CAPÍTULO 12
BIRED
No he conocido aún a mi compañero de cabaña. Al parecer debe ser un tío de puta madre porque todo el mundo habla de él. Lo único que he conseguido es enviarle un mensaje a Stefan. No me ha respondido, pero al menos tiene cobertura de nuevo, algo es algo.
Bir:
Podías haberme avisado de que tu hermana iba a trabajar en La Colina este verano.
¿Necesita algo y no me lo quiere decir?
¿Te has ido por otro motivo que no son vacaciones? No te has tomado un día de descanso en años, es extraño de cojones y me siento mal por no haberme dado cuenta.
He revisado el teléfono móvil en cinco ocasiones durante los últimos minutos, tanto es así que la señora que nos está dando una charla no me quita ojo.
Creo que es su forma de pedirme que pare de hacer el imbécil y actúe como un adulto sin ponerlo en palabras para no dejarme mal delante de los compañeros.
—Los walkie-talkies serán vuestro salvavidas. Son la conexión que tenéis entre vosotros, todos los monitores. Si sucede algo en un área, avisad a través de ellos. Si, por el contrario, necesitáis refuerzos, recurrid a ellos.
Está explicando el significado del walkie como si fuésemos todos imbéciles.
Nos hemos reunido en la cabaña principal.
Había visto los planos de la zona, y en alguna ocasión he entrado al lago que hay al fondo, pero nunca había hecho un tour por las inmediaciones.
Y eso que mi abuelo me recomendó pasarme por aquí a ver si podía hablar con algún chaval.
Siempre es bueno que los patrocinadores millonarios de los futuros corredores tengan conexión con nosotros, o eso dice el abuelo Arwan.
La mesa principal está llena de aparatos negros con una antena muy graciosa.
Al parecer vamos a tener que estar siempre cargando con uno de ellos.
En concreto con el que pone nuestro nombre.
Cuando he entrado y he visto uno con la etiqueta de «Bired», ha sido un instante de pura frustración porque lo he sentido real.
Estoy metido en un marrón de mierda, y como no encuentre la forma de salir de aquí y seguir con los eventos y la vida social que tenía, mi familia se va a dar cuenta. Y no sé si es peor eso o que el puto periódico universitario toque los huevos revelando la verdad de mis acciones.
Carley parece emocionada con lo que viene a continuación. Cuando la mujer finaliza de hablar, ella da un paso al frente y toma el relevo de lo que se está contando.
—Y ahora, la parte divertida. Hemos pensado que, dado que es un aparato que nos acompañará a todas horas, podemos hacer una tarea de decoración.
Algo así como plasmar nuestra personalidad en ello, mientras nos conocemos entre nosotros.
Los alumnos llegarán mañana y el tiempo va en nuestra contra, por eso es importante que generemos lazos de confianza.
Pero qué bien habla y se expresa Carley ante una multitud. Hasta ahora solo la había visto desenvolverse en un aspecto más social y menos profesional. Me ha sorprendido; tengo que reconocer que no me he quedado embobado mirándola solo por lo bien que le queda el uniforme.
Del mío prefiero no decir nada. Estaba sobre mi cama, con el nombre de «monitor» por todos los lados. Me lo he puesto para no causar problemas, pero la camiseta es fea y de algodón. Donde esté una camisa de seda, que se quite lo demás.
—¿Cómo que tiene que ser un reflejo de nuestra personalidad? —No sé por qué he hecho la pregunta y parece que estoy enfadado con el mundo. Realmente hacía mucho tiempo que no entraba en este estado de hastío. Soy el tío más bromista de Nojin, joder, ¿qué me pasa?
Carley, como es normal, me mira extrañada.
—Tenemos pegatinas, wallpapers y todo lo necesario para decorar el walkie a tu gusto. Cuanto más cómodo te sientas con el objeto, más fácil será utilizarlo con normalidad.
No se ha puesto a la defensiva, pero sí que parece dolida con mi actitud y eso me afecta. Es un peso que se ha instaurado en la boca del estómago y que, por más que trago saliva para pasarlo, sigue ahí encajado.
Le hacen más preguntas mientras me centro en reorganizar mi cabeza. No quiero ser como mi madre; siempre he huido de su actitud. Por eso me resulta fácil ser la antítesis. Cuando ves el reflejo de lo que no quieres ser tan cerca de ti, solo tienes que actuar en consecuencia.
Para cuando Carley deja de hablar e insta a todo el mundo a que cojan utensilios, disfruten de la música, hablen entre ellos y comiencen a decorar, ya he sido capaz de hacer un examen interno de lo que quiero y no quiero ser este verano.
No pienso enfocarme en lo que me hace sentir estar en esta situación porque considero que no tengo bases fundamentales para poder lograrlo.
—¿Crees que si dibujo una polla en el walkie lo aceptaría Michael? —le susurro al oído a Carley, que sigue extraña después de mi pregunta.
Se relaja cuando me escucha y sonríe como solo ella sabe. Acerca su walkie a la boca, toca un número y entonces suena el mío.
—Eres idiota.
Al cogerlo descubro que los números que hay en una tabla en la parte trasera corresponden a los walkie-talkies de cada compañero. Ha elegido mi frecuencia para que solo yo la escuche.
—Es tu ruina, nena. Acabo de descubrir cómo decirte guarradas sin que nadie se entere.