CAPÍTULO 4
CARLEY
¿Por qué no lo estoy pasando de puta madre si es el segundo ron con Coca-Cola que me he bebido? Los fuegos artificiales han sido una pasada. La media hora que han durado me han dejado con la boca abierta mirando el cielo.
Bir se ha ido a saludar hace un buen rato. Era el momento ideal para beber y bailar a mi manera. Adoro estos momentos de conexión conmigo misma, aunque últimamente no se den tanto como me gustaría.
Lo he intentado, he bebido la primera copa y me he ido directa a la pista de baile. A diferencia del Club, la zona privada está en la playa, oculta del resto por un cenador ibicenco que podría quemarse por la hoguera que alguien ha hecho cuando han acabado los fuegos artificiales.
—¿Se puede saber por qué no estás abriendo mandíbulas en la pista de baile?
He decidido venir a lamer mis heridas en la roca más alta del acantilado. Veo y escucho la fiesta desde lo alto. Como bien dice Bir, debería estar allí, pero algo se ha instalado en mi cuerpo que no me lo permite.
—Me siento muy incómoda conmigo misma, y no me había pasado en la vida. Bueno, sí, pero en otras circunstancias. Es como que no sé identificar de dónde viene el malestar. Quiero pensar que lo último que me dijo Rina afecta, aunque ya no sé si es así o no.
—¿Qué fue lo último que te dijo? No creo que debas hacerle caso, ya sabes lo que opino de ella.
Asiento; aun así, se lo digo.
—Que no sabía estar sola y por eso iba lamiendo culos allá por donde iba.
Me cuesta pensar en el tono que utilizó, fue dañino.
—También creía que, como su culo ya no me interesaba, decidí cambiar de ambiente y buscar uno que la incomodara para hacerle pensar que la mala de la película era ella.
—No me equivoqué al categorizarla como la narcisista que es.
—Bir mira al frente, obligándome a visualizar la perfecta mandíbula que sus padres le han dado.
Es tan atractiva y está tan marcada que podría morderla.
Más cuando se deja el pelo rubio de la barba un poco largo como hoy—.
¿De verdad crees que eres algo de eso, Carley?
—Rina es una de las personas que mejor me conoce.
—¡No! Rina ha estado en todas las etapas de tu vida, nunca se interesó por saber quién eras realmente porque siempre le ha interesado más su ombligo y cómo tú te podrías adaptar a sus deseos.
—¿Desde cuándo sabes tanto de Rina y de mí?
Nuestras miradas se encuentran. No parece que esté borracho, y a mí no me ha afectado el alcohol, así que la intensidad que me transmite la siento en cada poro de mi piel. Al igual que la rabia que expulsan sus palabras por defenderme.
—Me gusta observar.
—Y una mierda, Bir, tú actúas sin pensar, nunca observas.
Es la persona más impulsiva que conozco, además de a mí misma.
—Eso es lo que cree todo el mundo, pero con las personas que me importan no soy así.
Nos quedamos en silencio lo que me parece una eternidad. No sé qué decir. La versión juerguista de Bir me encanta; esta, que sabe leer mis debilidades, quizá no tanto. No me gusta estar expuesta y vulnerable, ¿a quién le va a gustar cuando está acostumbrada a que jueguen con ella?
Sé que me puedo fiar de él, es alguien de la familia al fin y al cabo, pero no deja de ser Bir.
—Si te importo de verdad, dime lo que opinas de todo esto. Necesito que alguien me lance un vaso de agua helada para ver la realidad. No sabes cuánto te querría si fueses tú quien lo hiciera.
Odio estar perdida. Toda mi vida lo he estado.
Es como si mi personalidad pasara por aceptar las rarezas de los demás y ser quien ellos necesitan, normalmente la amiga excéntrica.
Que lo soy, no lo voy a negar, pero también hay otras partes de mí misma que quiero explotar y que nunca me he permitido.
Quizá por miedo al rechazo. ¿Es todo este cúmulo de cosas lo que ha hecho que no comprenda nada de nada?
Puede ser, o simplemente me haya dolido en el alma perder a la persona que creía que iba a acompañarme toda la vida.
Se habla mucho de las rupturas amorosas y poco de las de amistad, pero duelen lo mismo, o más incluso estas segundas. Un amigo es sinónimo de lealtad, de cambios y de camino compartido, aunque con baches, y he perdido eso, o puede que nunca lo haya tenido y por eso la hostia es mayor.
—Me parece que eres tan buena amiga y persona que jamás habrá nadie a tu altura, Carley Throw.
Tiendes a entregar tanto que no podremos devolverte en vida lo que haces por los demás, y me uno al club porque me has salvado más veces de las que puedo contar.
El único problema es que no te lo crees, piensas que tu forma de ser molesta a los demás, no es lo que se espera de ti, y de eso sé bien.
Te sientes ajena en tu cuerpo, como si no supieras cómo hacer para encajar todas las piezas del puzzle que conformas.
Y cuando alguien lo señala, alguien que te importa, entonces el castillo de naipes se viene abajo porque no sabes identificar dónde empieza el querer a los demás y el quererte a ti misma.
—Joder, Bir, nunca me habías dicho nada tan bonito.