Solo amigos CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

BIR

No me puedo creer que esté pasando esto.

Hay gente con mala suerte y luego estoy yo. Tengo una teoría, y es que el universo odia a los guapos. Nos pone piedras en el camino porque piensa que lo tenemos más fácil por nuestra cara bonita, pero no es así.

La situación que estoy viviendo es tan grotesca como sin sentido. Ojalá pudiera deshacer todo el embrollo y continuar con mi vida como si nada, pero al parecer Michael Douglas, el director de la universidad a la que acudo, no opina lo mismo.

He coincidido con él en las fiestas de mi familia, o mismamente en las galas del Club de Regatas. Es un hombre de negocios, serio y regio, aunque lo he visto con su familia y tiene otra forma de expresarse. Una muy diferente a la que está empleando conmigo.

—Siento decirte que, aunque tu abuelo sea parte de los socios de la universidad, no puedo dejar pasar esta falta, Arwan.

Venga ya, si le diera la gana lo haría. Lo ha hecho en otras ocasiones. Por algún motivo, a mis primos, los vagos, a los que la genética no les ha favorecido físicamente, no les ha puesto ningún castigo por sus fechorías.

Al parecer, llenar la pista de aceite para que la competición clandestina saliera a favor de las apuestas que había generado no se puede pasar por alto, ¿quién se lo cree?

—Si vas a meterme miedo con el nombre de mi abuelo, puedo asegurarte que no soy ese tipo de tío.

Mi abuelo es un hombre poderoso, el patriarca de la familia, aunque la mano que mece la cuna es mi madre y eso poca gente lo sabe.

La razón por la que lo sacan a colación es porque tiene fama de recto, de ponernos a todos en nuestro sitio.

Bien es cierto que no es el abuelo más cariñoso del mundo, pero no es a él a quien temo, sino a Maggie Arwan, es decir, mi señora madre.

Puede hacerme la vida imposible solo porque he salpicado con una leve mancha el currículum perfecto de la familia. Y cuando se decide a tocar los huevos no hay quien pueda con ella.

—No quiero infundir miedo, Bir. O no a ti.

Debes entender que tus acciones tienen consecuencias.

Eres mayorcito para haber llegado a esa conclusión, no seré yo quien te meta en el redil, pero sí a las nuevas generaciones que te tienen como ejemplo.

Pagarás una penalización si no quiero que se me suban a la chepa los que vienen detrás.

—¿Qué me quieres decir con eso?

—El periódico universitario tiene los datos del incidente, publicarán mañana tu nombre.

He intentado que la mancha solo quede en tu expediente, y estaba dispuesto a llamarte la atención en privado.

No obstante, considero que lo más oportuno es que todo el mundo conozca qué ha sucedido y entienda que tiene una consecuencia.

—¿No vas a cubrir la privacidad de un alumno?

Me suda mi privacidad a no ser que salpique a mi familia, y esto lo haría. Solo con que salga el apellido Arwan, los socios de mi abuelo pueden poner problemas.

—No cuando ese alumno ha confabulado en contra de los beneficios de la empresa, Bir.

Joder, es que no le puedo poner ni una pega.

—Dime que hay una solución más factible.

Niega con la cabeza.

—Puedo darte un día más, hablaré con la junta del periódico por si se te ocurre algo, pero yo no puedo parar esto.

—¿Un día? —Puedo hacer algo en menos de veinticuatro horas, estoy seguro de que algo se me ocurrirá. Si sigo vivo después de veinticinco años liándolas en cada oportunidad, es porque la buena suerte y el ingenio me han acompañado.

—Es lo máximo que podré frenar. Quieren dejar esto listo antes de que acabe la semana.

—Mañana a esta hora tendrás una solución. —Me pongo en pie y salgo disparado del despacho. Si es que desde bien pequeño aprendí que cuando te llamaban a ver al director era por un mal motivo, y no debería haber borrado dicho aprendizaje.

El viaje a casa lo hago a tal velocidad que, cuando entro en el recinto, ni siquiera compruebo si la persona que busco se encuentra en la mansión.

Por suerte, mi hermana Lucy, la mujer más resolutiva de este planeta en cuanto a malos asuntos relacionados con mi familia se refiere, se encuentra tomando el sol con un Margarita en la mano.

Acude en ocasiones para tener contenta a nuestra madre, porque odia tomar el sol.

—Lucinda, necesito tu ayuda.

No mueve la cabeza al escuchar mi entrada trambólica, está acostumbrada a que realice este tipo de acciones. Y eso que debería ser al revés, yo soy el mayor de la familia, el cabeza de familia. Solo con pensar en esa imagen de mí, responsable y atento, una carcajada me ataca sin sentido.

—Dime que no has incendiado la vivienda de nadie.

Si por mi madre fuera, le pondría unos pepinos en los ojos para que pareciera una modelo de revista las veinticuatro horas del día. Y es que Lucy ya es modelo de revista, y además guapísima, pero no tan perfecta como quiere nuestra madre.

—No, tiene que ver con unos coches, pero con otros matices.

—Bired, tienes edad para no hacer gilipolleces.

—¿Me vas a ayudar o vas a darme la charla? No necesito lo segundo, si te lo estás preguntando. He acudido a ti porque eres la persona más increíble del universo, y el tema es serio. Si no pongo freno al asunto, pasado mañana saldrá nuestro apellido en los tabloides de La Colina.

Se endereza con tanta rapidez que tengo que adaptarme a la nueva postura que ha cogido en la tumbona.

—¿De qué estamos hablando?

—Ayúdame a que Michael Douglas confíe en que puedo hacer por él algo más interesante de lo que generaría un chisme sobre nuestra familia en Nojin.

—¡Eso es prácticamente imposible, Bir!

—Por eso he acudido a la hermana más lista, ¿es que me tomas por idiota?