que he creado y que ambos podamos disfrutar de la mejor noche del campamento.

Por eso, cuando llamo a la puerta de la cabaña número cuatro, la única que tiene una carita sonriente pegada en la puerta y miles de pegatinas de dinosaurios a su alrededor, lo hago con una confianza que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Ni en el segundo toque ni en el tercero me abre nadie. Tengo que pegar la cara al cristal biselado para que me haga caso.

—¡Bired Arwan! Abre la puerta, quiero pedirte perdón de rodillas.

Para tranquilizar mis nervios, que ya han empezado a subir y bajar por la garganta, pongo la oreja en la puerta y escucho una risa floja al otro lado.

Al menos no es rencoroso, algo que va a hacer esto mucho más sencillo.

Cuando la puerta se abre, me encuentro con Bir despeinado, con una sudadera enorme que no le he visto lucir nunca, y con la habitación hecha un desastre.

—Cuando estoy enfadado me da por generar caos a mi paso.

Lo ha dicho con ternura y con una mirada que suplica que le dé un abrazo. No entiendo de dónde ha salido esa lectura, pero el instinto es tan grande que decido actuar conforme a él.

Sin pedir permiso, en parte por miedo a que me rechace, lo abrazo con fuerza. La diferencia de altura me lleva a encajar la cabeza en su cuello. Al principio no responde, sus brazos cuelgan a ambos lados de las caderas; solo cuando hago un sonido de protesta se ríe y responde del modo que quería.

—Eres de lo que no hay, Throw.

—Quiero pedirte disculpas de verdad. Antes quise hacerte daño porque me estabas incomodando al hacerme reflexionar.

Y al soltar dichas palabras es cuando me doy cuenta de lo que verdaderamente me estaba sucediendo. He razonado y me sienta bien, aunque quizá no es la forma de hacerlo para la siguiente.

—Atacar a quien te está intentando ayudar es humano, Car. Lo hago constantemente con mis hermanas.

—No me gusta ser la causante del dolor, aunque sea humano.

Me despega de su cuerpo para verme la cara en un gesto que demuestra lo que le importa esta conversación. Me sienta bien que le importe, porque yo llevo unas horas muy incómoda conmigo misma. Si me hubiera encontrado su versión pasota, me habría enfadado, y no sé si conmigo misma o con él.

—Estoy descubriendo una parte de ti que me causa confusión, por eso actué de ese modo.

—¿Porque crees que soy algo más que el juerguista amigo de tu hermano?

—Sabía que eras más que eso, Bir, no te hables así de mal. Simplemente estoy en un momento de mi vida extraño y no esperaba encontrar en ti un refugio.

—Yo tampoco sabía que necesitaba ser la versión más real de mí mismo contigo, si te sirve de algo.

Y entonces se hace el silencio. Solo nuestras miradas hablan porque, después de semejante confesión, ¿qué se puede decir?

—No quiero volver a ser lo de antes, y creo que si entramos en la dinámica de follar y reírnos, sí lo haremos.

—¿Por eso rechazas cada una de mis propuestas? Aunque sé que lo estás deseando.

Ambos necesitábamos que sacara su lado canalla en la última frase. Y su sonrisa de medio lado.

—No quiero que crucemos límites cuando ambos nos sentimos vulnerables. Hasta ahora nos hemos movido muy bien en la broma y el colegueo, ¿y si nos permitimos vivir desde otros puntos de nuestra personalidad? Quizá eso cubre el sexo salvaje.

—Nada cubre el sexo salvaje, pequeña Throw.

Ruedo los ojos y ambos nos partimos de risa. Ciertamente tiene razón en lo que acaba de exponer, pero sé también que entiende lo que le estoy diciendo.

—Aunque necesitemos ser amigos o algo más, ¿y si nos damos tiempo para descubrirlo?

—Tengo dos semanas —me dice con seguridad. Y no es hasta que lo escucho que entiendo lo que necesitaba oír.

—Quiero pasar el mejor verano de mi vida mientras descubro quién soy, Bir.

—Buscamos lo mismo, así que me complace decirte que quiero ser tu compañero de aventuras, Car.

—Esto es muy de película.

—Eso sería si me dieras un tremendo beso con lengua.

Una cachetada en el culo sirve como cierre a la conversación más trascendental que he tenido en semanas, sin contar con la de la noche de los fuegos que, justamente, también fue con él.

—Hay un torneo del juego de mesa Uno, ¿te apuntas? —pregunto para aligerar algo la tensión que sigue en el ambiente.

—Soy el puto amo en el Uno, nadie podrá conmigo.