CAPÍTULO 3
CARLEY
Es extraño que mi hermano me haya propuesto esto.
A Stefan no le gusta que Bir me meta en su mundo de dinero y poder; dice que nosotros no pertenecemos a él y no debemos mezclarnos.
Mi hermano no es un clasista, más bien tiende a la sobreprotección y por eso se obsesiona con que no me meta en líos ni en lugares donde me puedan hacer sentir incómoda.
Para él, la fiesta inaugural del verano en el Club de Regatas de Nojin es un lugar potencialmente incómodo.
Para mí, si es que te lo preguntas, es todo lo contrario.
Te cuento por qué: resulta que en el pequeño pueblo costero en el que vivimos hay dos clases sociales muy diferenciadas.
La gente normal tirando a pobre, como nosotros.
Tenemos que trabajar hasta el día de nuestra jubilación si queremos tener un techo bajo el que vivir.
Y después están los magnates poderosos, que tienen la vida resuelta y se pueden permitir limpiarse el culo con billetes por valor de lo que gano yo en una semana de trabajo.
Antes no era así; el pueblo cambió cuando, en la colina, se instauraron dos universidades de lujo.
Una está enfocada a deportes del mundo del motor y la otra a deportes de hielo.
La gente rica manda a sus hijos a estudiar aquí.
Es algo así como el Gossip Girl de los deportistas y de toda la esfera de ese deporte.
Niños ricos o niños becados que quieren ser ricos el día de mañana.
Bir pertenece a ese mundo, es rico de cuna. Su padre es uno de los hombres más ricos del mundo, y estudia periodismo en el DRS. Es decir, es el combo perfecto para que no tenga nada que ver conmigo.
Puede llevar a un acompañante a la gala y a la posterior fiesta y… ¿a que no sabes a quién ha añadido a la lista? Exacto, a mí. Le envié un WhatsApp después de hablar con mi hermano.
Carley:
Necesito tu ayuda y una invitación para beber gratis.
Bir:
Mañana tengo el plan perfecto. Solo tienes que ser la chica que combina con el chico más guapo de la fiesta.
Carley:
Eso está hecho. A las nueve nos vemos en el club.
Bir:
No lo dudaba, pequeña Throw.
Así de fácil.
En realidad, las conversaciones con Bir siempre son así de sencillas. Es mi hermano quien nos las complica.
No tengo un vestido de miles de euros esperando en el armario, pero sí mi conjunto negro matador que, con unos pendientes de brillantes, me hace parecer la mujer más sexy y elegante. Sin ser yo nada de eso, por supuesto.
Y los tacones. La clave está en los tacones.
Son de segunda mano, pero eso no lo sabe nadie. Los compré en el mercadillo por menos de veinte euros.
El Club de Regatas de Nojin está ubicado sobre la playa principal.
Es parte del acantilado, por eso tiene esa fachada y estructura tan características.
En una de mis rondas para intentar ser camarera aquí, me dijeron que no daba el perfil y que era mejor que no lo volviera a intentar.
Nunca quise saber el motivo, porque, de haberlo sabido, primero hubiera quemado el local y luego hubiese entrado en depresión durante unos meses.
Odio que los demás no me entiendan y yo no los entienda a ellos.
¿Tiene algo de sentido? Creo que no, pero lo percibo de ese modo.
La puerta es tan grande que la única similitud que puedes hacer es con la de un palacio. Tengo la suerte de no cruzarla sola, Bir me está esperando con una sonrisa ladina.
—Tu madre te ha enseñado bien, Bired. A las mujeres se las espera en la entrada.
Rueda los ojos y se muerde el labio con chulería.
—Mejor no hacerle caso a mi madre sobre las mujeres, ¿no crees?
—Estás increíblemente irresistible.
Al decirlo también acepto colgarme de su brazo para entrar a la fiesta. Me gusta que Bir no se sienta cohibido por expresar que le gusta vivir la vida como le da la gana. Es un golfo y todo el mundo lo sabe. Un encantador de serpientes, como yo le digo.
Si fuera un hombre, sería mi bro.
—Puedo decir exactamente lo mismo de ti. No he tenido una acompañante tan guapa desde…
—¡Nunca! —decimos los dos al unísono. Al sonreír, nuestras cabezas se juntan, dejando que nuestras frentes choquen ligeramente.
—Señor Arwan y acompañante, bienvenidos. Pueden disfrutar del cátering en el salón principal.
Bir asiente, está muy acostumbrado a este tipo de código.
—Recuerda que solo he aceptado acudir a la gala previa para comer como una cerda.
—Y tú recuerda que no te vea mi madre y podrás engullir lo que te dé la gana.
Empiezo yo chocando la mano y él apretando mi muñeca. Es una especie de saludo que iniciamos cuando queríamos cabrear a Stefan, pero no podíamos decirlo en voz alta.
—¿A qué hora puede empezar el desfase? —El club tiene una parte secreta en la que solo algunos socios pueden entrar.
Por supuesto, Bir está entre ellos. Ahí es donde se dan las buenas fiestas.
Incluso tiran fuegos artificiales y hacen una hoguera.
Pienso saltarla esta noche para atraer la buena suerte.
—Dos horas y seremos libres.
—Suena bien.
Lo digo poco convencida y él lo nota. Deja por un segundo el juego canalla que tenemos y me mira a los ojos. Lo hace de verdad.
—Stefan me ha dicho lo de Rina. Ya sabes mi opinión, no voy a decirte lo que quieres escuchar.
—Era buena amiga.
—No la que merecías, Carley. Rina es narcisista y, en cuanto empezaste a volar por tu cuenta y no consiguió manipularte, te tiró a la basura.
—Gracias por ser tan duro y cruel.
—Empatizo con los corazones rotos de forma innecesaria.
—A ti no te han roto el corazón en tu vida.
¿Alguien ha visto a este chico bien? Rubio, casi dos metros de altura, unos músculos de escándalo y una sonrisa con dientes perfectos.
Y, sí, amiga, tiene unas manos grandes con las que sueño en mis días de ovulación, pero eso a él no se lo comento.