Solo amigos CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

CARLEY

—Si necesitas un hombro sobre el que llorar, el mío está aquí. Es fuerte, ideal para secar cualquier manchurrón que empañe tu buen humor.

Este sí es el Bired que conozco. Me había asustado al escuchar sus palabras.

Ya el otro día me pareció extraño que hablara de forma tan profunda.

Jamás lo he visto con una chica más de una semana; es imposible que se haya enamorado como para hacer que sus emociones más profundas afloren.

La relación más larga que tiene es con mi hermano, y guardo la sospecha de que, como son dos polos opuestos, se atraen sin remedio.

—¿Me estás haciendo una propuesta indecente al mismo tiempo que intentas consolarme?

—Sí, ¿está funcionando?

—¿Sabes que, por ser guapo, no vas a conseguir todo en la vida?

—No me está yendo mal.

¿Por qué tengo la necesidad de coger su cara perfecta entre mis manos y aplastarla?

Este tipo de arranques sin control me suceden cuando no puedo manejar una emoción.

Ahora mismo es una mezcla entre efusividad y ganas de que cierre la boca.

El único problema es que lo haría de un modo que no nos conviene a ninguno de los dos.

La noche que compartimos fue la mejor que he vivido nunca; menos mal que los términos estaban claros para ambos, de no ser así ya estaría enamorada de él.

Caería rendida.

Sin control.

Salgo de mis pensamientos y me encuentro con que está esperando paciente a que le responda. Bir y paciencia no suelen ir en la misma frase.

—¿A ti qué mosca te ha picado? —empiezo moviendo la mano hacia sus costillas para hacerle cosquillas. No es normal esta actitud que tiene, y empieza a preocuparme. ¿Y si no estoy viendo las señales? ¿Necesita algo de mí y vamos a entrar en un bucle como el que tenía con Rina?

Intenta frenar mi ataque, pero no es capaz porque soy muy rápida.

—Te lo he dicho, necesito una aliada para esta locura. Yo no busqué ser monitor. Michael ni siquiera me va a pagar.

—Pero si estás podrido de dinero.

En un movimiento muy ágil me lleva las manos a la espalda, dejando mi pecho al descubierto y pudiendo hacer conmigo lo que le plazca.

Entiendo, con un gesto de su mandíbula, por qué tiene esa facilidad de engatusar a todo el mundo.

No solo su belleza encandila, sino la forma que tiene de tratar los asuntos.

De un momento incómodo puede girar la atención para conseguir que te encuentres en el punto exacto que necesitas para poder funcionar.

No sé si tiene mucho sentido, pero así me hace sentir desde que le abrí mi corazón con lo de Rina. Igual estoy loca y estoy viendo pájaros donde solo hay hojas volando. Juro que no he fumado ni bebido cosas ilegales.

—Esto puede acabar conmigo, soy débil, pequeña Throw. Como no me eches una mano, no solo los mosquitos me matarán, una señora mala y bruja me descuartizará.

—Tu madre. —Es que es de lo que no hay.

—Esa misma. La reputación es…

—El eje de los Arwan —acabo por él. Es una mierda que Maggie sea tan estirada, con lo guapa y graciosa que parece en fotos.

No sé hasta qué punto a Bir le cuesta controlar su carácter cuando tiene que seguir con el legado de su familia. Y no solo con la de los Arwan, sino también con la de los Rodríguez.

—¿Me estás diciendo que ser millonario por ambos lados de la familia está pudiendo contigo?

No responde al momento. Noto que toma aire y lo expulsa, no con fuerza, pero sí con más parsimonia de la que esperaba. ¿He dado en una fibra sensible y no lo sabía?

—Quiero mantener los huevos al final del verano, y he descubierto que una morenaza despampanante me va a ayudar.

No tengo tiempo a decir que ni loca, que se saque las castañas del fuego, cuando la voz de la monitora jefa nos alerta a ambos.

—¿Alguno de vosotros tiene el carnet de coche? —Ambos decimos que sí al mismo tiempo—. Bien, coged la furgoneta e id hacia el puerto. Se ha adelantado la entrega de las lanchas y tenemos que traerlas con el remolque. Será vuestra tarea del día.

Dado el tamaño del remolque que vemos cuando nos lleva hacia el garaje, intuyo que no va a ser una tarde ni sencilla ni tranquila.

—¿De cuántas lanchas estamos hablando? —pregunta Bired, que, como es normal, ha pensado lo mismo que yo.

—Lo descubriréis en el puerto. No perdáis tiempo.

Se marcha sin mirar atrás. Bien es cierto que aquí somos los últimos en la lista de prioridades.

Los chavales son el eje de todo. Es más, he escuchado a los jefes hablar del concepto que quieren inculcar y me parece precioso.

Y es que los niños que acuden suelen hacerlo con la presión de llamar la atención de algún patrocinador.

No es un campamento al uso; se han preparado durante todo el año y no acuden a descansar y pasarlo bien.

Por eso las cualidades que tenemos que tener los monitores son tan variopintas.

Marisa dijo en dicha conversación que su objetivo del año era que ningún niño se obsesionara solo con su carrera deportiva, y por eso quería que los entretuviéramos y los monitores fueran su mejor versión.

Estoy en un punto de mi vida en el que considero que, para comprenderme, necesito ser mi mejor versión. Ponerme en diferentes situaciones y ver cómo puedo salir de ellas. Es el modo de entender qué soy y poder ofrecerle a los demás algo acorde a ello.

Al mirar hacia Bir me doy cuenta de que, si saca el palo que tiene metido por el culo debido al malentendido con Michael Douglas, él podría ser un buen aliado.

—Tenemos una tarea, compi, ¿nos vamos?