Solo amigos CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

BIR

—Es extraño porque lo pienso cada día.

Carley es una tía increíble que, como la mayoría, no sabe apreciar la belleza que los demás vemos en ella.

Me encantaría que las mujeres se lo creyeran de una vez por todas, aunque entiendo que no soy el indicado para hablar de estos temas.

Los sentimentalismos no son mi fuerte, paso por la vida de los demás haciendo ruido para irme en silencio.

—¿Esto no querrá decir que…? —mueve los dedos entre ambos cuerpos. Me señala a mí y luego a ella. Por más que quiera soportarlo, no lo logro y la sonrisa sale a pasear.

—No voy a rechazar nada que me quieras dar, eso no quita que lo que te he dicho sea totalmente cierto.

Carley es una diosa hecha mujer. Además de ser la melliza de mi mejor amigo, así que debería estar prohibida o algo así. Ciertamente nunca he sentido que Stefan pusiera límites en nuestra relación, y ahora mismo me importa una mierda.

¿Por qué acabo de abrir la oportunidad de liarme con la que probablemente es mi única amiga?

Porque soy más gilipollas de lo que jamás admitiré, y porque Carley no es una amiga, es alguien especial, punto y final.

No me gustan las etiquetas a no ser que me ayuden a crecer, y en las relaciones humanas eso nunca ayuda, lo tengo comprobado.

—¿Me estás proponiendo sexo de consolación?

—Joder, Carley, qué forma más extraña de cambiar el punto que nos ha traído hasta aquí.

—Pero te encanta —dice con soltura.

—Verdaderamente, y muy a mi pesar, así es. No entiendo cómo no te han encerrado en un psiquiátrico; dado que no ha sido así, lo mejor es que te juntes con personas buenas como yo.

—Que me quieran cerca, ¿quieres decir, no?

No sé en qué momento su cabeza acaba en mi hombro y los dos nos reímos con tantas ganas que llega a dolerme el estómago.

He bebido, y sé que ella también, ahora bien…

—¿Es tan descabellado? —pregunto para mí, pero también en voz alta esperando una respuesta sincera.

—No. Me gusta el sexo de consolación y sé que no sería raro al día siguiente. Somos nosotros, ¿sabes?

Mi vida es surrealista la mayor parte del tiempo, esto es una prueba de ello.

—El sexo de consolación requiere no arrepentirte al día siguiente. —He sido muchas veces ese hombre, sé de lo que hablo, y no quiero una situación incómoda con alguien que es importante en mi vida.

—Más bien tiene como obligación que al día siguiente sientas que has cometido el mayor error de tu vida.

De nuevo, aunque en esta ocasión es con más intensidad dado que nos sucede al mismo tiempo, una bola de emoción se instala en mi pecho.

Me hace botar y vibrar en la misma sintonía que Carley.

La risa nos ataca, y antes de que me pueda dar cuenta, me estoy fijando en cómo se le achinan los ojos.

En cómo su boca se abre sin control porque no le da ninguna vergüenza mostrarse tal y como es conmigo, y me fascina el hecho de que he sido más yo en estos cinco minutos que en el último año.

Sin darme cuenta, extiendo la mano para colocarla en su cuello. No es extraño que la acerque a mí, y eso que debería serlo. Tampoco se siente raro que deje de reírse y me mire los labios, evaluando si lo que vamos a hacer sucederá o no.

—Tienes cinco segundos para huir del mejor polvo de tu vida.

—Empieza por el mejor beso, ¿no te parece?

—¿Me estás retando?

—No, porque sé que vamos a ganar los dos cuando pruebes mi lengua, Arwan.

—Mucho ruido y pocas nueces. ¿No será que tienes miedo de enamor… —no tengo más remedio que aceptar que los labios de la hermana de mi mejor amigo están sobre los míos.

Tengo una fama y una necesidad, así que cumplo con ambas al segundo que mi cerebro es capaz de reactivarse.

El apoyo que tenía en su cuello se vuelve una necesidad.

Aferro los dedos a su piel, no puede ser que tenga más ganas de atraerla si ya está pegada a mi cara.

Es Carley quien separa los labios, pero soy yo quien no pierde el tiempo e introduce la lengua en su boca.

El primer contacto es tímido, ligero, y despierta una descarga de adrenalina en mi cuerpo que me lleva a estirarme más y a comprobar cuánto de dispuesta está a esto.

La respuesta es inmediata, no solo rozan nuestras lenguas, sino que hace un movimiento que me tiene dando tumbos durante unos segundos, solo soy capaz de reaccionar cuando gime encima de mi boca y mi cuerpo me pide más.

Todo. Es lo que quiero, todo de ella. Y ella también.

—¿Ya has comprobado que va a ser el mejor polvo de tu vida? —No dejo que responda, giro su cuello a mi antojo y ataco sus labios sin piedad. Hay besos dulces, otros intensos, y luego están estos que podrían dejar sin neuronas a cualquiera que los experimentara.

Al parecer a Carley le sucede lo mismo que a mí, porque tiene que parpadear unos instantes y centrarse en mi cara para responder. ¿Qué había preguntado?

—Lo será si recuerdas la norma básica y principal.

Y es ella quien hace el mismo movimiento. No me toma del cuello, sino de la camisa que, por algún extraño motivo, se ha salido de mis pantalones.

—¿Y cuál es esa? —logro decir con su labio inferior entre los míos. Es tan rechoncho que podría pasarme horas mordiéndolo.

—Que ninguno saque el tema mañana.

—No podrás olvidarlo, por tanto no serás capaz… —No me permite acabar la frase, de nuevo. Me muerde los labios, tira de mi lengua cuando consigue tenerla bajo su control y, como un mero observador, dejo que sea ella quien tome el control.

Necesita un polvo de consolación y se lo voy a dar, faltaría más, ¿no? Esto no va a ser extraño, entra dentro de nuestra peculiar amistad.