Solo amigos CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

BIR

La oportunidad perfecta para llevarme a Bruno a mi terreno llega cuando ambos coincidimos en la puerta de nuestra cabaña.

La número cuatro.

Ahora solo me queda comprobar si es tan buen tipo como todos dicen que es, porque me va a tener que hacer un favor de los gordos.

—Oye, tío, todo bien, ¿verdad?

Bruno, que está dejando la mochila encima de su cama, me mira por encima del hombro.

—¿Por qué no lo estaría? ¿No me digas que eres de esos?

—¿De cuáles?

—Como estudio en la Bearcliff no quieres compartir habitación conmigo, por eso de que tenemos que ser enemigos naturales y toda esa mierda.

Espera, ¿qué?

Me quedo tieso durante unos segundos. Simplemente no sé cómo actuar. Bruno está haciendo referencia a la enemistad que hay entre las dos universidades ubicadas en La Colina. Cada uno va a una diferente, así que, si nos basamos en los estatutos sociales del campus, no podríamos tener contacto.

El tema es una mierda que viene de otras generaciones, más en concreto de luchas políticas de los empresarios que las construyeron. No los entiendo y me toca los huevos. Eso sí, si mis compañeros de periodismo se enteraran de las tías del Bearcliff con las que me he liado, me echarían de clase.

Es como beber el veneno del enemigo para ellos.

—Estamos encerrados en una cabaña durante tres semanas, ¿estamos tontos? No pienso seguir con esa gilipollez.

Bruno parece resoplar, pero lo tapa enfocándose en abrir la mochila y comenzar a sacar la ropa.

—Menos mal, estoy de esa gilipollez hasta los huevos. A todo el mundo en este lugar le falta una cocción con ese tema.

—Es una mierda. —Lo es, y lo opino realmente, aunque también estoy allanando el terreno para saber si Bruno va a abrir la boca o no.

He decidido, después de la interacción de hoy, que de alguna forma tengo que conseguir una conexión física con Carley.

Puede que mi mente haya entrado en hiperfoco y no sea sano; estamos hablando de una persona con sentimientos, pero no es como que la vaya a follar y dejar en la cuneta.

Simplemente quiero explorar lo que siento cuando estoy con alguien con la que tengo confianza y no solo atracción física.

Hasta el momento, la sensación es tan increíble que se podría volver adictiva, y quiero saber por qué me sucede y qué puedo hacer con ella.

—Una mierda limitante. Aquí, al menos, se tiene controlado. Por eso me he puesto a la defensiva, lo siento si he sido brusco.

Deja lo que está haciendo y extiende la mano derecha para que la apriete. Lo hago sin pensarlo.

—También quería hablar sobre otra cosa. Lo del coche de antes…

Frunce el ceño. Al parecer necesita más explicaciones de las que le estoy aportando.

—No sé de qué me hablas.

—Sí, has llegado y justo Carley y yo estábamos…

—Ah, sí, no sabía que Carley tenía novio. Encantado de conocerte por partida doble.

—No, es que justamente es eso lo que te quería comentar. Carley y yo no estamos juntos, lo que viste fue algo momentáneo.

Abre la boca. La cierra, intenta decir algo, pero no le salen las palabras hasta que logra soltar:

—Tío, ¿sabes que aquí son muy estrictos con esas cosas? Lo tienen prohibidísimo.

—Ya, otra regla de mierda. Y no vamos a detallar la absurdez.

Al parecer esto no le causa lo mismo que el tema del odio innecesario en La Colina.

—¿Pasó algo que no sepa?

—Hace unos años, unos monitores se liaron y montaron tal circo en sus discusiones que todos los niños acabaron traumatizados. Y no vamos a hablar del resto de compañeros. Fue horrible. Desde entonces se impuso la regla y se lleva a rajatabla.

—Somos adultos, no sería para tanto.

—Cuando se trata de este campamento, tu niño interior aflora. Hazme caso, el bosque tiene embrujo.

Me río sin control. Bruno parecía normal hasta que ha empezado a decir idioteces.

—Si no me crees, lo comprobarás por ti mismo.

—Pero, ¿me vas a cubrir las espaldas?

—No diré nada, si es a eso a lo que tienes miedo. Simplemente te aconsejaría que no hicieras ninguna locura. Carley seguirá en Nojin después de estas semanas.

Y con las mismas vuelve a centrarse en deshacer su mochila.

La litera que le ha tocado es la de abajo, así que tiene más fácil el asunto de la organización.

Podría seguir con la conversación, es más, me interesa todo lo que pueda comentar, parece que tiene información relevante, pero es que mi móvil empieza a sonar y en la pantalla leo un nombre con el que necesito hablar.

—Dime que regresas antes de tiempo —susurro al aparato.

Dado que escucho el sonido del mar como respuesta inmediata, sé que va a decir que no.

—Voy a alargar las vacaciones, por eso te he llamado. No logro contactar con mi hermana y necesito que la pongas al tanto. Empezaba hoy a trabajar en el campamento de verano. El que hace la fundación de Michael Douglas.

Voy asintiendo mientras intento cortarlo.

—No has leído mi mensaje.

—No he tenido cobertura hasta ahora, y lo primero que he hecho es llamaros, ¿ha pasado algo?

—No, no temas. Simplemente he acabado en el mismo campamento que tu hermana.

—¿Que has hecho? ¿Qué?

—Me he metido en un lío sin sentido y he acabado aquí como pago.

—Joder, Bir, que ya no tienes edad.

—Ya, ya, no me vengas con uno de tus sermones. A lo que iba, en el mensaje te pregunté si Carley está bien de dinero. Creía que no iba a trabajar más en verano.

El silencio que le sigue confirma lo que ya pensaba.

—Puedo…

—No, puedes cuidarla o acompañarla, pero no ofrecerle limosna. Eso nunca, Bired, ¿me oyes? Mi hermana se merece más que caridad.

—Hablaba de pasarle unos cuantos millones a su cuenta.

—Para eso sabes el número de la mía.